Visita a un Reglamento

Guillermo Sheridan

En un comunicado dirigido no a la opinión pública, sino a la comunidad de la Universidad Panamericana (UP), ésta evita el empleo de la palabra “plagio” para referirse a la tesis con que el presidente Peña Nieto se hizo de una licenciatura en 1991. A lo más que llega, luego de “buscar reglas”, es a reconocer que “hay reproducciones textuales de fragmentos sin cita a pie de página ni en el apartado de la bibliografía”. Indica que se trata de un “caso sin precedentes” y que hizo una “consulta técnica” a la UNAM, “para que confirme por escrito este criterio” (es decir, supongo, que no hay normatividad). De cualquier modo, la UP considera hallarse frente a un “acto consumado” ante el que “es imposible proceder en ningún sentido”.

Me asomé al “Reglamento General” de la UP, en línea, sellado por la SEP. Su “Misión” es “educar personas que busquen la verdad y se comprometan con ella, promoviendo el humanismo cristiano que contribuya a la construcción de un mundo mejor”. Entre sus “Objetivos” se encuentra la “Formación ética”, aquellos “aspectos culturales, sociales y éticos” que conduzcan a sus profesores y alumnos a poseer “una concepción unitaria del ser humano” que, a su vez, “les permita adquirir la capacidad de esfuerzo para diseñar y encarnar un proyecto de vida propio, basado en una visión cristiana del hombre y de la sociedad”.

Una de las “Obligaciones de los profesores” —además de ser “ejemplo de integridad personal y académica” y “no hacer propaganda ni proselitismo político en la Universidad”— es “promover, cuidar y respetar la integridad y ética académica”, concepto por el cual se debe entender “toda actividad relacionada con el desempeño académico en general, libre de engaño, de copia, de plagio, de fraude o de violaciones a los derechos de autor” (p. 11), así como “combatir los actos de deshonestidad académica en cualquiera de sus expresiones o manifestaciones”.

Estas obligaciones son las mismas para los alumnos. Las únicas diferentes son que los alumnos deben “pagar puntualmente las colegiaturas” y emplear “la vestimenta y el porte” adecuados, unos que guarden “la dignidad, el aseo, la compostura y el adorno que corresponda a su calidad de alumno”.
En caso de que los alumnos incumplan sus obligaciones, desde vestirse feo hasta plagiar, podrán ser sancionados: el capítulo 7, “De las bajas temporales y definitivas”, señala como causal de baja definitiva la comisión de “infracciones académicas, administrativas o disciplinarias”.

Como en ya casi todas las universidades, en la UP recibirse de licenciatura con una tesis es una entre muchas opciones. El mero “rendimiento académico” (el alto, supongo) es motivo para licenciarse. Pero si se opta por escribir una tesis, ésta “deberá desarrollarse con el rigor de la metodología científica aplicable al área correspondiente”.

El Capítulo 12, “De las responsabilidades y sanciones”, señala que quien no se someta a los “principios institucionales”, la misión y los objetivos de la UP, “podrá incurrir en faltas disciplinarias” (sic). Entre las “conductas prohibidas” están el trasiego de medicamentos que suponen receta médica, de drogas y alcohol; divulgar sin permiso fotos o filmes; portar armas, robar, falsificar y llevar a cabo “manifestaciones inapropiadas de afecto o comportamientos obscenos, indecentes o inmorales”. Y, por fin, “violentar derechos de autor”…

Violar el Reglamento merece sanciones que van del regaño a expulsión definitiva. Una sanción interesante consiste en “Perder los derechos adquiridos”. Quien tenga conocimiento de que se cometió una conducta prohibida “deberá notificarlo”. El acusado tendrá derecho a una audiencia para presentar “sus alegatos y defensas así como ofrecer las pruebas documentales o testimoniales que estime pertinentes”; la autoridad dictará sentencia, el acusado podrá inconformarse, en fin.

Este Reglamento está fechado en junio de 2015 y, posiblemente, difiera del que estaba en vigor en 1991 (aunque difícilmente la misión y los objetivos de la Universidad Panamericana habrán cambiado). Y sin embargo, en el Capítulo 13, “Otras disposiciones”, el artículo 128 señala que “las disposiciones de este Reglamento podrán regir los efectos de los actos anteriores a su vigencia, si con su aplicación no se violan derechos adquiridos.” Es en este sentido que, ante el caso del plagio cometido por el señor Peña Nieto, parecería que la UP ha juzgado que la licenciatura que le otorgó es un “derecho adquirido”. Pero, páginas antes había aceptado como sanción, precisamente, la pérdida de los “derechos adquiridos”… Y ahí está la consabida paradoja: ¿cómo puede ser un “derecho adquirido” un título profesional que se adquirió, precisamente, violando el derecho? Misterio.

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