El pasado lunes, el grupo de chat que mantenemos en el equipo del Proyecto Habesha se empezó a volver loco. Llovían los mensajes desde Ecuador, indicando que ciertos documentos, indispensables para la visa de Essa Hassan, apenas llegarían el jueves. Essa estaba en ese país después de transitar por otros tres, pues ahí se pudo conseguir cita para el trámite de su visa. Los jóvenes que dirigen y operan el proyecto que traerá a 30 refugiados sirios para que continúen sus estudios en México, habían seleccionado, para enviar los documentos a Quito, una paquetería que no siempre se distingue por su velocidad o eficiencia. Todo parecía indicar que, una vez más, el arribo del primer joven sirio del proyecto a México, se iba a retrasar. Si me hubieran preguntado, me quejé en mis adentros, yo les hubiera aconsejado utilizar cualquier otra paquetería, no a esa, la última de mi lista en este tipo de asuntos. Pero claro, les llevo veinte años de experiencia en envío de paquetes, y ellos lo están haciendo lo mejor que pueden. Finalmente, tras un verdadero trabajo de equipo en el que intervino gente como nuestro cónsul en Quito, Enrique Hernández Castañeda, el embajador Francisco Olguín, el Mtro. Javier Góngora, el Dr. Rodrigo Soto, así como la magia del joven Adrián Meléndez y la de todo su equipo, la visa salió a tiempo, y Essa, el primero de los 30 estudiantes sirios, después de pasar por Líbano, Turquía, Italia y Ecuador, aterrizó en México el miércoles 23 de septiembre.

Creo que ese episodio muestra un poco lo que ha sido este proyecto a lo largo de los pasados 20 meses. Un puñado de jóvenes mexicanos incansables, con toda la energía pero sin la menor experiencia, con todo el empuje, pero sin fondos, sin saber exactamente cómo o por dónde moverse, enfrentando obstáculo tras obstáculo, cometiendo errores y tratando de corregirlos en el camino, pidiendo ayuda a académicos, periodistas, diplomáticos y funcionarios, adultos con un poco más de conocimiento que ellos. Un pequeño pero sólido grupo de chicos soñando no solo con rescatar a 30 vidas de en medio de la guerra más mortífera de nuestro siglo, sino con aportar a la sociedad mexicana un gramo de conciencia global.

Los jóvenes de Habesha me han enseñado que sí es posible cambiar la historia. No necesariamente La Historia con mayúscula, sino la historia que se cuenta sobre una catástrofe humanitaria, la manera como se narra el conflicto, el ángulo, el foco. La fotografía de la llegada de Essa habla por sí sola. Rodeado de decenas de personas, y ante al menos unas doce grabadoras y micrófonos de agencias de noticias, diarios, revistas, emisoras de TV y radio, el joven sirio habla del drama de su país, pero también habla del proyecto que le trajo al nuestro. En solo 24 horas, mis monitoreos de medios contabilizan al menos una veintena de notas en periódicos y portales de la mayor relevancia en México y en el extranjero. En Twitter y Facebook, el tema inunda las conversaciones. Unos, los más, hablan a favor. Otros critican el proyecto, o le acusan de ayudar o becar a refugiados sirios en lugar de apoyar a mexicanos –ignorando, por cierto, que universidades como la Iberoamericana, la cual está becando a diez de los estudiantes sirios, cuentan desde hace años con sólidos programas sociales dirigidos a nuestros connacionales, así como proyectos de apoyo a migrantes de nuestro continente, mismos que no son reducidos o afectados en lo más mínimo por la decisión de sumarse al proyecto Habesha.

Aún así, a favor o en contra, al menos en México y por unos días, la llegada de Essa, ha conseguido cambiar la conversación. Ahora ya no solo se trata del niño Kurdi arrasado por las olas en la lejanía, o los 71 cadáveres descompuestos en un camión en las afueras de una ciudad europea. Ahora, el drama viene acompañado por la otra historia, la que narra la conciencia de un grupo de jóvenes mexicanos, la que cuenta sus travesías en el proceso de ayudar a seres que sufren al otro lado del planeta, pretendiendo gritar a nuestra sociedad que México no es una isla, que las tragedias que ocurren fuera de nuestras fronteras, sí importan. Que pensar en esas tragedias aparentemente lejanas, no es solo un tema de conciencia humana, sino cuestión de entender que la globalización con sus bienes y sus males, no es ninguna broma, sino una realidad inescapable. Más aún, que no somos del todo impotentes ante la pena de nuestros semejantes por más lejos que éstos se encuentren, que nuestras acciones pueden contar para hacer la diferencia, no por salvar unas cuantas almas, sino porque al ayudarlas a ellas, en realidad nos estamos ayudando a nosotros mismos.

Analista internacional

Twitter: @maurimm

Si es su deseo apoyar a Habesha, se puede depositar en la cuenta bancaria no. 0277137869 del BANCO MERCANTIL DEL NORTE, SA (BANORTE) a nombre de Dialogo Intercultural de México Activo A.C. CLABE: 072-010-00277137869-2

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses