Guerrero: vivir con temor

Editorial EL UNIVERSAL

¿Cómo acabar con la vida social y comercial de una ciudad? Permitiendo la instalación de grupos criminales, incumpliendo con tareas de coordinación con grupos federales enviados para contener la violencia, no investigando los crímenes ni recomponiendo el tejido social. Así, de ese modo, se ha acabado con la cotidianidad de Chilpancingo, la capital de Guerrero.

En esa ciudad, de acuerdo con un trabajo que ha presentado EL UNIVERSAL, todos coinciden en que el ambiente se enrareció desde 2008, pero desde 2010 cambió la vida citadina para la población. Por protocolo de “sobrevivencia” ninguna ambulancia llega al sitio donde se haya generado violencia, antes de que llegue la policía; ya no se puede hablar con libertad ni en las calles ni en los taxis. No se dice “narcotráfico” ni “narcotraficantes”, por referencia es “maña” o “esa gente”. Los pocos empresarios que aún residen también han modificado sus labores habituales. Sus negocios están blindados con puertas de acero, cámaras de seguridad, circuito cerrado, y algunos empleados están armados. Parece difícil creer que la descripción anterior es de una ciudad mexicana, ubicada a poco menos de 300 kilómetros (unas tres horas en auto) de la capital del país.

Chilpancingo, junto con Acapulco y otros municipios como Chilapa, Iguala o Coyuca de Benítez son una grave muestra de la descomposición que sufre Guerrero, que en 2014 registró mil 514 homicidios y 2 mil 16 el año pasado.

Autoridades han entrado y salido sin que la situación de inseguridad se modifique. Ante la falta de acciones, para gran parte de la población no hay más opción que el éxodo. La vida comercial de Chilpancingo está acabada. Los únicos negocios que prosperan son los relacionados con la muerte: funerarias, servicios de seguridad y pago de sacerdotes; en los demás sectores hay despidos masivos.

Quizá pasarán varios años antes de que Chilpancingo vuelva a ser la ciudad que describen historiadores locales. Actualmente los habitantes de la población no saludan a casi nadie. No confían en nadie y en temas delicados todo se consulta por señas. Lo más grave es que poco se sabe de medidas que ayuden a recomponer el tejido social.

Para que una sociedad se desarrolle, sus integrantes no deben sentir temor. Que salir a la calle en la noche no represente riesgo, que la apertura de un negocio no se haga con el miedo a que alguien vendrá a extorsionar. Lamentablemente, el cambio se notará cuando desde la cúpula del poder, municipal y estatal en principio, se adopten decisiones contra la inseguridad, pero eso aún no se ve muy claro.

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