Política de seguridad coordinada

Editorial EL UNIVERSAL

Los esfuerzos aislados en materia de seguridad han demostrado ser ineficaces para combatir la delincuencia a nivel nacional. Si bien estas tácticas suelen tener un impacto inmediato en los estados donde se aplican, a largo plazo se observa el repunte en las cifras de la criminalidad. Entonces, ¿cuál puede ser la estrategia a seguir?

Sin duda debe existir una coordinación planeada entre los tres niveles de gobierno para que los esfuerzos que cada uno acometa vayan encaminados a objetivos concretos y comunes. De nada sirve apuntalar los estados con fuerzas federales si las policías locales no están preparadas de manera adecuada para recibir la estafeta del combate al crimen. Para ello, debe existir una depuración, tan prometida pero tan aplazada, de los órganos de seguridad locales.

Aunado a ello, las políticas de seguridad ven derrumbados sus logros cuando algún cambio de gobierno se avecina. No resulta útil gestar un excelente proyecto anticrimen si sus miras no están proyectadas a largo plazo. Si existe una verdadera voluntad política de combate a la inseguridad se necesita un trabajo coordinado entre gobierno, ya sea local o federal, entrante y saliente. La continuidad en estos planes determinará su éxito o fracaso.

Se impone como fundamental el contemplar el fenómeno de la inseguridad desde diferentes miras, pues es un problema multifactorial cuya solución dista mucho de ser sencilla. Combatir la precarización se erige como uno de los retos más importantes, por ejemplo. Al abrir y consolidar fuentes de trabajo el gobierno podría arrebatarle muchos jóvenes al crimen organizado.

La educación, el deporte, la ciencia, las artes, los incentivos a la producción agrícola, son todas herramientas que los gobiernos locales tienen a su disposición para implementar medidas integrales que ataquen el problema de la inseguridad, no enfocándose únicamente en el combate a los grupos delincuenciales.

Es también importante que se coadyuve al trabajo de las instituciones de seguridad, apoyando a vislumbrar políticas y acciones conjuntas que puedan mejorar esta situación, por lo que esfuerzos como la Mesa de Análisis: Seguridad en México, Los Desafíos del siglo XXI, organizada por EL UNIVERSAL, vienen a sumar en este sentido.

La percepción de inseguridad se acerca ya a niveles alarmantes. Y es que tan sólo en el mes de septiembre se tiene reportados 2 mil 187 víctimas de homicidios doloso, la cifra más alta desde enero de 2014. Los ciudadanos observan que los discursos y políticas implementadas no redundan en seguridad. Es necesario un replanteamiento del problema de la seguridad en nuestro país. Así lo exige la sociedad.

 

 

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