Presidencia pararrayos

Agustín Basave

El líder es el líder, qué caray, y tenga o no vela en el entierro alguien querrá meterlo al ataúd

Hace tiempo le expresé a un amigo perredista mi preocupación por el pequeño margen de maniobra que nuestro Estatuto da a la Presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del Partido de la Revolución Democrática. Las decisiones las toma el CEN y, en rigor, la única facultad que el presidente puede ejercer sin su aprobación es la de la vocería. Mi amigo me respondió: “aunque no lo creas, este es un partido presidencialista”. La verdad está, como siempre, en medio: estatutariamente el PRD ronda el asambleísmo, culturalmente propende al presidencialismo.

En la historia del partido, la Presidencia se fortaleció de dos maneras: primero con el caudillismo y después con presidentes montados en esa suerte de gobiernos de coalición de corrientes que se dan por el parlamentarismo interno. Pero ahora que la Presidencia recae en un militante que no pertenece a ninguna tribu, y que la alianza que lo (me) llevó ahí se ha roto, queda al descubierto la precariedad del cargo. Y no, eso no resta un adarme a la inercia cultural que induce a buena parte del perredismo a pedir al presidente que resuelva cualquier problema. Aunque opere casi solo y a la intemperie, se espera que arbitre conflictos, ponga orden en las dirigencias, solucione carencias financieras, decida candidaturas. No importa que no tenga atribuciones ni recursos para hacerlo. El líder es el líder, qué caray, y tenga o no vela en el entierro alguien querrá meterlo al ataúd.

La elección de nuestro candidato a gobernador de Oaxaca es el ejemplo más reciente de esta cultura presidencialista. Se convocó al CEN a sesionar allá, paralelamente al Consejo Estatal, porque se consideró que la presencia de la dirección nacional inhibiría los infaltables e inefables esfuerzos por reventar nuestras sesiones electivas. Quizá lo logramos, porque al menos dos de esos intentos se frustraron y el Consejo se instaló, votó, eligió candidato y le entregó constancia de mayoría, algo que no suele ocurrir en el día de la convocatoria. Pero el otro precandidato, el que no ganó, señaló anomalías y apeló a los recursos de impugnación a los que tiene derecho. Se trata del mismo a quien semanas antes yo recibí cuantas veces me lo pidió y, en aras de la certidumbre y por mi propia iniciativa, lo reuní con el gobernador. Aquel a cuyos representantes atendí durante la sesión del Consejo: a las autoridades del estado les pedí que sacaran a la policía del hotel para que no entorpeciera el registro de consejeros y a la secretaria general que arreglara los problemas del padrón. Además, contribuí a que el CEN reafirmara que la votación debería ser por mayoría calificada y no simple y a que si ninguno alcanzaba los dos tercios de los votos no habría una segunda vuelta sino que se atraería la decisión. Cierto, no difundí el último sondeo, como tampoco divulgué la opinión de un partido aliado que favorecía a su adversario, pensando en evitar más turbulencias en un Consejo que en otra ocasión se dirimió a balazos. Con todo, es obvio que yo no inventé los usos y costumbres del PRD ni dirijo a ninguna de las expresiones del perredismo oaxaqueño que votaron en su contra, y todo perredista experimentado sabe que mis aciertos o errores no repercutieron en el resultado. Pero eso es lo de menos; la salida fácil y rentable para él era culpar al presidente de su derrota.

Ni hablar, son gajes del oficio, alimentados por el mito de que quien preside el PRD es un todopoderoso desfacedor de entuertos. No me queda más remedio que servir al partido como pararrayos y pugnar por modificar su Estatuto para que de veras la Presidencia tenga la fuerza que requiere más allá de las corrientes. Eso sí, no voy a permitir que nadie me calumnie: es una vil mentira que haya habido un pacto para que los sondeos determinaran la candidatura. Algunos en el partido dicen, malamente, que “acuerdo mata estatuto”, pero en este caso ni siquiera se llegó a un acuerdo. Yo jamás di mi palabra de que el que ganara una encuesta sería el candidato y quien lo afirme es, simple y llanamente, un mentiroso. Por lo demás, ya llegará el momento de hablar de traiciones.

PD a la fuente: no voy a estar hoy en la conferencia de prensa porque voy a Quintana Roo, pero ya me tomé un té de tila.

Presidente nacional del PRD

@abasave

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios