Suicidio económico

Editorial EL UNIVERSAL

Con el paso de los días desde el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, se han vertido múltiples posicionamientos, cifras y datos que resaltan la inviabilidad de las principales banderas de campaña del magnate y que involucran directamente a México. La construcción de un muro fronterizo y la deportación de millones de migrantes son acciones de obvio perjuicio para la nación vecina tanto por el costo de implementarlas como por el perjuicio a la economía estadounidense.

La propuesta más perjudicial en el largo plazo para Norteamérica sería la renegociación o definitivo abandono del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En un mundo en el que los países se integran en bloques comerciales para incrementar su competitividad internacional, quebrar la alianza entre México, Estados Unidos y Canadá llevaría a los tres a una situación de desventaja.

Al respecto, el estudio Cómo el comercio con México impacta el empleo en EU, del Instituto México del Woodrow Wilson Center, afirma que desmantelar el TLCAN pondría en peligro cerca de 5 millones de empleos estadounidenses. De acuerdo con el documento, uno de cada 29 empleos en Estados Unidos depende del TLCAN, y en caso de frenar los flujos comerciales, como pretende Trump con la imposición de aranceles, 4.9 millones de estadounidenses perderían sus trabajos. Es lógico, lo mismo pasaría si se terminara el intercambio entre naciones tan cercanas como Argentina y Brasil o Francia y Alemania.

Estos datos prueban algo que el sentido común indicó desde que esta propuesta se conociera: sería un suicidio político para Donald Trump abandonar el acuerdo entre las tres economías de América del Norte, que sobradamente ha demostrado sus beneficios, en especial para la economía de los estadounidenses, quienes tendrían que pagar más caro no sólo por sus productos, también por insumos usados en sus industrias.

El eventual desmantelamiento del TLCAN no generaría entonces empleos, ni beneficiaría a la industria estadounidense, ni coadyuvaría a “hacer grande a América nuevamente”, como dice en cada oportunidad el presidente electo. Más bien generaría inflación y pérdida de exportaciones en Estados Unidos. La industria estadounidense importa de México más de 100 mil millones de dólares en insumos que luego usan para poder comercializar productos a un precio competitivo en el mercado internacional.

En lugar de acabar con dos décadas de integración económica, la anunciada revisión del tratado debería aprovecharse para profundizar las oportunidades del pacto.

Una relación comercial entre dos naciones vecinas como la que históricamente ha existido entre México y EU, no puede tirarse por la borda. Estados Unidos y México dependen uno del otro ahora más que nunca.

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