A nadie le importa

Eduardo Brizio

Me parece que el caso de la Secretaría de Educación Pública (SEP) quedaría como anillo al dedo para la analogía que pretendo establecer esta ocasión con la H. Comisión de Árbitros.

Desafortunadamente, en este México nuestro muchas de las decisiones que se toman a nivel gubernamental y deportivo responden más a intereses políticos y al “cuatachismo”, que a la racionalidad y al beneficio colectivo.

Ahí tenemos, por ejemplo, los “enroques” que se han realizado tanto en el gabinete presidencial, como en la FMF, reacomodando las fichas, importando un bledo que no sean expertos en la materia, priorizando que los amigos tomen un lugar en el arrancadero, “la misma gata, nada más que revolcada”.

Me parece que el caso de la Secretaría de Educación Pública (SEP) quedaría como anillo al dedo para la analogía que pretendo establecer esta ocasión con la H. Comisión de Árbitros.

Para la SEP se antojaría un intelectual, un hombre (o mujer) culto, con sólida formación académica, vocación por la docencia y conocimientos en pedagogía, con una estrategia para sacar a flote la reforma educativa, que fuera capaz de emular a un José Vasconcelos o a un Justo Sierra.

En cambio, nombraron a un político: Aurelio Nuño Mayer, quien se desempeñaba como jefe de la oficina de la Presidencia; estudió administración pública en la Ibero y no tiene antecedentes en materia educativa al igual que muchos otros que le antecedieron: Chuayffet, Lujambio, Vázquez Mota, Tamez, Bartlett y Zedillo, por mencionar unos cuantos.

El caso de la Comisión de Árbitros es similar. Se antojaría un profesionista, ex silbante, con amplios conocimientos de la regla de juego, con la suficiente experiencia para solventar la problemática que enfrentan los hombres de negro y con la capacidad para formar elementos que vengan a nutrir las desgastadas filas de los jueces mexicanos, alguien que les enseñara la aplicación de la regla de juego y a utilizar los recursos arbitrales; que les ayudara a recuperar la mística y la autoestima. Alguien capaz de emular a un Alfonso González Archundia o a un Mario Rubio.

En cambio, a pesar de que el propio estatuto de la FMF señala que “los dirigentes e integrantes de la Comisión de Árbitros deben tener conocimientos en materia arbitral”, nombraron a Héctor González Iñárritu, quien se desempeñaba como director de Selecciones Nacionales (gente decente, pero neófito en la materia) al igual que otros que lo antecedieron como Rafael Mancilla y Aarón Padilla.

Ya son más de 10 años en los que los yerros arbitrales se han multiplicado, tanto así, que ya nos acostumbramos y me da la impresión de que ya... a nadie le importa.

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