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Revalorizar el trabajo no remunerado

26/11/2016
02:10
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Es de sobra conocido que la familia es la primera institución social en la que un individuo se incorpora. Es ahí donde se gestan los valores y actitudes que lo formarán y lo prepararán para desenvolverse en sociedad.

A pesar de la importancia que recae en el seno familiar pocas veces se toman en cuenta el tiempo y el esfuerzo que las madres aplican a esta labor formativa y por la que no reciben remuneración alguna.

De acuerdo con cifras del Inegi el trabajo no remunerado, como el de las amas de casa, representa 20.5% del PIB nacional y, a pesar de ello, su contribución no ha sido valorada en su justa dimensión.

Se considera erróneamente que al ser un trabajo realizado por el bienestar de hijos y familiares, el trabajo doméstico no implica algún esfuerzo mayor. Incluso se llega al extremo de exigir a las mujeres que realizan otra actividad hacerse cargo de estas tareas como si fuese una “obligación natural”.

Ideas como estas ponen el acento en cuestiones que se deben erradicar del imaginario social: la falsa concepción de que el trabajo, si no es bien pagado, no vale, o que las mujeres, por el simple hecho de serlo, tienen que hacerse cargo de las labores domésticas. Son lastres para eliminar.

Aunado a ello, estas actitudes resaltan la gran desigualdad en la que todavía viven millones de mujeres en nuestro país. El considerar que debe existir algo parecido a una división en el trabajo marcado por el género de las personas es una actitud discriminatoria y machista, pues impide el pleno desarrollo de las mujeres en ámbitos profesionales.

Si se busca un verdadero cambio en la situación del trabajo no remunerado se necesita de esfuerzos institucionales y gubernamentales para conocer a fondo cuál es la situación de más de dos millones de personas que viven y laboran en estas condiciones. Los análisis estadísticos con los que se cuenta hasta ahora resultan insuficientes para entender la complejidad de este fenómeno enraizado en la sociedad.

La tarea de la madre de familia, y en general de todo el trabajo no remunerado, necesita ser revalorizada y, precisamente, las amas de casa pueden aportar en este sentido inculcando en los hijos valores de igualdad ante el otro, sea cuál sea la condición de éste. Aprender desde la infancia que todas las personas tienen el mismo valor y la misma responsabilidad en un hogar es un primer golpe emancipador para interrumpir la cadena de injusticias dentro del hogar.

La sociedad tiene la responsabilidad de buscar el reconocimiento a la labor doméstica. A partir de ese logro se generaría el desarrollo de mejores mexicanos para bien del país.