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¿Y si Trump gana?

Si lo logra, irá con desventaja a la elección general de noviembre próximo
08/03/2016
02:15
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No es broma. Donald Trump bien puede ser el próximo presidente de los Estados Unidos. Cierto, aún no asegura la nominación del Partido Republicano. Si lo logra, irá con desventaja a la elección general de noviembre próximo. Aun así, las probabilidades de que se vuelva el próximo inquilino de la Casa Blanca no son despreciables. Ha llegado por tanto el momento de pensar en las implicaciones que tendría ese escenario. Van algunos apuntes rápidos:

1. La promesa de construir un muro a lo largo de los 3 mil kilómetros de frontera entre México y Estados Unidos no es cumplible. No porque su costo sea descomunal o porque nuestro país se niegue a pagar tamaño despropósito, sino por la infinidad de obstáculos legales y logísticos que enfrentaría un proyecto de esa naturaleza (derechos de vía, regulaciones ambientales, etcétera). Sin embargo, un muro no es la única (o la mejor) manera de endurecer la frontera. Una administración Trump probablemente aumentaría el tamaño y las capacidades de una Patrulla Fronteriza ya fortalecida (su tamaño se ha más que duplicado desde 2001). Diversos sistemas remotos de vigilancia (drones, cámaras, etcétera) podrían desplegarse más agresivamente. En general, la frontera se haría más impermeable si Trump llega a la presidencia. Con ello, se intensificaría el conflicto entre bandas criminales por el control de las rutas de tráfico ilícito que permaneciesen abiertas. El resultado: más violencia del lado mexicano de la frontera.

2. El presidente Obama ha deportado a más de dos millones de extranjeros desde 2009. Si es fiel a su retórica, Trump sería mucho peor. Las órdenes ejecutivas que hoy protegen a una parte considerable de la población inmigrante serían abrogadas. Eso conduciría a un aumento acelerado en las deportaciones de mexicanos. En un contexto de tensión en la relación bilateral, los programas de repatriación ordenada podrían verse afectados. En consecuencia, un buen número de deportados, algunos con antecedentes penales, podrían ser simplemente botados en las ciudades fronterizas.

3. En una hipotética administración Trump, la Iniciativa Mérida no tendría futuro. Por una parte, Trump podría presentar la cancelación de la asistencia a México como una manera de hacer “pagar” a nuestro país por el muro fronterizo. Por otra parte, sería tóxico para el gobierno mexicano cooperar abiertamente con una administración estadounidense decidida a sellar la frontera y deportar a millones de mexicanos. La suspensión de la Iniciativa no sería significativa en términos prácticos: actualmente, los fondos recibidos de EU representan menos del 2% del gasto de seguridad en México. Pero en términos simbólicos, los efectos serían mayúsculos. Significaría regresar a la era de las recriminaciones mutuas. Inyectaría una dosis letal de desconfianza en los vínculos entre agencias de seguridad de ambos países. Es previsible que algunas dependencias seguirían colaborando con sus contrapartes (ejemplo, la Marina con la DEA), pero esa cooperación sería mucho más dependiente de arreglos ad hoc y relaciones personales entre funcionarios.

En resumen, con Trump en la presidencia, la desconfianza se convertiría en la característica dominante de la relación entre México y Estados Unidos. La frontera se volvería una región mucho más conflictiva. Las comunidades mexicanas en EU quedarían sometidas a acoso sostenido. El país tendría que afrontar el posible regreso, voluntario o no, de millones de migrantes.

La frase está trillada de tanto usarse, pero bien cabe en este caso: un posible triunfo electoral de Donald Trump debería leerse en México como una amenaza a la seguridad nacional. Así de sencillo, así de claro.

Analista en seguridad

@ahope71