Tamaulipas: el ‘3de3’ de los candidatos a gobernador

Carlos Heredia Zubieta

La violencia y la corrupción despojan de sentido a unos comicios que sólo traerán un cambio de políticos, pero no a uno de política

¿Cómo es posible llevar a cabo campañas electorales en un estado sin gobierno, en una entidad tomada por la narcodelincuencia? ¿Por qué el PRI se ha mantenido en Casa Tamaulipas, aun cuando ha destruido todo vestigio de legalidad y legitimidad en el estado?

La abrumadora mayoría de los tamaulipecos no cree en partidos ni en candidatos.

De Nuevo Laredo a Ciudad Madero y de Matamoros a Tula, lo que la gente quiere es recuperar su tranquilidad. Desde hace cuatro sexenios no hay tregua para los tamaulipecos. La violencia, la corrupción y la impunidad del régimen despojan de sentido a unos comicios que, salvo una sorpresa mayúscula, sólo darán paso a un cambio de políticos, pero no a un cambio de política.

Política de alto riesgo en Tamaulipas, cabeceaba Luis Pablo Beauregard su nota en El País el 13 de abril. La cobertura del diario describe el horror cotidiano tamaulipeco: ‘un tiroteo que parece interminable’; ‘San Fernando, masacre paradigmática’; ‘Tamaulipas, líder en desaparecidos y secuestros’. El cotidiano español acompaña al panista Francisco García Cabeza de Vaca y al priísta Baltazar Hinojosa en sus respectivos recorridos de campaña ante un electorado escéptico, convencido de que gane quien gane nada va a cambiar.

Ahora les toca a los candidatos su turno para cumplir con el ritual de firmar su compromiso 3de3: declaración patrimonial, fiscal, y de conflicto de intereses. Qué bueno que lo hagan, pero trágicamente en Tamaulipas ningún derecho es exigible y ninguna obligación es reclamable. En ausencia de pesos y contrapesos dentro del entramado institucional, o de una sociedad civil vigilante que les cobre muy caro su incumplimiento, los candidatos piensan que el papel aguanta todo y le apuestan al olvido.

Más que promesas, los tamaulipecos quieren respuestas a tres preguntas fundamentales:

1. ¿Cuándo voy a poder transitar libremente y en paz por mi colonia, mi ciudad, y las carreteras de mi estado, sin ser víctima de secuestro, de desaparición forzosa, o de extorsión?

2. ¿Quién va a investigar, juzgar y dado el caso castigar a Manuel Cavazos, Tomás Yarrington, Eugenio Hernández y Egidio Torre, así como a los demás corruptos que tienen a Tamaulipas postrado? ¿Quién va a nombrar a cada uno de los secuestrados y desaparecidos en Tamaulipas, con el fin de exigir justicia para las víctimas y reparación para sus familias?

3. ¿Cómo romper el círculo de corrupción para evitar que el gobierno del estado y los gobiernos municipales sigan siendo usados como botín privado de quien llegue? ¿Cómo regenerar el tejido social permeado por el crimen y revertir el envilecimiento de la política?

El PRI le apuesta a la habitual compra de votos; su candidato pretende un borrón y cuenta nueva para permanecer en la silla. ¿Puede Baltazar deslindarse creíblemente de Tomás Yarrington? ¿Está el candidato priísta a salvo de nuevas revelaciones procedentes de Texas? En todo caso, Baltazar forma parte del status quo y significa más de lo mismo.

Las encuestas señalan buena probabilidad de alternancia en Tamaulipas.

¿Es creíble la promesa de cambio de Cabeza de Vaca? Debe romper el pacto de impunidad interpartidista e intersexenal entre políticos. Enfrenta un grave dilema: si le apuesta a ‘llegar’ a la silla a cambio de impunidad para los ex mandatarios, perderá toda credibilidad. Si le apuesta a buscar la verdad y procurar justicia, sus posibilidades crecerán significativamente.

En Presidencia y en Hacienda poco importan las tribulaciones cotidianas de los tamaulipecos; sólo se trata de acomodar las piezas hacia la sucesión presidencial en 2018. En cambio, para los tamaulipecos, lo que está en juego es la sobrevivencia misma.

Profesor asociado en el CIDE.
@Carlos_Tampico

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