Futbol y medios: dos partidos en el infierno

José Carreño Carlón

David Rowe, el autor de Deporte, cultura y medios: la revoltosa Trinidad señala que los arrumacos entre medios y deportes se llegaron a considerar como “un partido realizado en el cielo”, aunque sus relaciones se volvieron “propensas a alguna discordancia” sobre el poder —es un tema de poder

Infanterías y poderes. David Rowe, el autor de Deporte, cultura y medios: la revoltosa Trinidad (Sport, culture and the media: the unruly Trinity) señala que los arrumacos entre medios y deportes se llegaron a considerar como “un partido realizado en el cielo”, aunque sus relaciones se volvieron “propensas a alguna discordancia” sobre el poder —es un tema de poder— de una institución sobre la otra.

Pero el trato que le dieron la semana pasada a la Selección Nacional de futbol algunos espacios mediáticos —siguiendo a las llamadas redes sociales— hizo pensar más bien en un par de partidos jugados en el infierno, sobre todo, el del penal marcado injustamente a favor de México y en contra de Panamá. Fue un infierno que se prolongó más allá del limpio triunfo con el que nuestra selección ganó la Copa de Oro, y más allá, también, de las canchas y los tiempos reglamentarios, con el incidente en el aeropuerto del entrenador mexicano y un cronista de la tele (Martinoli), seguido de la demolición mediática del antes encumbrado —por los propios medios— Piojo Herrera.

Sin embargo, por vistosos que nos puedan parecer estos personajes, se trata, en realidad, de exponentes prescindibles de las infanterías de los poderosos ejércitos del deporte y los medios: dos poderes que habían desarrollado una estrecha interdependencia, anota el mismo Rowe —un reconocido investigador del Instituto de Cultura y Sociedad de Sidney—, ya que mientras el deporte le aporta contenidos populares a los medios, los medios le aportan al deporte gran visibilidad y cuantiosos ingresos.

Nueva experiencia mediática. Aquí hay que precisar que en México las más grandes empresas de televisión y de telecomunicaciones pasaron de la interdependencia a la fusión, en varias formaciones, con el poder del deporte comercial. Pero el profesor Rowe advierte ahora que, si bien la tele conserva su poder, las redes sociales están transformando la experiencia mediática de los deportes y la mismísima economía política de los medios.

De ahí que incluso los más disímbolos comentaristas hayan coincidido esta semana en que hemos vivido una nueva experiencia mediática. Y no sólo porque las redes parecieron imponer sus encuadres a los medios convencionales, sino porque esos encuadres generan algunas preocupaciones en sentido contrario a las que históricamente despertaron los tratamientos de los temas deportivos por los medios tradicionales.

En su entrada: Historia de los deportes y los medios para The Concise Encyclopedia of Communication, entre las “ideologías dañinas” asociadas a la cobertura deportiva de los medios, Rowe enlista el “excesivo nacionalismo” y la “xenofobia”.

Autodenigración. Pero lo cierto es que en el partido de semifinales las redes hicieron girar a algunos medios hacia la preocupación contraria: del ultranacionalismo agresivo contra los otros, pasaron a la autodenigración nacional contra nosotros mismos. Ya León Krauze desmontó —con reglamentos y evidencias históricas— el discurso del masoquismo nacional herido porque Guardado no se hincó ante el portero contrario ni se azotó la espalda como muestra de que todavía hay justos que pueden salvar a México de la lluvia de fuego. O, en la otra frecuente extrapolación: de que hay esperanza de ver inmolado a un ministro para que otro resplandezca.

Juan Villoro abrió a su vez inquietantes preguntas sobre esa preferencia por ser mártires de la injusticia antes que sus involuntarios favorecidos, que privó en redes y medios. Pero quién sabe si habrá ocurrido lo mismo en la opinión general, donde suelen tener también peso los argumentos en la cancha de Andrés Guardado, del Tecatito Corona o de Oribe Peralta.

Y en cuanto al Piojo, hay que registrar otra crítica a la cobertura deportiva de viejos y nuevos medios: su énfasis en el chisme de las celebridades que esos propios medios hacen y deshacen… sea porque se cansan de su invento o porque la celebridad incurrió en la incorrección política de pintarse de verde.

Director general del Fondo de Cultura Económica

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