Por qué son millonarios los políticos

Editorial EL UNIVERSAL

Le adjudican al difunto líder del PRI, Carlos Hank González, una expresión que desde entonces quedaría como emblema de la clase política mexicana: “Un político pobre es un pobre político”. El dicho se refiere a la habilidad que todo gobernante o legislador “debe” tener para enriquecerse más allá de su salario. Por eso de pronto se dan a conocer estilos de vida de ciertos personajes que no corresponden con el sueldo que ostentan. El “arte” de los políticos de sacar provecho del puesto, al margen del despilfarro del cual sí queda registro en los libros contables, es uno de los elementos que coloca a México en el permanente subdesarrollo.

Luego de contrastar los sueldos de los dirigentes de los partidos, disponibles en páginas de transparencia y solicitadas vía la ley de acceso a la información, este diario encontró que oficialmente las agrupaciones más pequeñas son las que, en proporción, dan salarios más grandes a sus líderes. El Partido Verde reparte más de 95 mil pesos a cada uno de los 11 integrantes de su Comité Ejecutivo Nacional (CEN); el recién creado Partido Encuentro Social eroga cada mes un millón 438 mil pesos para mantener a su CEN; Movimiento Ciudadano paga a personal de mando medio como su tesorero y su secretario 60 mil pesos mensuales. Sorprende en cambio que salarios similares o menores tienen en el PRI y en el PRD.

Pero los datos pueden ser también engañosos. Otra frase acuñada durante el siglo pasado fue: “No me des, mejor ponme en donde hay”. Se refiere a la predilección de los corruptos por ser colocados en cargos donde les sea posible extraer dinero al erario y a los privados, en lugar de sólo recibir una dádiva. El salario de los políticos puede ser minúsculo y aun así no los veremos viajando en Metro o comiendo en modestos restaurantes. Gracias al intercambio de favores, al cobro de rentas, a la asignación discrecional de contratos, es que los políticos se vuelven millonarios, no por el salario que reciben.

Por eso hasta la fecha ha sido difícil implementar en México una economía competitiva de libre mercado. Porque al amparo del poder político se crearon negocios boyantes que nunca permitieron la competencia de quien no fuera amigo de algún funcionario. Durante la era del capitalismo de cuates, que no hemos terminado de desterrar, es que se crearon fortunas que explican la asunción a la aristocracia de familias que antes no tenían nada.

Están todavía pendientes en el Congreso leyes que permitan instrumentar la transparencia en partidos y sindicatos. De esa manera podremos saber más de lo que se conoce. Pero de poco servirá conocer los salarios de los funcionarios o de los políticos mientras no sea obligatoria también la declaración fiscal, de bienes y de intereses. Únicamente de esa forma la ciudadanía podrá contrastar si la vida de lujo de un burócrata, gobernante, juzgador o legislador, corresponde con el sueldo y los negocios que dice tener. ¿Se atreverán? Quien nada debe nada teme.

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