Una alegría para el espíritu

Javier Vargas

La pesca es el oficio y arte de extraer peces del agua mediante redes, cañas, arpones u otros medios. La historia dice que desde los tiempos más remotos el hombre recolectó parte de su alimentación en ríos, canales, embalses, lagos, lagunas, costas y mar abierto, por consiguiente, la pesca es una actividad que surgió por necesidad. Así, tanto en costas del Mediterráneo como en África y Asia, se han encontrado anzuelos fabricados de hueso, piedra o madera, que tienen más de 9 mil años de antigüedad. Actualmente es una actividad económica, pero también un agradable pasatiempo, un arte y un deporte.

Los torneos de pesca están reglamentados tanto por el tipo de aparejos, como en su uso, tamaño, especie, etc. Las primeras competencias registradas se remontan a la edad media. Como deporte surgió en Inglaterra. Su popularización fue rápida y pronto se convirtió en arte. El organismo que regula la pesca con caña es la Asociación Internacional de Pesca Deportiva, que fue fundada en 1939.

Un proverbio dice: “En la pesca como en la vida, estudio y dedicación, superan suerte y superstición”. Incluso el poeta latino Publio Ovidio aconsejó: “Tened siempre el anzuelo dispuesto, y en el momento que menos lo esperes encontraréis la pesca”.

Según el libro Todo sobre los deportes, “Para practicar la pesca deportiva se necesita algo más que paciencia: hay que conocer los avíos y sus aplicaciones, las leyes en vigor, los tiempos de veda y las restricciones de pesca, las condiciones individuales de las aguas, sus profundidades, sus características climáticas, las clases de peces propias de cada región y sus lugares preferidos. El pescador deportivo debe saber que lo que menos impor-ta quizá es el número de piezas capturadas… El principio supremo del pescador deportivo es la camaradería”.

Pero más que búsqueda de alimento, motivo para cultivar amistades o deporte, es un agradable pasatiempo. Para el poeta y diplomático inglés Henry Wotton (1568- 1639), “La pesca es un descanso para la mente, una alegría para el espíritu, una distracción para la tristeza, un calmante para los pensamientos inquietos, un moderador de pasiones, una fuente de satisfacciones que engendra hábitos de paz y de paciencia en todo aquel que la profesa y la practica”. Y el poeta sinaloense Ru-bén Rivera, en Los cangrejos corren, dice: “El pescador me invita a comer. En la lejanía se pierden las aves, las nubes crecen… Bebemos cerveza. Hablamos de la vida… La lluvia nos acompaña en la tristeza de la embriaguez”.

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