Una lucha que se perdió hace mucho

Herles Velasco

El caso de Apple contra el FBI divide opiniones en la sobremesa de todo el mundo. No hay una solución simple; seguridad nacional es un concepto que pesa: terrorismo, 14 muertos en San Bernardino, sus familias, amigos y una red de empatía que se extiende por todo el planeta a favor del Estado protector.

Por otro lado, la balanza del temor pesa más en contra de las agencias y los gobiernos que podrían meter sus narices en nuestros dispositivos electrónicos cuando les venga en gana; no es necesario tener algún oscuro secreto que ocultar, la privacidad es un derecho fundamental que vale la pena defender por encima de todo, se argumenta por ahí.

El FBI pide a Apple la creación de una llave maestra capaz de hackear sus propios equipos, más específicamente el iPhone del terrorista Syed Farook, muerto después del atentado. Apple, enarbolando la bandera del derecho a la privacidad de sus usuarios, se niega a hacerse el harakiri socavando la seguridad de sus propios dispositivos. Lo único que callaría la boca a todos es que, de acceder al iPhone de Farook, el FBI encontrara información que llevara a la captura de algún importante terrorista, o se evitara un ataque inminente. Ese es el supuesto menos probable, quizá ni la misma agencia piense encontrar algo sustancial, su apuesta no va en ese sentido.

Pero no es tan fácil satanizar al FBI y santificar a Apple; tampoco el discurso de Tim Cook es del todo sincero, los sistemas operativos de la manzana siempre han sido cerrados para el usuario común, pero la cooperación entre Apple (y otras compañías que hoy se ponen de su lado) y las agencias del gobierno es algo que se da de manera constante.

Por favor, que le pregunten a (la canciller alemana) Angela Merkel, a (el ex presidente francés Nicolás) Sarkozy y las víctimas del Espionnage Élysée. ¿Tan rápido olvidamos el programa PRISM? ¿Y qué hay de la ley PAA aprobada por (George W.) Bush que hace legal la intercepción de comunicaciones? ¿WikiLeaks? En varios medios impresos norteamericanos, todas las compañías que hoy respaldan a Apple negaron, hace un par de años, que las agencias de inteligencia tuvieran acceso libre a sus servidores; pero todas afirmaron dar información de los usuarios a través de una orden judicial.

En el mejor de los casos Apple, Google, Facebook o Microsoft proporcionan datos privados vía la orden de un juez; en el peor, y de esto acusan (el ex analista de la CIA Edward) Snowden y compañía, tienen acceso directo a los datos de los ciudadanos, al menos desde 2007. ¿Esto contradice los hechos actuales? No necesariamente, y a Apple no le conviene jugar, ante sus clientes, al traidor. La gran apuesta del FBI es de crear un precedente legal: si hoy gracias a un juez acceden al iPhone de Farook, mañana le tocará al Galaxy de Juan Pérez.

Dar la llave de la casa al gobierno es sin duda un riesgo y una violación a los derechos de privacidad de los usuarios comunes. El riesgo mayor es para los usuarios cuyas vidas dependen de la encriptación de su información: periodistas, disidentes políticos, etc. Pero no se engañe, aun cuando el FBI pierda esta batalla hay agencias que no necesitan entrar por la puerta, principal o trasera, de la casa y andan merodeando por las ventanas a ver qué hay; la NSA, que ha guardado un extraño silencio en este caso, lleva más de 10 años buscando vulnerar la seguridad implementada por esas compañías, y lo más probable es que a estas alturas ya lo hallan logrado, pruebas sobran. La llave y el precedente que busca el FBI es sólo para evitar la fatiga, pero nada más. Esta guerra se perdió hace mucho.

Escritor fundador de la Escuela Mexicana de Escritores y entusiasta de la tecnología.
Lacevos [email protected]

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