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¿Una luz de esperanza?

Sara Sefchovich

Durante más de dos décadas, he dicho en este espacio de EL UNIVERSAL, en libros, en los medios y en conferencias, que nuestra mayor tragedia es que los ciudadanos le importamos muy poco a los funcionarios, que tenemos un gobierno omiso de sus obligaciones y responsabilidades con nosotros.

Pero también he dicho que mientras los ciudadanos no participemos activamente en exigir nuestros derechos y en también cumplir con nuestras responsabilidades, esto no va a cambiar.

En lo primero todos están de acuerdo. Lo segundo, lo aceptan muy pocos.

Pues bien: esta es una historia que demuestra que lo que digo tiene sentido.

Sabemos lo que ha venido sucediendo en la carretera México-Querétaro, que desde hace meses está en obras y en la que hay asaltos, secuestros, violaciones y hasta muertos, sin que las autoridades hagan nada para evitarlo.

El 7 de junio pasado, Rosa Margarita Ortiz Macías fue violada en un autobús de pasajeros. Pero ella, a diferencia de todos los demás, decidió denunciar.

Su viacrucis para pedir justicia ha sido todo lo terrible que son en México ese tipo de situaciones: tener que ir de un lado a otro para levantar, ampliar y ratificar la denuncia. Una mujer violada y golpeada tuvo que ir de San Luis Potosí al Estado de México y a la capital de la República para entrevistarse con este y aquel funcionario, que le prometen el oro y el moro, pero no resuelven las cosas.

Al mismo tiempo, sin tener nada que ver con ella, un joven periodista honesto de nombre Juan Manuel Villalobos, que horrorizado con lo que está pasando, publicó un artículo señalando los peligros en esa y otras carreteras del país, denunciando el descuido en las obras, la pésima señalización y el desinterés en ayudar a los ciudadanos, lo que permite a los delincuentes asaltar y tomarse todo el tiempo del mundo para “desayunar y cenar con sus víctimas”, ya que no hay vigilancia.

A su artículo respondió, cómo no, la encargada de comunicación social de Caminos y Puentes Federales de Ingresos, la empresa que se encarga de administrar las carreteras y cobrarnos peaje con promesa de que eso nos da protección.

La carta es, cómo no, el deslinde de responsabilidad en el asunto (nosotros no hacemos las obras, es Banobras). Y luego todavía se atreve a lanzar el siguiente discurso: “Existe una estrecha coordinación con la Policía Federal, la que realiza labores periódicas de patrullaje, para la prevención y atención de incidentes. Desde el inicio de esta administración, Capufe incorporó a la seguridad vial como uno de sus objetivos institucionales. En este sentido, todas las acciones implementadas en la autopista México-Querétaro han contribuido a que el 99.99%, de los más de 68 millones de usuarios que la transitan al año, lleguen con bien a su destino”.

Increíble. El bla bla de esa señora está fechado ocho días después de que habían violado a la señora Ortiz, 15 después de que habían asaltado un camión escolar, y una semana antes de que se repitiera de manera idéntica el asalto y la violación en un autobús de pasajeros.

Otros funcionarios de mayor rango, simplemente callaron. La empresa de autobuses primero negó los hechos y luego sacó un tibio comunicado en el que no se comprometió a nada. Un caso más entre tantos, que ellos confiaron en que acabaría en el olvido.

Pero no. Ortiz y Villalobos no quitaron el dedo del renglón. Y su insistencia tuvo efecto. Ahora nos avisan que van a poner vigilancia en esa carretera. Ojalá no sea solamente el discurso y la foto de los funcionarios federal y local sonrientes, algo que también sucede con demasiada frecuencia.

Pero por lo pronto, estos valientes ciudadanos han mostrado lo que puede significar la acción de cada uno de nosotros. Aunque la mayoría sigue callando y no denuncian, esta mujer que se atrevió y este periodista que sintió el deber de intervenir horadaron el muro de la indiferencia.

Escritora e investigadora en la UNAM
[email protected]
www.sarasefchovich.c om

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