Suscríbete

Respiro en las finanzas públicas

Rogelio Ramírez de la O

Con la aprobación de la Ley de Ingresos de la Federación por el Senado, con cambios cosméticos con los que los senadores añadieron algo al proyecto del Ejecutivo, y con los datos a septiembre, las finanzas públicas han entrado en un periodo de respiro.

Esto después de la percepción negativa que se había generado en torno a ellas hace apenas tres meses. La mejoría que muestran, sin embargo, no parece suficiente para tranquilizar a los mercados y agencias calificadoras, más que para el corto plazo, es decir, la transición 2016-17. La perspectiva más probable sigue siendo que la deuda seguirá aumentando.

Así, las cifras de finanzas públicas a septiembre ya muestran el efecto de una cierta contención en el crecimiento del gasto, pero sobre todo el efecto de la aportación extraordinaria por ganancias cambiarias que hizo el Banco de México. Con eso, el déficit fiscal de enero a septiembre de 2016 fue mejor que el del mismo periodo de 2015 en 204 mil millones, pero sigue deficitario en 266 mil millones. Hay un menor deterioro financiero, pero sigue habiendo déficit.

Otros indicadores también sugieren tomar estos avances como parciales. Uno es la pérdida que registró Pemex en el tercer trimestre, de 118 mil millones de pesos, con lo que llevó su pérdida integral por los tres primeros trimestres a 251 mil millones. Esta empresa el año pasado se convirtió en un actor central para la deuda soberana, pues es un hecho que el gobierno la rescataría antes de permitirle caer en default.

Por lo apremiante de su situación financiera, el gobierno ha tenido que ir reduciéndole la carga impositiva, pero esa reducción se refleja en menores ingresos para la Federación. En el análisis que hizo la calificadora Fitch de sensibilidad entre los resultados de la empresa y su carga impositiva, concluye que ésta sigue siendo excesiva. De ahí que proyecte que la empresa seguirá aumentando su deuda, para cerrar este año en 100 mil millones de dólares.

Con la caída en el volumen de producción de Pemex y, de no reducirse su carga fiscal, su deuda tiene que seguir aumentando. Por el grado de deterioro, las pocas ganancias que pueda extraer por mayor eficiencia operativa son insuficientes, al punto que la calificadora insiste que “no son la solución”. El tiempo para que lo fueran pasó hace varios años.

Así, muy aparte de los esfuerzos del gobierno por reducir su gasto, la presión sobre el déficit fiscal y la deuda es permanente. La estabilización de la deuda pública en relación al producto a partir de su nivel de 50% del PIB es el mejor escenario posible, pero es un escenario que requiere de condiciones óptimas. Una de ellas es que el PIB crezca como el gobierno lo ha estimado, lo cual desde ahora se ve difícil.

Por una parte, la economía está en desaceleración y con mayor inflación el consumo se debilitará. Por otra parte, el Banco de México está subiendo la tasa de interés. Y las reducciones de gasto público también tendrán un impacto negativo sobre el crecimiento.

Así, la mejoría que observamos y vamos a seguir observando en las finanzas públicas de aquí a dentro de un año, cuando mucho, es sólo un respiro. Los recortes de gastos en varios renglones han sido fuertes, sobre todo porque las estructuras de gasto ya estaban demasiado grandes y no tienen capacidad de adaptarse al recorte permanentemente. Eso significa que habrá presión política creciente para, pasado el respiro y haciendo el mejor esfuerzo por convencer a las calificadoras de que ya hay un ajuste fiscal serio, el aumento de gasto tendría que reanudarse en la transición a 2018.

Analista económico

[email protected]

TEMAS RELACIONADOS

Comentarios