Crisis entre Iglesias ortodoxas

Jean Meyer

Una vez más, las causas profundas de la enemistad son políticas, por más que el discurso teológico intente disimularlo

Escuché hace años un dicho que me sorprendió: “Cuando se reúnen grupos cristianos, espera la siguiente división”. Para no decir “cisma”. Ocurrió muchas veces entre protestantes, católicos y ahora entre ortodoxos. Trabajaron arduamente para organizar un concilio de todas las Iglesias ortodoxas. Oficialmente, la labor empezó en… 1961, quizá para seguir el ejemplo contemporáneo del Concilio del Vaticano II. ¡Cincuenta y cinco años de trabajo para un parto de los montes! De hecho se hablaba de la necesidad de un gran concilio panortodoxo desde la caída del zar Nicolás II y el triunfo bolchevique; con el zar desaparecía el protector número 1 de la Ortodoxia, lo que despertó en Roma la ilusión que la gran Iglesia Ortodoxa rusa iba a refugiarse en el seno de la Iglesia Católica.

Cuando, en 1923, el Patriarcado de Constantinopla convocó un congreso, la Ortodoxia rusa estaba dividida en dos Iglesias, la tradicional, opuesta al poder soviético ateo y al congreso, y la cismática, manipulada por el Kremlin, que sí participó. Después de aquel fracaso hubo que esperar hasta el concilio que empezó el 17 de junio pasado, en ausencia de la Iglesia Ortodoxa de Rusia, la más numerosa, rica, poderosa de todas las Iglesias ortodoxas. Debo señalar que en 1948 Stalin, el padrecito de los pueblos, había ordenado al Patriarca de Todas las Rusias organizar un gran concilio ortodoxo en la capital rusa, para conseguir para Moscú un título universal, equivalente ortodoxo del Papado católico. Además de hacer de Moscú la cabeza de la Ortodoxia toda, esperaba ganarse las simpatías del Oriente cristiano. El intento fracasó, en el marco de la Guerra Fría, y de la rivalidad muy antigua entre los Patriarcados de Moscú y Constantinopla.

La decisión de la Iglesia rusa de no participar en el presente gran concilio obedece también a razones geopolíticas y otra vez al conflicto entre los dos patriarcados. Constantinopla, desde 1923, abandonó el antiguo calendario juliano para adoptar el gregoriano, lo que permite celebrar la Navidad el 25 de diciembre y no el 7 de enero. La Iglesia rusa y varias otras siguen rechazando el cambio de calendario, de la misma manera que condenan la línea ecuménica seguida por Constantinopla. Una vez más, las causas profundas del enfrentamiento son políticas, por más que el discurso teológico intente disimularlo.

Si la desaparición de la Unión Soviética fue muy favorable a la Iglesia rusa, que es un aliado incondicional de su protector, el ortodoxo Vladimir Putin, el Patriarcado de Moscú no ha sido beneficiado por el nuevo orden mundial. Sus pretensiones de conservar su autoridad sobre todas las Iglesias de la extinguida URSS chocan con el nacionalismo ucranio. En cuanto al Patriarcado de Constantinopla, si tiene solamente unos miles de fieles en Turquía (millones han sido expulsados en el siglo XX), es muy influyente en Estados Unidos, Albania, Chequía, Slovaquia, Polonia, Rumania, Ucrania y todo el Oriente Medio.

El Concilio no podía tener lugar en Constantinopla (Estambul) por el conflicto entre Moscú y el gobierno turco (El patriarca Cirilo no podía ir a Estambul), por eso se escogió Creta. Iba a empezar el 17 de junio, sin problemas. De repente, el 1 de junio la Iglesia búlgara, muy ligada a Moscú, lanzó un ultimátum: o se pospone el concilio, o no vamos. Unos días después, el patriarca moscovita Cirilo hizo algo equivalente, exigiendo modificar los textos conciliares (que había aprobado ya). Las Iglesias de Georgia y Serbia siguieron a Moscú. Como en el Concilio las decisiones deben ser tomadas por unanimidad, la ausencia de cuatro de las catorce Iglesias canceló la dimensión conciliar panortodoxa.

El Concilio ratificó la voluntad de “dialogar con las Iglesias hermanas”, católicas y protestantes, algo que la Iglesia rusa no acepta. Ir a Creta hubiera sido dejar la ventaja a Constantinopla, algo que el presidente Putin no acepta.

Investigador del CIDE.
[email protected] cide.edu

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