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Se acabó

Gabriel Guerra

Los malos viejos tiempos no justifican ni disculpan las múltiples deficiencias de la ley electoral, del árbitro, ni de los jugadores

Cosa curiosa, las campañas más breves de la historia (sólo dos meses gracias a la nueva legislación electoral) parecieron las más largas. Interminables. Entre el diluvio de spots y su ínfima calidad por un lado, y las trampas de partidos y candidatos que doblaron la ley hasta romperla, los ciudadanos nos quedamos agobiados, agotados, hastiados.

No recuerdo campañas más sucias, más sosas, más ineficaces que estas. Propagandistas que parecían contratados por los peores enemigos de sus candidatos, filtraciones, acusaciones, manipulación encubierta y descarada. Las redes sociales sirvieron para evidenciar muchos de los excesos y abusos, pero también para cometer otros tantos. Los trolls se dieron vuelo, y el día de la elección se vistieron de lujo y de verde. El descaro de los dizque famosos tuiteando a su favor fueron el perfecto colofón a una campaña basada en la trampa sistemática.

Escribo estas líneas cuando las casillas están por cerrar en la mayor parte del país, pero sin que existan todavía resultados preliminares. Hasta ahora los reportes de incidentes violentos e irregularidades mayores son afortunadamente muy pocos, y todo parece indicar que los vaticinios del desastre no se cumplirán. Tixtla, Guerrero, es una obvia excepción, pero para quienes como yo recuerdan las elecciones antiguas, estos nuevos tiempos son bienvenidos.

Pero los malos viejos tiempos no justifican ni disculpan las múltiples deficiencias de la ley electoral, del árbitro, ni de los jugadores. Ya vimos muchas de sus deplorables consecuencias, y faltan otras tantas. Más que las encuestas de salida o los conteos rápidos, en esta ocasión las apuestas se enfocan a saber cuántas de las elecciones locales, estatales o federales terminarán ante tribunales, con el voto de los abogados contando igual, o superando, al de los votantes.

Estas elecciones fueron la prueba de fuego del nuevo instituto electoral. Es demasiado pronto para juzgarlo, pero por lo pronto ya queda marcado por la frivolidad y superficialidad de su presidente, quien flaco favor le hizo al proceso y al instituto al que sirve con sus malos intentos por trivializar y encontrarle humor a los muchos y muy importantes obstáculos que han enfrentado las elecciones. Y no me refiero a las grabaciones ilegales, que lo exhiben como una persona desagradable, sólo hablo de sus expresiones públicas.

Yo acudí a votar con mi familia hacia el mediodía y debo decir que fue sencillo y ágil el procedimiento. Mi experiencia, totalmente empírica, y las crónicas que leo en medios y redes sociales me hacen pensar que la participación fue muy baja. Espero que en otras demarcaciones, más competidas, la afluencia haya sido mayor. Supongo que sobre todo en las contiendas estatales, que se anticipaban muy cerradas, lo habrá sido.

No puedo dejar de mencionar aquí lo que me parece un asunto mayor: el franco y abierto desafío de grupos cercanos a la CNTE, aunque no necesariamente afiliados a ella, que rechazan abiertamente la vía democrática y buscan a toda costa evitar que les elecciones se lleven a cabo. Acotados por la fuerte presencia policiaca y militar, su impacto en esta ocasión fue limitado, pero el reto está ahí. Ignórelo quien quiera, bajo su propio riesgo.

Abrí este texto hablando de las trampas de algunos, especialmente del Verde, y lo cierro mencionando el desafío de la CNTE. Ambos, cada cual en su estilo, son una verdadera amenaza para la democracia. Unos queman, otros compran. Los dos violentan el proceso y merecen el castigo de la ley. Las instituciones del Estado mexicano deberán castigarlos si es que desean conservar algo de legitimidad y credibilidad.

Si no lo hacen, los ciudadanos les pasaremos la factura en tres años.

Analista político y comunicador.
@gabrielguerrac
www.gabrielguerracastellanos.com

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