A 80 años de los Niños de Morelia

Ángel Gilberto Adame

La Guerra Civil española no sólo enfrentó dos perspectivas ideológicas, también extendió su amenaza en contra de la población civil. La sombra de las purgas recorrió la península a lo largo del conflicto. Cuando el franquismo comenzó a imponerse, el presidente Azaña buscó refugio para los grupos vulnerables que le eran afines.

Uno de los poquísimos países que mostró su solidaridad fue México, entonces gobernado por Lázaro Cárdenas, quien aprobó la iniciativa de dar asilo a 456 niños españoles en 1937. El proyecto estuvo a cargo de la primera dama Amalia Solórzano y de María de los Ángeles Azcárate de Chávez Orozco, fundadoras del Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español. Así lo reconoció Cárdenas en sus apuntes, al referir que la idea fue concebida por “un grupo de mexicanas que entienden cómo debe hacerse patria y que consideraron que el esfuerzo que debería hacer México para aliviar la situación de millares de huérfanos no debía detenerse ante las dificultades que se presentasen. […] México no pide nada por este acto; únicamente establece un precedente de lo que debe hacerse con los pueblos hermanos cuando atraviesan por situaciones difíciles como acontece hoy a España”.

Emeterio Payá Valera, uno de los infantes que formó parte de los refugiados, escribió en sus memorias que la propaganda política hizo creer que el grupo estaba integrado exclusivamente por huérfanos de guerra, sin embargo, muchos viajaron por solicitud de sus padres, que prefirieron separarse de ellos antes que verlos padecer el infierno del hambre y la persecución.

El 17 de mayo de 1937 partió desde Barcelona un convoy con rumbo a la frontera con Francia, entre sollozos de familiares que albergaban la esperanza de recuperar a los suyos al fin de las hostilidades. Luego de unos días de alojamiento en Burdeos abordaron el “Mexique”, vapor que los trasladaría a Veracruz.

Tras una breve escala en Cuba, en la cual no tuvieron permitido el desembarco, siguieron su trayecto hacia las costas mexicanas. El recibimiento en el puerto fue tumultuario y muy emotivo. Arengas, obsequios, y hasta algunos piropos se escucharon aquella tarde. Luego de la calurosa bienvenida, los “niños españoles” abordaron un tren con rumbo a la Ciudad de México. Ahí conocieron a Cárdenas en un evento que puso en relieve la magnitud de la tragedia que habían vivido. A mitad de los festejos, un avión despegó con el propósito de arrojar publicidad a la concurrencia. En cuanto los refugiados oyeron el sonido del motor reaccionaron arrojándose al piso, lo que provocó el estupor de los presentes. Luego, partieron a la última etapa de su travesía, la que los llevaría a Morelia, donde residirían y continuarían sus estudios.

Entre las adversidades que las autoridades de ambas naciones debieron sortear estuvo la de determinar un plazo de estancia para los menores, así como la concerniente a la revalidación académica. Lo cierto es que, llegado el momento de acoger a los exiliados, hubo que lidiar con muchos aspectos que en un principio no se contemplaron: las edades eran tan dispares que resultaba muy difícil disciplinarlos. También había discrepancias entre los usos y costumbres. Payá Valera comentó que hubo enfrentamientos a causa de la arraigada religiosidad de los morelianos: “En aquel entonces, en que en España el clero había tomado parte tan activa en contra de la República española, los niños no habíamos quedado al margen del ambiente de hostilidad hacia a la Iglesia católica y Morelia, en este sentido, era lo menos apropiado para hospedarnos en ella”.

Han transcurrido 80 años del arribo de los “Niños de Morelia”, quienes marcaron un parteaguas para otros de sus compatriotas que habrían de seguir sus pasos. Muchos de ellos decidieron hacer vida en México e influyeron en los ámbitos intelectuales, algunos volvieron a España una vez que falleció Franco, y los menos se trasladaron a otras latitudes. Sin embargo, la empatía mostrada por el pueblo mexicano es una de las huellas indelebles que lustran nuestro prestigio en el marco de las relaciones internacionales.

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