Líbano necesita encontrar su propio camino para la reconstrucción

Las próximas semanas serán críticas para la reconstrucción de Líbano después de la devastadora explosión en el puerto de Beirut

Líbano necesita encontrar su propio camino para la reconstrucción
Miles de personas se reunieron en el centro de Beirut para protestar contra las autoridades libanesas luego de las devastadoras explosiones en el puerto de la capital - Foto: Anwar Amro/AFP
English 14/08/2020 15:30 Gabriel Moyssen Ciudad de México Actualizada 19:23

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Las próximas semanas serán críticas para la reconstrucción de Líbano después de la devastadora explosión en el puerto de Beirut, si el país árabe quiere evitar una inestabilidad más profunda y el riesgo de una nueva guerra civil.

Los desafíos inmediatos para la dividida sociedad libanesa, que ha tomado las calles para exigir justicia, incluyen una investigación imparcial y creíble sobre el desastre del 4 de agosto. Pero una tarea aún más difícil será la reforma de su disfuncional sistema sectario, sin intervención extranjera.

Con respecto a la explosión de 2,750 toneladas de nitrato de amonio almacenadas en el puerto de Beirut desde 2013, que dejó más de 200 muertos y desaparecidos, se espera un reporte en los próximos días. De acuerdo con la investigación ordenada por el presidente Michel Aoun, cerca de 20 funcionarios están bajo arresto domiciliario, mientras que se incautaron las cuentas bancarias de otros.

Un juez ha comenzado a interrogar al mayor general Tony Saliba, jefe de las unidades de la Seguridad del Estado responsables de la vigilancia en la terminal. Al parecer, Saliba preparó un informe sobre el peligro de almacenar el material químico en las instalaciones portuarias y envió una copia a Aoun y al primer ministro Hassan Diab el 20 de julio.

Francia, que ha asumido protagonismo en la crisis como la ex potencia colonial, también investiga las causas del estallido. Bruno Foucher, embajador en Líbano, afirmó que funcionarios galos trabajan como parte de la averiguación judicial abierta después de que un ciudadano del país europeo pereció en la explosión y otros resultaron heridos.

Por ahora, hay consenso en que la catástrofe fue provocada por un enorme caso de negligencia y corrupción característicos de los gobiernos libaneses recientes. Elijah J. Magnier y Pepe Escobar, entre otros periodistas especializados en asuntos de Oriente Medio, han explicado la historia del Rhosus, un barco de carga que navegaba de Georgia a Mozambique y fue detenido para su inspección por las autoridades portuarias durante una escala en Beirut.

La inspección concluyó que el Rhosus no estaba en condiciones de navegar; las autoridades trasladaron su letal carga al Almacén Portuario No. 12 y luego la confiscaron por las deudas del propietario, un oscuro empresario ruso llamado Igor Grechushkin, con residencia en Chipre.

De 2014 a 2017 al menos, una serie de cartas de funcionarios aduanales y de propuestas para librarse del nitrato de amonio, exportandolo o vendiéndolo, fueron ignoradas.

Sin embargo, el 4 de agosto se encargó a un herrero cerrar agujeros en el almacén para evitar robos. No se le informó de su contenido peligroso y la necesidad de tomar precauciones para impedir la dispersión de partículas de metal, que pueden generar un incendio.

El herrero trabajó por casi dos horas cerca de las bolsas de nitrato de amonio de una tonelada etiquetadas como “Nitropril HD”, que descansaban con una filtración en el piso. Una vez que terminó, entre las 16:30 y las 17:00 locales, se observó humo saliendo del almacén.

Presión negativa
Los bomberos acudieron al área y a las 18:08 ocurrió la primera explosión, seguida por otra más de un minuto después. Tras el primer estallido, surgió un incendio que generó más calor, suficiente para que todo el depósito de nitrato de amonio volara y se creara un vacío o presión negativa. La presión del terrible estallido, el mayor no atómico desde 1945, se escuchó hasta Chipre, a más de 190 kilómetros al noroeste.

El nitrato de amonio generalmente es utilizado en la producción de fertilizante y explosivos para minas. Su peligro es bien conocido; hace cinco años, una serie de estallidos, incluyendo uno en un depósito de contenedores cargados con el químico en Tianjin, China, mató a 173 personas.

El daño se extendió a media ciudad, con un costo estimado en USD $15 mil millones y 300 mil personas que se hallan sin hogar. Marwan Abboud, gobernador de Beirut, advirtió de una escasez de alimentos, combustible y abastos médicos, ya que el país importa la mayoría de sus productos básicos.

Previo a la tragedia, Líbano estaba hundido en su peor crisis económica, agravada por la pandemia de coronavirus. Alguna vez el centro bancario y comercial de la región, apodado “La Suiza de Medio Oriente”, el país se encontraba en junio en “una espiral fuera de control”, advirtió Michelle Bachelet, alta comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Mientras que el dinar libanés se depreció 80% desde octubre, Bachelet y el Banco Mundial estimaron que 45% de la población (seis millones, entre ellos dos millones de refugiados) vivían bajo la línea de pobreza, aumentando desde 33% antes de septiembre de 2019.

El precio de los alimentos y productos básicos se ha incrementado en 50% al menos cada mes desde mayo; uno de cada tres libaneses está desempleado y para abril, 75% de la población requería diversos tipos de ayuda.

El descontento provocado por la crisis y la corrupción extendida llevó en octubre a la caída del primer ministro Saad Hariri, jefe del Movimiento Futuro. Considerado un aliado de Francia, Estados Unidos y Arabia Saudita, el sunita Hariri es hijo del multimillonario y ex premier Rafic Hariri, asesinado con un carro bomba en 2005.

Durante su gobierno, Rafic Hariri logró forzar el retiro de las tropas sirias de Líbano, presentes desde el fin de la guerra civil que asoló al país entre 1975 y 1990.

El conflicto transformó a Líbano en campo de batalla de potencias rivales que apoyaban a una o varias de sus 18 sectas religiosas. En 1983, dos camiones bomba destruyeron las bases de Estados Unidos y Francia en Beirut, matando a más de 300 soldados además de marcar el surgimiento de la milicia chiíta Hezbolá como una poderosa fuerza local.

Mientras que el Hezbolá, respaldado por Irán y Siria, logró expulsar al ejército israelí del norte de Líbano en 1984, Hariri ganó popularidad al consolidar la reconstrucción del país hasta su muerte.

El veredicto del juicio en ausencia de cuatro acusados del Hezbolá supuestamente involucrados en el homicidio de Hariri se esperaba el 7 de agosto, tres días después de la explosión en el puerto; ahora está programado que la corte especial de La Haya, con apoyo de Naciones Unidas, emita su fallo el próximo martes.

Diab, un profesor de ingeniería sin vínculos con los caudillos que han medrado con la división sectaria del poder y la asignación de cuotas, fue instalado para encabezar al gobierno como un tecnócrata en enero.

A diferencia del Hezbolá y sus aliados, que poseen la mayoría en el Parlamento, las facciones cristianas maronitas y sunitas aliadas con Saad Hariri boicotearon sus planes, lo que condujo a choques entre sus seguidores. En junio, Aoun, él mismo un ex caudillo cristiano que combatió a las fuerzas sirias en 1989-1990, advirtió que la situación podría detonar otra guerra civil.

Tras la explosión en Beirut, Diab, quien propuso elecciones parlamentarias por adelantado en dos meses luego de su renuncia el lunes, también enfrenta el dilema de negociar un crédito con el Fondo Monetario Internacional, que estaría sujeto al mejoramiento de relaciones con Arabia Saudita y Occidente.

Los cristianos, ex generales y el Movimiento Futuro, opuestos al Hezbolá y su alianza con Teherán y Damasco, han llamado en tanto a formar un gobierno interino de “salvación”, potencialmente encabezado por los militares.

Su objetivo es que los banqueros y dirigentes empresariales participen en la preparación de los comicios, con base en una nueva ley electoral. No obstante, nadie ha planteado una alternativa realista para el reparto sectario del poder, cuando el Hezbolá, el Movimiento Amal y otros grupos chiitas representan casi 42% de la población.

Otro factor perturbante es el retorno de la intervención directa de Francia en la política interna libanesa. Durante su visita a Beirut la semana pasada, Macron rechazó la idea de elecciones legislativas anticipadas y pidió que las facciones se sumen a “un gobierno unido”.

Como co-director de la conferencia internacional de ayuda a Beirut, que prometió USD $300 millones en ayuda humanitaria de emergencia, Macron subrayó que no habrá dinero disponible para la reconstrucción hasta que las autoridades se comprometan a las reformas políticas y económicas.

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Aunque declaró que “no corresponde a un presidente francés escribir por ustedes su historia”, el curso de los acontecimientos dice otra cosa. De vuelta en París, Macron destacó que si Francia no juega su parte, “otras potencias pueden interferir, ya sea Irán, Arabia Saudita o Turquía”.

Actualmente hay por lo menos cuatro buques de guerra franceses y de la Unión Europea en los muelles de Beirut, incluyendo la nave de asalto anfibio Tonnerre con 700 soldados de la Legión Extranjera de élite.

La relevancia geopolítica de Líbano como puerta de la región de Levante no puede subestimarse; en conversaciones con el presidente de Irán, Hassan Rouhani, Macron enfatizó la “necesidad” de evitar “cualquier interferencia del exterior y de apoyar la puesta en marcha de un gobierno que pueda manejar la emergencia”.

En el marco de la escalada de tensiones con Turquía en Libia y el Mediterráneo oriental, Francia también está fortaleciendo su aviación militar en Chipre.

Por su parte, Estados Unidos alista sanciones contra políticos y empresarios libaneses en un nuevo intento de debilitar a Hezbolá. Del mismo modo, amenaza con vetar una resolución para ampliar la misión de pacificación de la ONU en el sur de Líbano, si no es modificado su mandato.

Editado por Sofía Danis
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