Tamaulipas: ¿masoquismo electoral?

Carlos Heredia Zubieta

La gente no es masoquista. No vota por el PRI por entusiasmo o convicción; lo hace porque no tiene ningún líder de oposición enfrente

¿Por qué en un estado tan lastimado por la corrupción, la violencia y la impunidad el PRI obtuvo carro completo?

Tamaulipas es uno de los nueve estados que nunca han experimentado la alternancia política en la gubernatura —junto con Campeche, Coahuila, Colima, Durango, Hidalgo, Estado de México, Quintana Roo y Veracruz—.

El 7 de junio se registró ‘carro completo’ en once estados. En Durango, Hidalgo, Nayarit, Quintana Roo, Tamaulipas y Zacatecas el PRI se llevó todos los distritos; el PAN arrasó en Baja California, Baja California Sur, Guanajuato y Querétaro, y el PVEM acaparó la geografía electoral de Chiapas.

¿Cómo fue el desempeño electoral en estados marcados por la inseguridad pública y el crimen organizado? Chihuahua dividió la votación entre el PRI y el PAN. Michoacán y Guerrero optaron por la alternancia en la gubernatura, en el primer caso del PRI al PRD y en el segundo a la inversa, del PRD al PRI.

Sin embargo, otros estados muy sacudidos por la violencia en años recientes, como Nuevo León y Jalisco, han visto una explosión de la movilización ciudadana. Jaime Rodríguez El Bronco avasalló al PRI y al PAN en el primero, mientras que Enrique Alfaro le ganó dos a uno al PRI en la alcaldía de Guadalajara y jaló consigo a candidatos triunfantes en el Congreso del estado. En el DF, un electorado hastiado por la corrupción en las delegaciones le dio su voto a Morena, que en su estreno electoral le arrebató al PRD cinco delegaciones y será mayoría en la Asamblea Legislativa.

¿Por qué en Nuevo León, en Jalisco, en Querétaro y en el DF sí, y en Tamaulipas no? En Tamaulipas no hubo elecciones estatales, pero apunto varias hipótesis respecto a rasgos que están presentes en las entidades o ciudades que han ingresado a la modernidad política y votan libremente:

1.— Una base productiva con empresas competitivas de arraigo local, con trabajadores calificados con un horizonte de movilidad económica y social ascendente; en resumen, economías que no dependen del patrimonialismo y clientelismo del gobierno;

2.— Una sociedad organizada y movilizada, con un electorado informado, con amplios segmentos de clase media con pensamiento autónomo, que deciden por sí mismos, y que utilizan las redes sociales para vigilar y exigir cuentas del desempeño de los funcionarios gubernamentales;

3.— Liderazgos políticos locales y estatales que han aprovechado los factores listados líneas arriba. El Bronco y Alfaro pueden no ser una maravilla, pero se conectaron perfectamente con el estado de ánimo de la sociedad, e hicieron alianzas con la gente, no con los caciques políticos ni con la delincuencia.

En Tamaulipas hay mucho dolor a causa del crimen, y mucho hartazgo por la vieja política. Sin embargo, PAN y PRD son partidos debilitados y fragmentados, con dirigentes más ocupados en disputarse candidaturas y prerrogativas que en construir una alternativa al PRI.

La gente no es masoquista. No vota por el PRI por entusiasmo o convicción; lo hace porque no tiene enfrente a ningún liderazgo de oposición que se interese en escuchar a los ciudadanos. Hace falta abrir vías para que canalice su indignación y transforme su miedo en nuevas formas de participación política.

Sergio Fajardo, ex alcalde de Medellín, hoy gobernador de Antioquia, Colombia, construyó con la ciudadanía una exitosa estrategia en zonas pobres castigadas por la violencia mediante la recuperación de parques y otros espacios públicos, la promoción de la lectura y la creación artística, con énfasis en niños y jóvenes. Hoy dice: “juntos le devolvimos la dignidad a un pueblo que sólo recibía migajas y encima lo agradecía”.

¿Quién es el Fajardo —o El Bronco— tamaulipeco?

Profesor asociado en el CIDE.
@Carlos_Tampico

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