13 | NOV | 2019
¿Qué sigue para Sudán después de la larga dictadura de Omar al-Bashir?
Una persona ondea la bandera nacional de Sudán - Foto:Hussein Malla/AP

¿Qué sigue para Sudán después de la larga dictadura de Omar al-Bashir?

28/06/2019
14:37
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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Después de 30 años de régimen autoritario, Sudán lucha para encontrar el camino hacia un gobierno democrático y el desarrollo económico, en una región azotada por conflictos e intervención extranjera

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Después de 30 años de régimen autoritario que vio una guerra civil, divisiones étnicas y la partición de su territorio, Sudán, el tercer mayor país africano, lucha para encontrar el camino hacia un gobierno democrático y el desarrollo económico, en una región azotada por conflictos e intervención extranjera.

Meses de protestas masivas que comenzaron en 2018 llevaron a un golpe el 11 de abril que derrocó al presidente Omar al-Bashir, elegido tres veces de forma fraudulenta luego de tomar el poder en 1989.

Durante su gobierno, respaldado por las tribus árabes musulmanas del norte, Bashir continuó la lucha contra los separatistas cristianos y animistas del sur encabezados por el Ejército de Liberación Popular de Sudán, que dejó más de dos millones de víctimas y millones de personas desplazadas y en la hambruna.

En 2005 un acuerdo cesó las hostilidades, otorgando a Sudán del Sur autonomía por seis años; al concluir ese periodo, seguido por un referéndum, la región—casi un tercio del territorio total—se escindió en un país independiente, conocido como República del Sur de Sudán (RSS).

Hoy, 75% de las antiguas reservas petroleras de Sudán están en la RSS, mientras que la infraestructura de exportación—incluyendo oleoductos, refinerías y el Puerto de Sudán—se ubica en Sudán.

La pérdida de los ingresos petroleros, en particular procedentes de la región de Juba, contribuyó a la caída de Bashir, ya que fueron eliminados los subsidios al combustible, el pan y la electricidad.

Nuevos conflictos estallaron en Sudán del Sur entre el presidente Salva Kiir y el vicepresidente Riek Machar. La RSS es considerada un “estado frágil” por las agencias de ayuda; este mes, su gobierno y Naciones Unidas reportaron que la cifra récord de siete millones de personasmás de la mitad de la poblaciónenfrenta hambre, debido a la falta de lluvias, la crisis económica y la guerra civil.

Bashir también protagonizó la crisis de Darfur. Enclavada en la frontera occidental con Libia y Chad, Darfur fue escenario de una rebelión lanzada desde principios de los años 80 por la población discriminada no árabe o arabizada.

La despiadada milicia Janjaweed atacó a civiles en respuesta a la insurgencia; la ONU cuantificó en 300,000 el número de muertes, aunque Bashir insistió en que no más de 10,000 perecieron en Darfur; de cualquier modo, el gobernante fue denunciado por genocidio por Washington y en 2009 se convirtió en el primer jefe de Estado en funciones acusado por la Corte Penal Internacional, debido a su presunta campaña de matanzas, violaciones y saqueo.

Bajo arresto

El 17 de junio, Bashir fue acusado por cargos de corrupción, al hacer su primera aparición pública en Jartum desde que fue derrocado en un golpe pacífico.

Sin embargo, las conversaciones entre el Consejo Militar de Transición (TMC) y el movimiento pro democrático que siguieron a su caída colapsaron, después de que las fuerzas de seguridad desalojaron un campamento de protesta instalado frente a la sede del ejército en Jartum.

Los organizadores del plantón denunciaron que más de 130 personas resultaron asesinadas y que decenas de cuerpos fueron arrojados al río Nilo Azul, pero las autoridades anunciaron un recuento menor de 61 muertos, entre ellos tres miembros de la seguridad.

En las últimas semanas, Etiopía y la Unión Africana (UA) han mediado entre ambas partes y uno de los líderes opositores, Sadek al-Mahdi, afirmó el miércoles que el país vecino y la UA presentarán una propuesta de solución a la crisis.

Dirigente del Partido Umma, el mayor de Sudán y ex primer ministro derrocado por Bashir en 1989, Mahdi aseguró que la propuesta incluiría el establecimiento de un legislativo temporal.

En las primeras negociaciones, el TMC y el movimiento de protesta acordaron esa medida, con 67% de los asientos para la coalición Fuerzas por la Libertad y el Cambio (FCC).

“Algunos se han quejado de que 67% para las FCC implica excluírnos. Los mediadores revisarán los porcentajes”, indicó Mahdi. No obstante, el consejo militar lo rechazó, al sostener que la iniciativa se planteó para despejar el camino a las negociaciones y “no para ofrecer propuestas de solución”.

Mahdi también criticó a la Asociación de Profesionistas Sudaneses por su llamado a manifestaciones la próxima semana para que el TMC entregue el poder y para conmemorar el 30 aniversario del golpe de Bashir, apoyado por la Hermandad Musulmana.

Por su parte, el teniente general Salah Abdelkhalek, integrante del TMC, insistió en una entrevista con medios franceses que los militares “no quieren permanecer más de seis o nueve meses” en el gobierno.

En Estados Unidos, Makila James, vicesecretaria asistente para África Oriental y los dos Sudán, expresó a un subcomité de Relaciones Exteriores del Congreso que Washington estudia todas las opciones, entre ellas posibles sanciones, si hay más violencia.

Estados Unidos cree que el mejor desenlace posible es un arreglo entre las autoridades militares y la oposición, indicó al Subcomité para África al elogiar la mediación encabezada por Etiopía.

Washington sancionó a Sudán en el régimen de Bashir por su presunta ayuda a militantes y la guerra en Darfur. Las medidas comerciales se levantaron hace dos años, pero Sudán sigue en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, lo que le impide acceder al financiamiento que tanto requiere de organismos internacionales.

El TMC se ha fortalecido con el respaldo de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que le ofrecieron USD $3 mil millones en ayuda.

En contraste con Egipto, que se inclina por el ejército y quiere estabilidad, las naciones del Golfo Pérsico proporcionan armas y dinero al subtitular del TMC, el teniente general Mohamed Hamdan Dagalo, Hemeti,  porque sus poderosas Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) han enviado miles de soldados para su desastrosa invasión de Yemen, incluido un nuevo contingente el fin de semana.

De hecho, la masacre del 3 de junio en Jartum tuvo lugar tras la visita de Dagalo a Arabia Saudita, donde prometió continuar el despliegue de tropas sudanesas en Yemen—las RSF están formadas por la milicia Janjaweed—y se alineó con El Riad contra “todas las amenazas y ataques” de su rival Irán.

De acuerdo con un análisis del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, un estancamiento prolongado en Sudán puede conducir a que se imponga un nuevo régimen autoritario inspirado en el modelo egipcio del general Abdel Fattah al-Sisi o aún peor, a una guerra civil provocada por las disputas por el poder entre Dagalo, el teniente general Abdel Fattah al-Burhan, jefe del TMC, y otras facciones militares.
 

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