El Festival Internacional de Cine Judío

Sara Sefchovich

La temática de las películas seleccionadas es siempre amplia e interesante: la situación del Medio Oriente, la vida contemporánea, la religión, el mundo de los jóvenes, la memoria del Holocausto y la diversidad cultural

Todos los años, desde hace más de una década, entre enero y febrero se lleva a cabo el Festival Internacional de Cine Judío en México.

Se trata de un evento que se propone compartir “la diversidad cultural del pueblo judío a través de la obra de cineastas de todo el mundo, con nuestra sociedad en el territorio mexicano, brindando una alternativa enriquecedora a la oferta cultural de nuestro país”.

Desde que nació, el FICJM ha acumulado éxitos, ha crecido y mejorado notablemente en cada ocasión. La temática de las películas seleccionadas es siempre amplia e interesante: la situación del Medio Oriente, la vida contemporánea, la religión, el mundo de los jóvenes, la memoria del Holocausto, la diversidad cultural. Y cada vez se expanden las presentaciones y llega más público a sus exhibiciones. Este año está en 26 sedes de 7 ciudades del país (Distrito Federal, Cancún, Metepec, Guadalajara, Monterrey, Querétaro  y Tijuana) además de que hay exhibiciones en sedes especiales como bibliotecas, auditorios, museos, explanadas y la Cineteca Nacional.

En 2015 acudieron 24 mil espectadores y se espera que esa cifra se incremente este año.

Además, el festival hace otras actividades, por ejemplo, una Muestra Universitaria que tiene lugar entre septiembre y octubre, con proyecciones en 13 campus que abarcan el DF y los estados de Baja California, Oaxaca y Quintana Roo.

El equipo del festival, fundado por Aaron Margolis y hoy encabezado por Mark Liwerant, trabaja todo el año para seleccionar y traducir las películas y para organizar las actividades con ellas y en torno a ellas. Esto con el apoyo y patrocinio tanto de donadores particulares como de empresas privadas (por ejemplo la cadena Cinépolis), así como de instituciones públicas como la Cineteca Nacional, la Comisión de Cultura y Cinematografía del Congreso de la Unión y el Conaculta, hoy Secretaría de Cultura.

El festival es una fiesta. De la imagen y la palabra, pero también del conocimiento y las emociones. Porque en las películas que lo conforman miramos, aprendemos, sentimos y entendemos, nos reímos, nos asustamos, nos enojamos, sentimos miedo y quedamos movidos y conmovidos por las diversidades con las que se vive la vida humana en este planeta Tierra y que nos es dado conocer gracias a él.

El festival nos alimenta en cualquiera de nuestras facetas: como individuos y como ciudadanos, como laicos o religiosos, tradicionalistas o modernos, pues siempre hay en él la película adecuada para los distintos intereses y para nuestras diversas facetas, nuestras muchas máscaras, como dijera Octavio Paz.

De allí que haya pasado a convertirse en un momento anual esperado, en un rito en el transcurso del cuál uno se puede amistar y enemistar, enorgullecer y avergonzar, alejar y acercar a judíos y árabes, mexicanos y argentinos, norteamericanos y franceses, esposos y hermanos, rabinos, mujeres, migrantes, obreros, intelectuales, terroristas, creyentes, prostitutas, por igual de las ciudades que de los campos, de las montañas que de los desiertos, de los ayeres que del hoy, por igual de los problemas que de las alegrías, de los momentos excepcionales que de la cotidianidad.

Porque el festival ha sido y es el recuento de los días y de los años, de las vidas, las culturas y los países, de las modas y de las ideas. Por eso se ha vuelto imprescindible (como dice una canción) “para saber y para pensar, para sentir y para gozar”.

Este año, el festival llega a su edición número 13. En la tradición judía, a los 13 años el individuo se vuelve responsable de sus actos y adquiere un grado significativo de madurez. Felicito y doy las gracias a quienes lo han hecho posible y lo siguen haciendo realidad e invito a los lectores a asistir a él. Y espero que el año próximo y todos los que le siguen, suceda, como dice el Códice Florentino, que “otra vez será así, otra vez serán así las cosas”.

Escritora e investigadora en la UNAM.

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www.sarasefchovich.com

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