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Y sigue la violencia

Los datos no dejan lugar a dudas sobre el fracaso del Estado en su tarea de combate a la inseguridad
05/01/2016
02:17
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El terrible asesinato de la alcaldesa de Temixco es un brutal recordatorio de que el Estado mexicano sigue amenazado por las bandas del crimen organizado. Pero también es un aviso de que la delincuencia en general sigue rigiendo en buena parte del territorio de la República. Ni el gobierno de Felipe Calderón ni el de Enrique Peña Nieto han sabido hacerle frente a la inseguridad que día tras día afecta a muchísimos mexicanos.

Los datos no dejan lugar a dudas sobre el fracaso del Estado en su tarea de combate a la inseguridad. Tomemos por ejemplo el número de homicidios cometidos, tal como nos lo recuerda el magnífico artículo de Eduardo Guerrero Gutiérrez publicado en el número de enero de la revista Nexos. En 2007 hubo en todo el país 10 mil 253 homicidios dolosos; en 2009 hubo 16 mil 118 y en 2011 —el peor año de las últimas décadas— fueron 22 mil 852. Pues bien, la estimación es que para 2015 la cifra se ubique en unos 18 mil 300 homicidios. Nada que celebrar.

Una tendencia parecida se observa en general sobre los demás delitos. El Inegi señala que la incidencia delictiva por cada 100 mil habitantes era de 30 mil 535 delitos en 2010 y de 41 mil 655 en 2014. Dicha cifra refleja lo extendidos que están delitos como el robo, la extorsión, el fraude, las lesiones, el secuestro, las amenazas, etcétera. No solamente no hemos avanzado, sino que vamos en franco retroceso.

El acumulado de los últimos años es terrible. Entre 2008 y 2013 hubo en México aproximadamente 80 mil homicidios relacionados con la guerra contra el narco, lo que nos ubica en una cifra cercana a la segunda guerra de Irak que generó una movilización multinacional de esfuerzos militares (112 mil muertos en Irak, como lo recordó hace justamente un año Héctor Aguilar Camín, también en las páginas de Nexos).

El tema es particularmente delicado, pues estamos en vísperas del arranque de un nuevo sistema penal en el mes de junio, lo cual hará que las deficiencias de la prevención e investigación de los delitos se vuelvan más visibles. Con las audiencias orales que funcionarán con el nuevo sistema vamos a ver si nuestros policías saben o no asegurar la escena de los hechos, levantar correctamente los indicios, hacer buenas investigaciones y obtener pruebas para que los jueces puedan emitir sentencias condenatorias. Las viejas tácticas de los testigos fabricados y de las investigaciones basadas en abusos y malos tratos ya no van a seguir sirviendo. La reforma penal de los juicios orales exige un trabajo más profesional por parte de las autoridades policiacas y sobre todo de los Ministerios Públicos.

Cada vez que he hablado con policías me cuentan que no los han preparado ni equipado para el nuevo sistema penal. Aunque sus jefes presentan informes muy vistosos sobre gasto en capacitación, lo que los efectivos cuentan en privado es que los cursos que reciben les sirven de poco y que el equipo que compran las dependencias se los prestan solamente para “la foto”, pero no lo pueden utilizar en el día a día de su trabajo. Hay en esto, como suele pasar en México, una gran simulación, pues una cosa es lo que se dice en los boletines de prensa y otra muy distinta es lo que sucede en nuestras calles.

Quizá es mal momento para recordarlo, pero la responsabilidad del fracaso en la lucha contra el crimen le corresponde en alguna medida a los municipios. Las autoridades municipales se han gastado con pésimo criterio (y con abundante corrupción) el dinero destinado a la seguridad pública. Por ahí habría que empezar, para que lo sucedido en Temixco no se vuelva a repetir.

Investigador del IIJ-UNAM

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"Licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM. / Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, España. / Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de...