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Hoy 10 de mayo celebramos en México el Día de las Madres, una fecha emblemática en la que en todo el país se despliega una parafernalia festiva que busca honrar esta importante figura social desde prácticamente todos los ámbitos.
Una fecha además que, como muchas otras conmemoraciones, funge como un aglutinador familiar importante y sirve también a propósitos comerciales, por lo que supone una inyección económica considerable en el sector de bienes y servicios.
Sin embargo hay que tener cuidado de que en medio del ímpetu festivo no se deje de lado un propósito esencial para esta fecha: reflexionar sobre la figura materna y cómo ha cambiado en el tiempo.
La sociedad ya no es la misma que la de hace 60 años, cuando apenas se estrenaban las mujeres en el ejercicio del voto en México. Tampoco es la de hace 30 años, cuando todavía eran los hombres, en mayoría, los pilares económicos (que no estructurales) del hogar. En todos esos años han cambiado también las madres. Nunca cumplieron todas con la imagen de sumisión y resignación que se reflejaba en las películas del Cine de Oro mexicano. Mucho menos ahora.
Lo publicado hoy en las páginas de este diario es una muestra de que no existe un prototipo de madre, sino múltiples tipos, todos legítimos, definidos cada uno por las condiciones sociales, económicas, el historial de vida, los rasgos culturales y la ideología. Y más importante aun: son cada vez más las mujeres que, de manera consciente, deciden no tener hijos. Valen tanto como las madres.
Por ello, en el marco de esta fecha, sería deseable que se refexionara sobre el rol de las madres en toda sociedad, festejarlo, sin olvidar que la facultad reproductiva y de crianza de una mujer no define su valía como ser humano.
Cometer el error de santificar una cierta figura de la madre, por encima de los muchos tipos de maternidades y de mujeres que existen, llevarían a mantener a la sociedad al margen del progreso democrático que sí ha caracterizado a otros países del llamado primer mundo.
Es un día para preguntarnos: ¿Tienen la madre soltera, el padre merecedor de una patria potestad no otorgada, la mujer en búsqueda de adopción —entre muchos otros modelos de familia no convencionales— la aceptación social y las herramientas institucionales para formar familias felices en México? Las dificultades expresadas por los protagonistas de esas historias prueban lo contrario.
Celebrar a la madre es importante. La figura sostiene, hoy como siempre, la cohesión de la sociedad. Ello no significa alabar a un tótem lleno de estigmas.
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