Electorado enojado y élites desconectadas

Carlos Heredia Zubieta

Necesitamos ir hacia la inclusión estratégica que invierta en la gente para desarrollar sus capacidades y aprovechar su talento

Los mexicanos estamos indignados por los insultos de Trump, pero falta preguntarnos, ¿por qué sus votantes están tan furiosos?

Detestamos a Trump, pero no hemos acabado de entender por qué lo sigue tanta gente.

Los republicanos que han votado por Trump en las elecciones primarias y asambleas electorales de precampaña son típicamente hombres blancos (y también mujeres, pero en menor número que los hombres) de clase media y media baja, sin educación superior, que consideran que el país en el que crecieron les está siendo arrebatado.

EU era la mayor potencia económica, tenía las fuerzas armadas más poderosas y una clase media vigorosa y en expansión. Hoy sigue siendo el país preeminente con el mayor poder militar, pero aun cuando su economía crezca, el empleo se ha precarizado y los salarios se han estancado.

Los empleos estables y bien remunerados de la industria manufacturera se han reducido drásticamente o han sido exportados al exterior. La demografía y la composición racial y étnica configuran un horizonte ‘amenazante’ en el que la mayoría blanca dejará de serlo. El gobierno de Obama subsidia a las minorías ‘con el dinero de mis impuestos’, dicen.

Además, muchos de los políticos de Washington en realidad no trabajan para sus electores, sino para los banqueros y las grandes compañías, cuyos cabilderos se meten hasta la cocina para asegurar que los legisladores continúen tratándolos como privilegiados.

El discurso autoritario de Trump encaja a la perfección en el estado de ánimo de los electores enojados. No buscan quién se las hizo, sino quién se las pague: deporten a los mexicanos, graven a los productos chinos y prohíban a los musulmanes entrar a Estados Unidos. Estos chivos expiatorios son distintos del arquetipo anglosajón y Trump promete deshacerse de ellos para restaurar la ‘grandeza’ estadounidense.

Así, Trump ‘normaliza’ barbaridades y simplifica la realidad de manera tramposa y sesgada, transformando prejuicios en ideas aceptables para el gran número de estadounidenses enojados.

Las élites republicanas dicen que el problema es Trump, pero evaden su propia responsabilidad en haber provocado las profundas heridas en el tejido social que hacen viable a un candidato que promueve el odio como el magnate inmobiliario.

Del lado demócrata también hay rabia contra las élites, quizá más enfocada contra el 1% de los más ricos, cuyas fortunas se acrecentaron a partir de la crisis de 2008, mientras millones de estadounidenses perdieron sus casas o vieron esfumarse sus ahorros.

Gane o pierda Trump, los electores enojados seguirán allí. Los mexicanos enfrentamos un desafío muy similar.

Aquí también hay muchísimos electores enojados por la corrupción, que va desde la Casa Blanca de EPN hasta la muy extendida evasión fiscal y la falta de civismo en nuestras ciudades.

Aquí también tenemos racistas que siguen viendo a los pueblos indios, a los afromexicanos y a las mujeres del servicio doméstico como no-personas.

Nuestro modelo económico rentista y excluyente es insostenible. Necesitamos movernos hacia la inclusión estratégica, que invierta en nuestra gente para desarrollar sus capacidades y aprovechar su talento.

Lamentablemente, estamos haciendo todo para que surja un Trump mexicano en 2018, en un país cada vez más desigual, con un puñado de privilegiados que se creen superiores y desprecian profundamente a la mayoría de sus propios compatriotas, a quienes, por cierto, ni siquiera conocen.

Posdata: ¿A qué o a quién le temen quienes envenenan el ambiente previo a la presentación del Informe final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI/CIDH) sobre Ayotzinapa en la última semana de abril?

Profesor Asociado en el CIDE

@Carlos_Tampico

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