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Como legisladora federal, he tenido la fortuna de recorrer casi todos los estados de nuestro México, y en cada uno he escuchado muchísimas historias de todo tipo. En su mayoría, me han contado historias que reflejan el esfuerzo, trabajo y dedicación que muchas mujeres y hombres ponen diariamente para salir adelante sin importar dónde ni cómo hayan nacido.
Escuchándoles, es inevitable que recuerde con gran nostalgia, parte importante de mi etapa como estudiante. Cuando tenía 12 años, debido a la situación económica de mi familia, tuve que dejar de estudiar para trabajar y apoyar en los gastos del hogar. No fue hasta que era ya una mujer adulta, que pude concluir mis estudios universitarios y con mucho esfuerzo estoy terminando mi maestría.
Varias personas me dijeron que no terminara mis estudios porque “no los necesitaría” en mi carrera; sin embargo, decidí concluirlos porque sabía que de esa forma sería una mejor política y mujer para poder luchar por el desarrollo de mi país. La formación es un esfuerzo permanente.
La educación en nuestro país está ligada directamente a tener mejores oportunidades de crecimiento en la vida: si no tenemos una buena preparación, no podremos conseguir un buen empleo; si no tenemos un buen empleo, no podremos satisfacer nuestras necesidades más básicas; si no podemos satisfacer nuestras necesidades, no tendremos una buena calidad de vida.
En este sentido, un profesionista que no se titula, disminuye sus probabilidades de encontrar un empleo bien pagado y que le ofrezca un buen nivel de vida. En el mundo laboral actual es indispensable contar con un título que respalde la formación académica.
De acuerdo a la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), sólo cinco de cada diez jóvenes que inician una carrera universitaria, logran titularse.
Uno de los principales problemas que he encontrado al recorrer el país, es la gran cantidad de estudiantes que no pueden titularse por falta de recursos económicos, una situación lamentable si tomamos en cuenta el esfuerzo, trabajo y recursos que se requieren para terminar una carrera universitaria.
Estoy decidida a que cada vez menos jóvenes sufran para obtener un título universitario que limite sus opciones de desarrollo personal y profesional; por eso, a través de la Fundación UNAaUNO, decidí donar la mitad de mi sueldo de diputada federal para apoyar a aquellas y aquellos universitarios que no se hayan logrado titular por falta de recursos económicos. Quiero que hombres y mujeres puedan entrar al mundo laboral con el respaldo de su título universitario.
Los invito a consultar las bases en mis redes sociales y en la página unaauno.mx.
Diputada federal por el PRI
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