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Para qué tanto problema, cantaría con brío Juan Gabriel, o de semejante manera, parafraseando al popular refrán, “para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo”, ambas expresiones se aplican cabalmente a la necedad más que a la necesidad por no desistirse de un proyecto irracional, sin sentido y sin aval, cuya única virtud ha sido generar encono, indignación e innecesariamente agudizar la brecha entre ciudadanos y autoridades, relación de hecho frágil y delicada.
La pregunta inicial que uno debe hacerse sobre el proyecto del denominado Corredor Chapultepec es si realmente existe tal necesidad, el término “Declaratoria de necesidad” se deriva de un procedimiento administrativo para otorgar una concesión, pero en este caso la necesidad, en términos objetivos, tal y como está planteada, no existe; por el contrario, necesidad de recuperar y mejorar la Avenida Chapultepec con criterios sensatos y accesibles desde luego que sí, más no mediante la intrusión innecesaria de una superestructura invasiva y simuladora de un supuesto beneficio público.
Si a necesidades nos referimos, a la ciudad le abundan y sobran, no alcanzarían varias administraciones y generaciones para solventarlas, desde luego cada una de ellas establece sus prioridades para actuar. Veamos; ¿Es necesario abrir un frente comercial a la mitad de una vía y espacio público en una zona que de hecho ya se encuentra saturada de ello, además de obligar a los peatones a subir uno y dos niveles para ofrecerles “áreas verdes” y cubrir de penumbra la calle?, lo que se requiere es precisamente todo lo contrario, un espacio público digno, transitable, amable, accesible, seguro, arbolado, bien iluminado y articulado a nivel de banqueta sin obstáculos y barreras físicas, donde no se considere a los ciudadanos como simples consumidores sino como miembros de una ciudad plural y democrática que apuestan a la convivencia y a la recomposición del tejido social, como bien apunta un comunicado a la opinión pública y una carta a las autoridades firmada por cerca de 500 vecinos, diversas organizaciones, arquitectos, urbanistas, artistas, comunicadores y miembros de la comunidad cultural.
Durante las semanas recientes, la polémica ha ocupado un espacio significativo en los medios, redes sociales, asambleas vecinales, presentaciones públicas, así como en diversos foros académicos, gremiales, políticos y de especialistas, donde la constante ha sido el rechazo tanto a la propuesta como a su procedimiento.
A pesar de los esfuerzos de los promotores por pretender convencer de los supuestos beneficios del proyecto, la respuesta de la ciudadanía nos ha hecho recordar la legendaria frase de Galileo: “Y sin embargo, se mueve”, efectivamente, la ciudadanía se mueve y entona; “pero qué necesidad, para qué tanto problema, no hay como la libertad de ser, de estar, de ir, de amar, hacer, de hablar, de andar así sin penas...”
Arquitecto
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