Uber et urbi

Herles Velasco

Uber no es para todos, es una opción para los menos de los menos: quienes puedan solicitarlo a través de un smartphone y estén dispuestos a pagar el servicio con tarjeta de crédito.

La semana pasada me vi obligado a prescindir del automóvil por unos días, la razón es que tuve un percance a causa las lluvias y el terrible estado de las calles en esta ciudad. No fue la primera vez, he gastado en rines doblados y llantas ponchadas en el pasado, resultado de pasar por coladeras abiertas, hoyos y baches cubiertos de agua; el espacio de mi cajuela lo ocupo en gran parte con equipo mecánico más allá de lo básico y que me evite, en lo posible, quedarme varado por mucho tiempo a causa de la “mala suerte”.

Tuve que recurrir a Uber después de mucho tiempo de haber usado el servicio. Mi primera vez, después de una cena en la que el alcohol se servía generosamente, diré que me pareció caro y el conductor parecía no estar muy familiarizado con el uso de mapas guiados; en una ocasión anterior traté de usar el servicio pero el conductor nunca se presentó, quedé esperando bajo la lluvia. Ambas experiencias fueron en los albores de la llegada de Uber a México, no lo excusé en aquel momento con ese argumento, así que el desencantó fue básicamente mi primer y segunda experiencias con Uber.

El caso es que me subí a un “coche con chofer privado” la semana pasada; llegó en tiempo y no tuve que salir de la oficina hasta que no estuvo a una cuadra de la misma; cuando me disponía a subir al asiento trasero, el chofer me sorprendió con una solicitud, no era la botella de agua: me dijo que por seguridad (la de él) hiciera el favor de subir al asiento delantero; después, cuando le propuse una ruta alterna a la que le marcaba el mapa, pude oler el temor, parecía también atento a mis movimientos con el celular, quizá buscaba alguna palabra sospechosa que lo alertara que yo no era “uno de esos”. Cuando recuperé su confianza me habló de algunos compañeros suyos que han sido víctimas de una cacería, dijo, orquestada por taxistas, y que suelen terminar con violencia. La experiencia fue, digamos, interesante y es probable que use el servicio cuando no tenga una mejor alternativa.

De los 50 países donde opera Uber, en una decena o han tenido problemas o están totalmente prohibidos; aquí, después de las fuertes manifestaciones de taxistas, que acusan a Uber de competencia desleal y de evadir impuestos, la aplicación incrementó considerablemente el número de descargas y ganó también la batalla en las redes sociales (cosa que para los políticos influye).

Uber no es para todos, es una opción para los menos de los menos: quienes puedan solicitarlo a través de un smartphone y estén dispuestos a pagar el servicio con tarjeta de crédito. Regular Uber terminaría una importante disputa entre gremios y empresas de trasporte, pero al final será una decisión pequeña en comparación con el gran problema de transporte y vialidades que hay esta ciudad. La permanencia de Uber parece más cerca que lejos y algunos miles estarán muy felices por ello; para los millones restantes, Uber no existe por inviable. Con o sin Uber, al final todos vivimos la terrible odisea diaria de movernos a través de esta caótica ciudad, sólo se está decidiendo si podremos sufrirlo a través de una opción más.

@Lacevos

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