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Javier Solís y El Santo

José Xavier N.

Con el título de La absoluta colección, Jorge Álvarez, “El Indiana Jones de las compilaciones mexicanas” por lo que toca a rescates emocionales de música mexicana, ha sacado con la bendición de Sony Music un par de cajas triples (cada una con dos discos compactos y un DVD) del todavía llorado y recordado Javier Solís que, la verdad, están de rechupete del nacido el 1 de septiembre de 1931 en el viejo DF (aunque muchos creían que era de Sonora) que abandonó el mundo el 19 de abril de 1966 por la vía de un fallo cardiaco cuando se estaba operando de la vesícula biliar.

Cada triple-pack compila en los volúmenes I y II 100 canciones (“Sombras”, “En mi viejo San Juan”, “Se te olvida”, “Entrega total”, “Si Dios me quita la vida”, “El loco”, “Amigo organillero”, “Payaso”, “Esclavo y amo”…, más 27 de sus más grandes éxitos —incluyendo popurrís—en un par de DVD de verdadera nostalgia, rescatados de la videoteca de Televisa.

Llama la atención que nuestro gremio roquero no haya hecho nunca siquiera el intento de un homenaje y tributo al también actor de películas campiranas del cine nacional, dado que legó una discografía impresionante que comenzó en 1955 y terminó en el 66, año de su muerte (y eso sin contar otro tanto de discos en compilaciones) Sin embargo, los fanáticos de Solís abrigan la esperanza de algo verdaderamente insólito en la carrera del también llamado “Rey del bolero ranchero”: un disco (¿o varios? No se sabe a ciencia cierta) que grabó con su compadre del alma: Rodolfo Guzmán Huerta, El Santo, en la ciudad de Nueva York en los años 60.

Alejandro Guzmán, el hijo mayor de El Enmascarado de Plata, reveló en un número especial de la revista Somos, dedicado al Plateado (dicho sea de paso: el número más vendido de la historia de la publicación aparecido en el mes de octubre de 1999, cuando la directora de la publicación era Macarena Quiroz, odiada por propios y extraños que, a la larga acabó con la revista) que su padre, en una vacaciones por la Gran Manzana, acompañado por Javier Solís, se metieron a una cabina de la Quinta Avenida donde por unos dólares podían grabar un disco. Javier animó a Rudy Guzmán que, a decir de su hijo mayor, no cantaba mal las rancheras.

Lo que no se sabe es cuántas canciones grabaron y si fue uno o más discos. El caso es que ni las esposas de Javier Solís, ni el primer hijo de la mayor leyenda del cine de luchadores, saben el paradero del disco que, dicho sea de paso, podría estar en la colección del arquitecto Roberto Shimizu (justamente el dueño y director del Museo del Juguete Antiguo de México) que posee probablemente el mayor acervo de El Santo: lo que también se conoce como la mayor colección privada del luchador (su archivo particular)… y parece que ahora también cantante.

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