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De catedral del espectáculo a hogar de indigentes

Antes desfilaban grandes artistas, hoy predominan el mal olor y la inseguridad
09/07/2016
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Texto y fotos actuales: Perla Miranda

Diseño web: Miguel Garnica

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Al caminar por la explanada del Teatro Blanquita, el hedor a orines y excremento pica la nariz, también se percibe un olor a mariguana y thinner. Ya no brillan las luces de la marquesina anunciando a artistas como Celia Cruz, Pérez Prado, Tongolele, Daniela Romo o Juan Gabriel, ahora a un costado del emblemático coloso se observa un sillón, lonas y cartones que sirven de “hogar” para un grupo de indigentes.

Primer acto: El Gran Teatro – Circo Orrin

El Circo Orrin estaba ubicado en la plaza Villamil donde años después se levantaría uno de los teatros más populares de la ciudad: El Blanquita.

En 1883, llegaron al país cuatro hermanos, ellos instalaron su Circo – Teatro, por primera vez en una plaza que estaba cerca de la catedral y el sagrario, después se mudaron a Santo Domingo. Más tarde, gracias al éxito que tenían, el ayuntamiento les otorgó un permiso para que construyeran la plazuela “Villamil” y el 8 de febrero de 1881 presentaron su espectáculo.

Alberto Orrin, bisnieto de Edward Walter Orrin, fundador del Circo Orrin relató a EL UNIVERSAL que este circo fue de los primeros en no usar una carpa para presentar su show, sino una estructura techada. Su bisabuelo mandó a construir un inmueble que pudiera brindarle a su público comodidad y diversión. Este predio contaba con caballerizas – tenían alrededor de 25 caballos y todos ellos tenían un nombre propio −. También instalaron baños que “siempre estaban limpios”  butacas confortables y un escenario impecable.

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En la primera imagen se observa el interior del Circo Orrín. En primer plano sillas de madera y al fondo gradas. En la segunda se aprecia el exterior del circo a fines del Siglo XIX, construcción con techo formal, no carpa. Colección Carlos Villasana

El lema de esta familia era: Labor omnia vincit, una frase en latín que significa “el trabajo todo lo vence”. 

El show del circo Orrin adquirió reconocimiento particularmente por el payaso Ricardo Bell “mi bisabuelo un día lo vio y pensó que tenía actitudes que harían a la gente reír” y así fue. De acuerdo con el libro “Seis siglos de historia gráfica de México” este clown de origen  inglés pronto se acopló al humor de los mexicanos y en febrero de 1896 fue multado con 500 pesos por haber lanzado un chiste muy subido de color, contra un espectador.

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Promoción del Payaso inglés Bell, la gran estrella del Circo Orrín, anunciando muchas novedades y día de broma. Imagen de Alberto Orrin

Alberto cuenta emocionado y orgulloso, que las calles de la colonia Roma llevan el nombre de varios estados por la gira que realizaba el Circo Orrin por toda la República: “Siempre había dos temporadas, una en la ciudad de México y otra que se realizaba en el mes de mayo por todo el país, viajaban a Guadalajara, Durango, Veracruz, Ciudad Juárez, Puebla, Monterrey, en fin, años después como mi bisabuelo fue fundador de la colonia Roma, pues en honor a su circo le pusieron a las calles los nombres de los estados que recorrió la empresa”.  

A pesar de que el espectáculo tenía mucho éxito “mi bisabuelo decidió cerrarlo, yo creo que ya estaba cansado y su economía ya estaba consolidada”. En marzo de 1910 cuando la ciudad de México estaba cambiando, el circo “fue desmontado y trasladado a Tampico, ahí permaneció muchos años hasta que finalmente fue demolido” contó Alberto Orrin.

Él nunca tuvo la fortuna de asistir a una función en el Teatro Blanquita, pero aseguró que alguna ocasión al caminar por el lugar sintió que estaba en peligro: “la zona está muy fea, sí he ido para conocerlo, y vi que atrás del teatro hay un mercado muy bonito, pienso que en el terreno puede haber restos del circo, pero de eso me quedé con la duda.

Segundo acto: La carpa Margo  Su

Margarita Su López, era actriz y escritora, ella compró el terreno donde estuvo el Circo Orrin, −espacio que había permanecido abandonado por más de tres décadas−. Hasta que en el año de 1949 lo convirtió en el Teatro – Salón Margo mejor conocido como la Carpa Margo Su.

Para construir este salón la intérprete y su esposo Félix Cervantes, invirtieron 10 mil pesos que habían ganado con un boleto de lotería. Una de las personalidades que debutaría para después brillar en el escenario de este lugar fue la artista María Victoria, a finales de los años cuarenta. Por esta razón, más tarde se construyó una estatua de la “sirena mexicana” en la explanada del teatro.

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Fotografía del Archivo de EL UNIVERSAL de la joven cantante María Victoria

Es medio día, los rayos del sol golpean la piel y le dan un tono rojizo. Con algo de bochorno llegamos a la calle de Mina que se encuentra a un costado de este coloso. En una esquina se encuentra un señor vestido con una sudadera roja, pantalón y gorra azul marino, para aminorar lo asfixiante del clima degusta una paleta de hielo sabor guayaba. Se trata de Ismael Oropeza Calderón, alias el Flaco, quien lleva casi sesenta años cuidando carros en este lugar.

Él empezó a trabajar desde los ocho años como “acomodador de coches”, a las afueras de la Carpa Margo Su. Dice que en sus mejores años conoció a grandes actores “me acuerdo que aquí pasaba Emilio Tuero, él era uno de los galanes de aquella época”.

Este hombre que en su casa conserva fotografías en las que luce acompañado de la Sonora Santanera, José Alfredo Jiménez, Pérez Prado y demás estrellas dijo a EL UNIVERSAL que en ese tiempo el teatro siempre se llenaba, que a las 12 del día iniciaba la romería y era un ambiente muy familiar. “Lamentablemente, nunca se fueron los indigentes y le dan un mal aspecto a la zona”.

Tercer acto: Esplendor y decadencia del Teatro Blanquita  

“Hoy tres colosales funciones: Teatro Blanquita presenta a Libertad Lamarque” reza un anuncio publicado en las páginas de El Gran Diario de México, la fecha: 27 de agosto de 1960.

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Luego de que en 1958 el salón Margo Su fue demolido, los esposos Margo y Félix decidieron levantar un nuevo centro de espectáculos. Dos años tardarían en lograr su sueño y la cereza del pastel fue el nombre Teatro Blanquita, en honor a su hija Blanca Eva Cervantes.

Por la duela de este escenario transitaron artistas como La Sonora Matancera, Pepe Jara, Angélica María, Marco Antonio Muñiz, Carmen Salinas, Chabelo y Cepillin entre otros.

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Exterior del Teatro Blanquita en 1994 donde se aprecia un ambiente familiar. En la Cartelera se anunciaba un espectáculo para niños de Capulina y Cepillín

Este coliseo se convirtió en uno de los más populares y visitados. Margo Su, abandonó la administración del recinto en la década de los 90 y fue durante la gestión de Camacho Solís en el ex Distrito Federal que se buscó darle un “segundo aire” al Blanquita con una remodelación interna.

En entrevista Darío de León, empresario que estuvo por más de 20 años a cargo del inmueble contó a esta casa editorial que en los inicios de 1990 tenía dos socios, Rodolfo Ayala y Alejandro Soberon y en conjunto con Ocesa y el gobierno de la ciudad se inició el rescate de este inmueble.

“El Blanquita fue muy exitoso en los años sesenta, setenta y parte de los ochenta, desfilaron por el proscenio Juan Gabriel, Lucha Villa, Lola Beltrán, todas figuras grandotas, pero con la televisión en específico en el programa Siempre en Domingo el artista deja de formarse en el teatro, pues creyeron que la pantalla les daría mayor prestigio”.

En este recinto caben 1940 personas y De León afirmó que para los artistas que podían llenar lugares como el Auditorio, el Metropolitan o el Palacio de los Deportes, ya no era redituable presentarse allí.

Cuando Darío llegó al teatro, se le hizo una inversión muy grande, “gastamos arriba del millón de dólares” se cambió mobiliario del lobby, se remodelaron camerinos, todo el interior del teatro fue remodelado.

En busca de llenos totales y como uno de sus mejores recuerdos al frente de este teatro, Darío de León relató que en los 90 presentó una temporada con Vicente Fernández, pues el cantante le tenía mucho cariño a ese escenario y “ahí por primera vez subimos a Alejandro Fernández para que cantará con su papá”.

Otro de los éxitos que presenció este empresario fue la obra Aventurera a cargo de Carmen Salinas y protagonizada por Edith González, Jorge Salinas y Eduardo Santamarina. Con esta puesta en escena el teatro no cerraba ni un solo día “ni en navidad o año nuevo”.

Lamentablemente durante los últimos dos años el centro de espectáculos ya no generaba ganancias “entonces hablamos con la dueña y decidimos entregárselo” dijo Darío de León.

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Aspecto de la obra Aventurera de gran éxito en el Teatro Blanquita, en este caso con la actriz Edith González

Epílogo: La indigencia ahuyentó al público

Además de las pérdidas, otro problema para este promotor es la indigencia que prevalece afuera del lugar. “Nosotros siempre tuvimos una lucha con las autoridades porque sacaran a los indigentes de ahí, pero no nos hicieron caso, lógicamente eso ahuyenta a la gente”.

Durante un recorrido a este predio, se observó una explanada vacía. Enfrente de las taquillas del Blanquita, un perro estaba echado sobre cartones y a un lado un oso de peluche amarrado a las rejas del recinto. Lonas amontonadas y una caja con excremento son parte del paisaje cotidiano del que fue un gran teatro.

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Hoy el mal olor y la presencia de indigentes es lo que predomina a las afueras del teatro

Personas en situación de calle deambulan por la zona, para los vecinos y comerciantes del lugar es un escenario común, pero no por ello agradable. “Pues cómo se van a ir de aquí si con un programa del gobierno les vienen a dar comida, ahorita ya se acabó la ayuda, pero no faltan los que les traen comida o ropa y el que se tiene que aguantar es uno” comentó con molestia un comerciante.

Este vendedor, quien no reveló su nombre por temor a represalias, relató que tiene que gastar en productos de limpieza porque el olor a orines es insoportable y que incluso las autoridades le han dicho que se mantenga en paz con los indigentes porque él lleva las de perder “yo no digo que no tengan derechos, pero ¿y los míos? La gente ya no se para por aquí, si antes ganaba 1000 pesos al día ahora mis entradas van de 20 a 80 pesos diarios, no más”.

Hace apenas una semana, en la marquesina del teatro aún se leía “Víctimas del Doctor Cerebro, 31 de octubre de 2015” ahora ya está desnuda. En efecto, está banda de rock originaria de Ciudad Nezahualcóyotl fue la última que dio un show a los espectadores del Blanquita. 

El Chipotle, fundador y saxofonista de esta banda, contó a EL UNIVERSAL un poco de su experiencia: “La gente no sabía que sería el último espectáculo en el Blanquita, ni nosotros, sino, nos habríamos puesto hasta las chanclas”.

Las Víctimas nunca se habían presentado en el emblemático sitio, fue su debut y despedida “buscamos un lugar icónico para celebrar nuestro 26 aniversario y qué mejor que un teatro tan importante para los mexicanos” -dijo el Rey del Saxofón- quien afirmó que durante su presentación la gente estuvo animada.

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Último concierto en el Teatro Blanquita a cargo de Las Víctimas del Doctor Cerebro, en octubre de 2015. Foto cortesía del grupo VCD

Como espectador recuerda “las noches en que vi a la Santanera o María Victoria” también presenció el show de Tongolele, “fueron personalidades que le dieron gran nombre al teatro, por eso es de los más populares del país”. Con tristeza dijo que es una lástima que un escenario tan grande haya sido cerrado, pero entiende que a veces no se puede ir contra corriente “yo creo que son dos cuestiones, primero lo caro que es mantener un lugar así y también la gente de la calle que está afuera, pues espanta al público, yo creo no pudieron quitarlos, no sé, es muy triste”.  

El futuro del Blanquita es incierto, desde su cierre se ha hablado de que se vendería el predio para construir departamentos o una plaza comercial,  Darío de León comentó sobre “algunas negociaciones que se están haciendo con el delegado de la Cuauhtémoc” pero aún no se concreta nada.

El promotor dio voz a Blanca Eva Cervantes, dueña del inmueble, “aunque a ella no le gusta dar declaraciones, es un hecho que quiere conservar este teatro, fue un regalo de sus padres, para ella tiene un valor sentimental muy importante”.

Ocho meses han pasado desde aquel 31 de octubre, por las noches el Teatro Blanquita se pierde en la oscuridad. Ya no destellan las bombillas de la marquesina, sólo retumban los ecos de la última canción que resonó en su interior: “y suena y suena y suena mi esqueleto, y suena  y suena y suena al bailar…”. 

 

Fotos antiguas: Colección Carlos Villasana, cortesías de Alberto Orrin y Archivo fotográfico de EL UNIVERSAL

Fuentes: Testimonios de Alberto Orrin, Darío de León, Integrantes de la banda Víctimas del Doctor Cerebro, acomodador de coches Ismael Oropeza y comerciante Consulta de tomo Seis siglos de historia gráfica de México, Gustavo Casasola