La identidad según Osorio Chong

Sara Sefchovich

El secretario de Gobernación repartió actas de nacimiento a los grupos originarios, como ahora se les llama a los indígenas,afirmando que ese papel les permitiría tener identidad; el funcionario fue todavía mas lejosal decir que esa acta “les cambiará la vida” porque “sabrán quiénes son, sabrán que existen, ya no estarán perdidos, podrán saberse mexicanos y mexicanas”

En una ceremonia celebrada en Chiapas hace algunas semanas, el secretario de Gobernación repartió actas de nacimiento y dio un discurso en el que afirmó que cuatro millones de personas, principalmente de los grupos originarios, como ahora se les llama a los indígenas, no tenían ese documento, y que el gobierno había decidido entregárselos, porque ese papel les permitiría tener identidad. El funcionario fue todavía mas lejos y dijo que esa acta “les cambiará la vida” porque “sabrán quiénes son, sabrán que existen, ya no estarán perdidos, podrán saberse mexicanos y mexicanas”.

Sin dudar ni por un instante de la importancia de ese documento, ni tampoco de que sea responsabilidad del Estado dárselos a quienes no los tienen, algo que por cierto debió hacerse hace tiempo (si no mal recuerdo las últimas acciones en ese sentido fueron en época del presidente Luis Echeverría), me pregunto si el secretario sabía lo que estaba diciendo.

¿De verdad la identidad de una persona radica en un documento? ¿De verdad una persona sabe quién es o existe porque tiene en sus manos ciertos papeles? ¿De verdad lo que nos hace mexicanos es el acta de nacimiento? ¿O sea que sin ese papel no lo somos? Y lo que es peor, ¿de verdad sin ese papel estamos perdidos como dijo el funcionario?

Por supuesto, los documentos como el acta de nacimiento y otros son necesarios para los registros nacionales, los conteos y las estadísticas, la planificación en educación, salud, vivienda, servicios, además de fundamentales para que las personas puedan realizar trámites y tener seguridad en sus derechos. Pero eso no tiene que ver con la identidad, sino que se trata de otra cosa: adquirir y ejercer la ciudadanía.

La ciudadanía es lo que dan esos papeles, mientras que la identidad tiene una conformación muy compleja en la que intervienen las múltiples y diversas pertenencias sociales, culturales, económicas, geográficas, religiosas, étnicas, de género, que forman eso que el estudioso Gilberto Giménez llama “entramados de significación”.

La identidad pues, la dan desde la familia hasta la clase social, desde el momento y lugar de origen hasta la religión, desde la estructura de la vida comunitaria, hasta la relación con el trabajo y con la naturaleza, y por eso, como apunta el antropólogo Alfredo López Austin, es “una peculiar manera de concebir al mundo y de obrar en él”.

Pero no es ésta la definición de identidad que está usando el secretario Osorio Chong. Más bien la suya parece aquella que como dijera Manuel Gómez Morín, permitió a los intelectuales decir que “existían México y lo mexicano”, que tiene que ver con una descripción de lo que quiere decir serlo, la cual consiste en aceptar símbolos (la bandera, el himno, el escudo) y cierta versión de la historia, que supuestamente es igual para todos los que habitan el territorio y que se mantiene fija e inmutable tanto en el tiempo como en todos los rincones del país.

Pero esto no es así. Los ciudadanos de esta nación llamada México no compartimos una manera de vernos y comprendernos en el mundo, ni una idea general ordenadora de la vida social que le dé unidad, contexto y sentido a nuestros quehaceres, ni tampoco un proyecto de futuro, ni objetivos ni métodos, ni nos “interpelan” (como se dice ahora) de la misma manera las expresiones de lo que supuestamente es lo nacional, lo propio, lo nuestro, y por ello a unos no les dice nada lo que otros ensalzan o lo que les emociona y les hace sentirse mexicanos. Como me escribió un lector: “Vivo en Quintana Roo y ni el traje de charro ni la música del mariachi me dicen nada”.

De modo pues, que repartir actas de nacimiento está muy bien para convertir en ciudadanos a quienes aún no lo son legalmente, pero eso no tiene nada que ver con dar identidad, la cual es otra cosa y no depende para nada de acciones gubernamentales.

Escritora e investigadora en la UNAM.

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www.sarasefchovich.c om

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