Periscope, política y protagonismo

Gabriel Guerra

Dicho funcionario, de nombre Arne aus den Ruthen, fue alguna vez delegado en Miguel Hidalgo. Interesante, por decir lo menos, que decidiera aceptar un encargo de segundo nivel

Hace unas tres semanas, queridos lectores, me ocupé del entonces novedoso pero ya candente asunto del uso de Periscope, esta herramienta de redes sociales que permite transmitir acontecimientos en tiempo real (la red celular de por medio), por parte de servidores públicos, específicamente por el así llamado city manager de la delegación Miguel Hidalgo de la Ciudad de México.

Dicho funcionario, de nombre Arne aus den Ruthen, fue alguna vez delegado en Miguel Hidalgo. Interesante, por decir lo menos, que decidiera aceptar un encargo de segundo nivel. Mucha vocación de servicio, tal vez. Necesidad económica, puede ser. Nostalgia por los reflectores es otra posibilidad. En su anterior paso por la Miguel Hidalgo tuvo fama fugaz cuando decidió crear una suerte de policía delegacional con uniformes y equipos negros que bien pronto les ganaron el burlón mote de los Robocops. Y digo burlón porque al primer enfrentamiento con, si mal no recuerdo, vendedores ambulantes, salieron los Robocops por piernas. A su jefe se le había olvidado entrenarlos y capacitarlos. El uniforme negro no era suficiente, como más de un aspirante a fascista ha debido aprender a la mala.

En su nueva encarnación delegacional, Arne aus den Ruthen Haag se lanzó a exhibir públicamente a infractores y abusivos. La señora tirando la basura en la calle, los guardaespaldas estacionados en lugares prohibidos, y así por el estilo. En medio del revuelo y las críticas en torno al uso que le estaba dando a dicha herramienta, yo pensé que podría tener razón, y así lo dije y lo escribí. No sólo porque me parece que en un país como México, tan alejado de la cultura de la legalidad, el escarnio público puede ser un buen disuasor, sino porque el enfoque era contra los personajes más oprobiosos de nuestra sociedad: los abusivos, los prepotentes.

Hasta ahí todo iba bien, pero ante algunos de los cuestionamientos Arne aus den Ruthen reaccionó de una manera visceral y ofensiva, acompañado por una horda de tuiteros que más parecen linchadores profesionales. Después de confrontar agresivamente a varios críticos, el funcionario cometió una grave falta: quiso insinuar que sus detractores lo eran por interés económico o por consigna política. Intentó, en un claro abuso de autoridad, manchar la reputación de mi respetado colega Genaro Lozano con un infundio que, además, se sustentaba en el uso y difusión indebida de documentos de la delegación Miguel Hidalgo. Se le salió el pequeño tirano, censor y represor, pero fracasó. Sus dichos no se sostuvieron.

Hace unos días, el mencionado empleado delagacional tuvo otro arrebato: se lanzó a “periscopear” a sexoservidoras en plena calle, sin respeto alguno a su privacidad y poniendo en riesgo su integridad física. A diferencia de los otros casos, confundió, por desconocimiento o por prejuicios, el papel de estas personas y la manera en que funciona la prostitución, y de cómo países civilizados buscan enfrentar el fenómeno. Las víctimas aquí son las mujeres, y se debe buscar protegerlas, rescatarlas. La manera de hacerlo es sencilla: la autoridad va tras los padrotes/madrotas y contra los clientes, los Johns, como se les conoce.

Cuando osé tuitear mi crítica, Arne respondió en su típico estilo retador y sus fans salieron a atacar e insultar, como suelen hacer con quien toca a su ídolo, así sea con el pétalo de una rosa. Pensando que podría yo tener un diálogo pensante y respetuoso con él, le escribí varios mensajes directos (es decir, privados) acerca de mi experiencia y conocimiento de esa problemática, en tono por demás comedido y respetuoso. Arne aus den Ruthen se limitó a un par de ocurrencias, se rehusó a
deslindarse o a criticar a quienes en su supuesta defensa ofenden y amenazan y, por supuesto, jamás contestó a mis mensajes directos. Para qué, si eso implicaría entrar al tema de fondo y tal vez hasta reconocer un error.

Yo no tengo tanto empacho en reconocer los míos: me equivoqué cuando defendí a Arne aus den Ruthen y su uso de Periscope. En manos de un autoritario que menosprecia las leyes y la dignidad de las víctimas, es un peligro.

Analista político y comunicador.

@gabrielguerrac

FB: Gabriel Guerra Castellanos

www. gabrielguerracastellanos.com

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