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¿Iniciar el año con deudas o con dinero?

Varias personas acostumbran acudir a las casas de empeño a principios de año para poder paliar los gastos de la llamada cuesta de enero. En el empeño encuentran una forma de no quedarse sin fondos
04/01/2017
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Texto: Xochiketzalli Rosas

Fotos actuales: Mario Caballero

Diseño web: Miguel Ángel Garnica

Compara el antes y después deslizando la barra central (ABRIR MÁS GRANDE)

“Iniciar el año endeudado quizá no es el mejor comienzo, dirán algunos, pero es la única forma en que lo he iniciado desde hace 10 años”, dice Carmina mientras espera su turno para empeñar dos dijes y un anillo en la casa matriz del Monte de Piedad en el centro de la Ciudad de México.

Esta ama de casa, cada dos o tres de enero, se presenta en el inmueble de Plaza de la Constitución a intercambiar sus alhajas por dinero. Porque “la cuesta de enero está dura y necesito recursos para los Reyes Magos y los útiles”, remata la mujer que tiene 50 turnos antes que ella.

Ya no hay filas enormes e interminables como antes, ahora todo se ha modernizado y a los pignorantes (forma en que son llamadas las personas que empeñan algún objeto —conocido como prenda— en una casa de empeño) se les ha dado una tarjeta que los identifica como clientes y que deben pasar por los lectores de código de barras que se encuentran en las entradas de las sucursales para que se les asigne su turno según la operación que vayan a realizar: empeño, refrendo, desempeño, entrega de prenda.

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Aspectos del interior del Monte de Piedad en los años 60, cuando se hacían filar enormes de pignorantes.

Con el trozo de papel en la mano con su turno, el pignorante debe pasar a la sala correspondiente: la primera sala, los que van a pagar su préstamo o solicitar un refrendo (prórroga para pagar, la cual consiste en pagar los intereses generados antes de la fecha límite de pago, cada cinco meses y sólo en tres ocasiones) o a desempeñar; en la segunda sala, los que van a pasar con un valuador para que les cotice el precio de su objeto. Así, si el dinero ofrecido por la prenda convence al pignorante, éste firma el recibo donde se estipulan los pagos (libres o a 20 meses, según se elija), después se le entrega el dinero en efectivo.

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En el Monte de Piedad se pueden empeñar joyas, relojes, herramientas, electrónicos, equipos de cómputo, celulares, bicicletas, motocicletas y hasta tu auto. Además, puedes comprar las prendas que la casa de empeño pone a la venta.

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Aspectos de algunos de los almacenes del Monte de Piedad en la década de los años 60, donde por un tiempo se reguardan las prendas de los pignorantes. Después se ponen a la venta y se genera la “demasía”: dinero que se debe entregar al propietario cuando los artículos son vendidos por un precio mayor al préstamo y los intereses que se generaron.

En un recorrido realizado por EL UNIVERSAL en la casa matriz del Monte de Piedad, los últimos días de 2016 y los primeros de 2017 se pudo constatar que el número de personas que acudieron a empeñar aumentó significativamente en los primero días del año nuevo. Tanto las salas de refrendo y pago, como la de empeño tenían mayor afluencia, a pesar de que empleados del lugar refirieron que en otros años había habido más afluencia de personas.

“Quizá se deba a que este recinto lo están remodelando, ya lleva dos años así y no sabemos cuándo terminen; entonces la gente prefiere ir a otras sucursales, donde también se puede empeñar más objetos que solo joyería y relojes”, dijo una empleada.  Y es que la casa matriz antes aceptaba todo tipo de objetos, pero desde la remodelación sólo los mencionados por la empleada.

Así, los pasillos de este recinto se llenan, en su mayoría, de mujeres de diferente edades acompañadas de infantes.

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Los pignorantes muchas veces llevaban a empeñar objetos tan curiosos como una máquina de coser o un microscopio. En la actualidad, en su mayoría, empeñan joyería.

El mejor trato

El préstamo de dinero a través del empeño en casas dedicadas a este fin tiene sus orígenes en 1774, cuando el conde de Regla Don Pedro Romero de Terreros, quien era dueño de las grandes minas de Real del Monte cerca de Pachuca, con una dotación de 300 mil pesos fundó el Monte de Piedad. No sin antes contar con la aprobación de la Corona Española. Así el 25 de febrero de 1775 se abrieron las puertas de esta institución de asistencia privada.

En sus inicios no se cobraban intereses a los préstamos, pues el objetivo era proteger a la gente de los prestamistas; sin embargo, como la gratitud de los pignorantes no se materializaba se inició con el cobro de una tasa nominal de interés, el cual al no ser pagado se ponía a la venta la prenda, como ocurre en la actualidad.

Esta institución se estableció primero en el antiguo colegio de San Pedro y Pablo, luego fue trasladada a la calle de San Juan de Letrán y en 1893 al edificio erigido especialmente para el Monte de Piedad en la calle del Empedradillo, enfrente y justo al oeste de la Catedral Metropolitana; donde alguna vez estuvo uno de los palacios de Hernán Cortés.

En la actualidad el Nacional Monte de Piedad cuenta con más de 310 sucursales en todo el país. Además de que en 1931 creó el Instituto de Valuadores en respuesta a la alta demanda de los servicios de esta casa de empeño. El objetivo era contar con profesionales certificados para evaluar el valor de las prendas de las personas.

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Imagen de los años 50, donde se puede ver cómo los valuadores inspeccionaban los artículos que las personas llevan a empeñar en el Monte de Piedad.

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En la actualidad, los valuadores atienden a los pignorantes detrás de una vitrina donde revisan las prendas que llevan a empeñar.

En 2014, Nacional Monte de Piedad lanza un nuevo esquema de pago llamado “Pagos Libres”, en el cual el pignorante puede abonar a su deuda cuando quiera, lo quiera.

¿La felicidad?

Carmina sale del Monte de Piedad después de una hora y media de espera. El anillo no le fue aceptado; no era de oro, le dijeron. Y por los dos dijes le dieron mil pesos. No es mucho, dice la mujer, “pero de algo ha de servir”. Espera poder pagarlos antes de los cinco meses del primer plazo.

En la calle, se despide con una sonrisa del hombre que horas atrás le preguntó al oído si vendía algo. El hombre de cabello cano que le dice adiós guiñándole el ojo es llamado Rober y es un “coyote” (como se le nombra a las personas que ofrecen comprar las prendas de los pignorantes a las afueras de las casas de empeño; muchas veces a precios menores).

Rober dice que, la verdad, a veces conviene que la gente empeñe y otras que venda sus objetos. “Los dos lados son confiables y no. Uno debe estar al tiro al momento de empeñar sus pertenencias, sobre todo saber si lo que le ofrecen es lo justo, si podrá pagar el préstamo, o si le conviene venderlo. Depende del cariño que se le tenga al objeto”, dice el hombre que pasa horas a las afueras del Monte de Piedad a la espera de quien quiera venderle sus objetos de valor.  Al tanteo y por la marca determina el valor de la prenda, a diferencia de los valuadores de la casa de empeño que aplican químicos para determinar la autenticidad de las piezas de joyería.

Por eso, Carmina no quiso vender sus alhajas con Rober. “Al empeñarlas puedo recuperarlas y empeñarlas de nuevo las veces que quiera, al venderlas es un solo pago y san se acabó”, dice sonriente la mujer y remata:

“Quizá se pueda pensar que uno se está endeudando, pero en realidad uno está teniendo dinero”.

Fotos antiguas: Archivo EL UNIVERSAL.

Fuentes: Libro Campbell´s New Revisen complete guide and book of Mexico, Chicago, 1904, visita y entrevistas en la casa matriz del Nacional Monte Piedad. 

mochilazo
Carlos Villasana y Angélica Navarrete

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