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Hagamos la tarea: seamos productivos

Julio A. Millán B.

En los últimos meses, la incertidumbre ante el entorno económico y político se ha dejado sentir ante el escenario de un cambio en la política comercial con Estados Unidos; la nueva era de proteccionismo mundial pone en alerta al gobierno y a los empresarios mexicanos, pues existe un alto nivel de especulación sobre el desempeño económico y la inversión en el país.

Según los últimos datos de la Encuesta de Ocupación y Empleo del Inegi, al tercer trimestre de 2016 la población ocupada se ubicó en un nivel de 52 millones 43 mil 100 personas, de la cual solamente una tercera parte (34.8%) contó con educación media superior y superior y el 16.3% se ocupó en la industria manufacturera.

De acuerdo con datos del Banco de Información Económica (BIE), del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en julio de 2016 el índice de productividad de la mano de obra en la industria manufacturera de México se ubicó en un nivel de 108.3.

Con ello, México se mantiene con una productividad mayor a la de Estados Unidos (105.7) y Japón (96.0), pero por debajo de Canadá (110.1) y Corea (115.0). Sin embargo, la productividad de México en 2016 registró un retroceso con respecto a 2015, mientras que en Estados Unidos y Canadá la productividad creció.

La educación profesional y la capacitación laboral son elementos fundamentales para el incremento de la productividad y la competencia económica; deben ser esfuerzos paralelos y alinearse como parte de una política industrial integral (capacitación en centros de trabajo y educación en aulas).

México necesita mejorar sus niveles de productividad para mantenerse competitivo frente a otros países, a través del fomento de la capacitación, los servicios de vinculación laboral y la promoción de la certificación de competencias laborales.

Así mismo, para mejorar los niveles de capacitación profesional, se necesita un entorno favorable, generado por un interés de las empresas en aprovechar las nuevas tecnologías y las técnicas de organización flexible y participativa, y por la implementación de programas para elevar la calidad de la educación y la coordinación de esfuerzos para ofrecer nuevas oportunidades de formación a los agentes productivos por parte del sector público.

El Acuerdo por el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar, firmado la semana pasada por el gobierno de la República y los sectores productivos reafirma está necesidad.

En uno de sus ejes se señala que es imprescindible conseguir un incremento en la productividad del país, que permita mejorar la capacidad para insertarse en el mercado laboral, tener mejores empleos y ganar más.

Según un reporte de la OCDE, los retos que presenta la educación y la capacitación son 1) bajos niveles de vinculación entre instituciones de capacitación y empresas, en el desarrollo de políticas de competencia y capacidades; 2) falta de actualización y bajo nivel de reconocimiento del actual conjunto de competencias y capacidades; 3) amplio rango de variación entre la calidad y cantidad de capacitación en centros de trabajo; y 4) falta de coordinación con institutos estatales de educación y capacitación.

En ese sentido, en 2016 el Sistema Nacional de Competencias (SNC) del Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales (CONOCER), logró emitir más de 340 mil certificados de competencia laboral, con el objetivo de desarrollar el potencial productivo del capital humano mediante la certificación de competencias laborales.

La importancia del esfuerzo del gobierno federal radica en la capacidad que se tenga de favorecer el la identificación de todos los elementos para poder efectivamente llegar a las empresas; éste debe ser un esfuerzo conjunto y de dos vías, pues las empresas también tienen la responsabilidad de acercarse al gobierno federal para poder tener acceso a estos y evitar que se conviertan en una expectativa no alcanzable.

Ya se han dado los primeros pasos en la identificación de las capacidades laborales en sectores clave de la economía; entendemos y reconocemos la importancia que tienen las instituciones de capacitación y su vinculación con el sector productivo, ya que ellos son los vinculantes, promotores y desarrolladores que pueden promover, desarrollar y apoyar en la implementación de los procesos y modelos de innovación, para poder con eso fortalecer el mercado interno mexicano.

Esta es sin duda un área de gran oportunidad para el país. ¡Aprovechemos oportunidades!

Presidente de Consultores Internacionales S.C.

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