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Los calendarios que no envejecen

El día de hoy usted quitará la última hoja de su calendario. Si aún no tiene remplazo, los de Jesús Helguera son una gran opción para engalanar su hogar y preservar las tradiciones
31/12/2016
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Texto: Mauricio Mejía Castillo
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
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“Mi padre tuvo la visión de que estos calendarios no iban a pasar de moda”, dice a EL UNIVERSAL, Mauro Fuentes, voceador del puesto de periódicos “La Chulita”. Fundado en 1919 y establecido desde entonces en la esquina de las calles Tacuba y Filomeno Mata, en el centro de la capital, “La Chulita” llama la atención de los paseantes por las decenas de imágenes que tapizan sus paredes de lámina.

Hermosas Manolas con matilla y abanico, charros llevando serenata, rancheras a caballo, mujeres con jícaras michoacanas, toreros garbosos o en su lecho de muerte, lo mismo que una alegoría de la Patria guiando a niños, se acomodan para ofrecer a la vista un caleidoscopio nacionalista que enmarca el Palacio de Minería. Estas ilustraciones son apenas un pretexto para insertar bajo ellas seis hojas marcadas con los doce meses del año. Una firma se repite en casi todos los cromos: Jesús Helguera.

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En los meses de diciembre y enero, “La Chulita” se caracteriza por combinar su venta de periódicos y revistas con los tradicionales calendarios
Don Mauro recuerda cómo su puesto “La Chulita” empezó a ser famoso por vender esos calendarios. “A finales de los años 30 llegó mucho extranjero a México. Les llamaba mucho la atención estos [calendarios] que le regalaban a mi padre en los expendios de dulces y cigarros donde se surtía en la Merced. Se dio cuenta que era buen negocio el venderlos y empezó a comprar por rollos los calendarios. Los vendía a cuatro pesos o dos dólares”. Hoy cuestan 50 pesos cada uno, para mexicanos y extranjeros.

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Don Mauro era niño cuando su padre le dijo un día: “Ese que está ahí es Jesús Helguera”. Vestido con una yompa (bata de mezclilla, muy usada por pintores y escultores), el artífice del arte calendarístico estaba parado tras un grupo de personas que admiraban sus obras, colgadas en el muro frontal de la entonces Secretaría de Agricultura y Fomento. Nadie sabía que el autor estaba escuchando sus elogios. “Le gustaba saber lo que la gente decía de sus cuadros”.

El señor Fuentes explica que en aquella época, el calendario era una de las mejores propagandas que tenían las empresas. Por ello, contrataban pintores para que les hicieran imágenes para calendarios ex profeso.  Muchos artistas se hicieron famosos por estos trabajos. Eduardo Cataño, Jaime Sadurní, son algunos de los que recuerda el señor Fuentes, “pero Helguera fue el que más éxito tuvo y el que más ha perdurado”.

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Helguera

Jesús Helguera nació en la ciudad de Chihuahua en 1910. Hijo de español y mexicana, emigró a España cuando tenía siete años. Cursó sus estudios en la Academia de San Fernando, en Madrid. En esta capital  y en Barcelona empezó a trabajar como ilustrador, hasta que consiguió una plaza como profesor de artes plásticas en Bilbao. Regresó a México en 1938.

Su regreso coincidió con el esplendor del nacionalismo posrevolucionario. Lo que Fernando de Fuentes (director de películas como ¡Allá en el rancho grande!) hacía en el cine y Tito Guízar (compositor de Guadalajara) en la música, Helguera lo hizo en el arte calendarístico.

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La Leyenda de los volcanes y Amor Indio son los cromos que más vende don Mauro Fuentes. Incluso los ha visto en tatuajes de sus clientes
La exaltación del pasado indígena, en cuadros como La leyenda de los volcanes o Amor indio, donde se ve a Popocatépetl cargando con dolor y orgullo a su amada muerta; de las tradiciones, en Día de las madres en que una familia se reúne junto a la abuelita para celebrar el 10 de mayo; de la Historia en Hidalgo, en el que la Patria besa al cura anciano, quien ostenta el estandarte guadalupano; o de escenas cotidianas como En el tianguis, que muestra a una marchanta mordiendo el rebozo ante las palabras de un joven con sombrero y sarape, buscaban mostrar la identidad mexicana en los albores de la época de auge económico llamada el Milagro Mexicano.

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Lleno de simbolismo, Helguera representa en esta obra a la Patria besando las sienes de Miguel Hidalgo. A sus pies, las cadenas rotas por el cura
La doctora Olga Saénz, investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, dice en la revista electrónica Imágenes, de esta dependencia, a propósito del libro Jesús Helguera y su pintura, una reflexión, de Elia Espinosa:
“La doctrina estatal fue el nacionalismo revolucionario, pretendiendo con ello homogeneizar al país cuyo perfil era y sigue siendo multicultural y pluriétnico; un diseño de nación en donde el ‘otro’, el ‘distinto’, no tenía cabida dentro del discurso oficial. La promoción de los valores nacionales fue el medio para romper las diferencias políticas e impulsar la solidaridad y la aparente unidad social”.

Fue el momento a partir del cual el nacionalismo se fortaleció. La escuela recibía a la infancia con la exaltación de los héroes que participaron en la historia patria. Los temas patrióticos penetraban en lo profundo de la conciencia de la población. El terreno estaba fértil para recibir la iconografía helgueriana.

Helguera murió el 5 de diciembre de 1971 en Córdoba, Veracruz. Siempre como ilustrador de “La moderna”.

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Las tradiciones católicas como el bautizo fueron bien recibidas por la sociedad mexicana

Landín

En la actualidad, la única compañía con todos los derechos de reproducción de las pinturas de Jesús Helguera es Calendarios Landín. En entrevista con EL UNIVERSAL, el director de esta empresa, Julián Urquiza asegura que el pintor chihuahuense es el mayor exponente del arte calendarístico.

“De hecho fue tan importante, que la sala más grande del Museo del Calendario (MUCAL), está dedicada a él en exclusiva. El MUCAL, hasta donde sabemos, es el único Museo del Calendario en el mundo. Como parte de la exposición del maestro Helguera, se tienen algunas paletas, pinceles, etc., que utilizó él personalmente. También se tienen expuestos muchos calendarios de los años 40 en los que el cromo fue pintado por el Helguera. En la exposición de calendarios antiguos se revive la historia reciente de nuestro país y al visitarla se palpa la importancia que ha tenido en la cultura mexicana la tradición de regalar un calendario”.

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Los calendarios de Jesús Helguera siguen acompañando el diario vivir los mexicanos. EL UNIVERSAL realizó un sondeo para conocer la opinión actual sobre estos organizadores que cada año nos ayudan a administrar nuestro tiempo y compromisos. Dieciséis de las veinte personas entrevistadas  declararon conocerlos. La señora Elena Gutiérrez, de 59 años recuerda como a su mamá le regalaban los cromos helguerianos en una carnicería cerca de su casa en la colonia Narvarte.

Javier tiene 19 años y es un admirador del arte de estos calendarios. "Son tradiciones que debemos retomar". Rebeca, de 21, desconoce las pinceladas de del pintor chihuahuense, pero asegura que sí compraría uno de sus obras.

Doña María del Pilar Argüello, por su parte, resume en tres palabras lo que para México significan estos calendarios: son los clásicos.“Son los calendarios que más le gusta a la clientela, aproximadamente regalo entre doscientos y trescientos cada año, para mediados de diciembre ya no me queda ninguno”, dice a esta casa editorial Ángel Martínez, dueño del expendio de semillas y materias primas “La estrella”, ubicado en el barrio de la Merced, junto a la Central Molinera. La señora Rosa tiene un puesto de frutas y verduras en la misma zona. Alrededor de cincuenta son los calendarios que regala a sus clientes frecuentes ya que, dice, son los clásicos.

Como doña Rosa o don Ángel, cientos son los comerciantes que contribuyen a que no se pierda la tradición de los calendarios en México. Así, el trabajo de Jesús Helguera seguirá presente en las casas de los mexicanos. Ese pueblo, al que demostró su amor en cada pincelada.

 

Fuentes: Jesús Helguera, de http://calendarioslandin.com.mx/coleccion_helguera ; Idilios y modernidad en Jesús Helguera, de la doctora Olga Sáenz en Revista Electrónica Imágenes, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM; entrevistas para EL UNIVERSAL. 

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