Puertas abiertas

Carlos Heredia Zubieta

Para 2016, la canciller Claudia Ruiz Massieu puso a la gobernanza global como prioridad de la política exterior mexicana

El año 2015 estuvo marcado a nivel global por la migración y por el terrorismo.

Por un lado, la crisis migratoria europea quedó grabada en nuestra memoria por la foto del niño sirio Aylan Kurdi, hallado sin vida en las playas de Turquía cuando su familia trataba de llegar a Grecia. Por otra parte, los ataques terroristas en Francia contra el semanario Charlie Hebdo en enero y en el teatro Bataclán en noviembre, dejaron una marca indeleble en nuestros recuerdos.

La canciller federal alemana Angela Merkel fue designada como la persona del año en 2015, precisamente porque su liderazgo permitió abrir las puertas de Alemania a cerca de un millón de refugiados e inmigrantes de Siria, Afganistán e Irak.

Merkel creció en Alemania del Este, rodeada por muros que dividían su país y partían a Europa entre el occidente y el oriente.

La agenda internacional en 2016 estará marcada por la manera en que los gobiernos respondan a estos dos desafíos.

La política del miedo de Donald Trump y Ted Cruz, precandidatos republicanos a la Presidencia de Estados Unidos, y de Marine Le Pen, que encabeza el Frente Nacional francés, etiqueta a los inmigrantes como presuntos delincuentes y terroristas.

En este contexto, la canciller Claudia Ruiz Massieu puso a la gobernanza global como prioridad de la política exterior mexicana en 2016, y anunció la puesta en marcha del programa Puertas Abiertas, que tiene como objetivo el retorno “amable” de los mexicanos que regresan al país.

Entre 2009 y 2014, cerca de un millón de mexicanos regresaron de Estados Unidos a México, mientras que 870 mil se dirigieron a la Unión Americana; estos números se explican por la reunificación familiar y por el incremento en el número de deportaciones.

El Programa Paisano, creado en 1989 y administrado por el Instituto Nacional de Migración (INM), garantiza en el papel los derechos y la seguridad de nuestros connacionales durante su ingreso, tránsito y salida de territorio mexicano.

Sin embargo, para muchos organismos de la sociedad civil, el INM es una institución opaca y burocrática, con perfil policiaco, infiltrada por el crimen organizado, cuyos agentes fronterizos niegan a niños guatemaltecos, hondureños y salvadoreños que huyen de la violencia la opción de solicitar refugio en México.

The New York Times denunció el 4 de enero de 2016 que el gobierno de EPN se caracteriza por evitar la rendición de cuentas y por lavarle la cara a verdades incómodas.

La reforma constitucional de 2011 estipula que todas las personas, nacionales o extranjeros, gozarán de los derechos humanos reconocidos en nuestra Constitución.

Con todo, en su informe 2013-2015 como presidente del Consejo Ciudadano del INM (http://fundar.org.mx/transformar-construyendo-dos-anos-de-presidencia-de...), Rodolfo Córdova Alcaraz, destaca una profunda contradicción: al tiempo que el Programa Especial de Migración mandata a 45 dependencias federales a realizar acciones para el bienestar de los migrantes, hemos sido testigos de un reforzamiento de los controles migratorios como nunca antes visto.

¿Con qué autoridad podemos denunciar el discurso de odio de Donald Trump?

Hay también pasos positivos: la PGR creó la Unidad Especializada del Mecanismo Transnacional de Investigación de Delitos contra Migrantes, y la SRE interpuso sus buenos oficios para resolver el impasse de los migrantes cubanos varados en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua.

La política de puertas abiertas exige reconciliar el discurso de cooperación y buena vecindad hacia los países centroamericanos con una práctica que considere a la persona migrante como sujeto de derechos y facilitador del desarrollo.

Profesor asociado en el CIDE

 @Carlos_Tampico

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