26 | MAR | 2019
La pobreza generalizada y la desigualdad son los motores de la migración internacional
Migrantes que viajan en caravana desde América Central hacia los Estados Unidos - Foto: Adrees Latif/REUTERS

La pobreza generalizada y la desigualdad son los motores de la migración internacional

26/10/2018
15:23
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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De las ciudades centroamericanas asoladas por el crimen a los países con bajo crecimiento económico en África y Asia, la pobreza generalizada y la desigualdad son los motores de la migración internacional

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De las ciudades centroamericanas asoladas por el crimen a los países con bajo crecimiento económico en África y Asia, la pobreza generalizada y la desigualdad son los motores de la migración internacional, como podemos atestiguar con el drama que tiene lugar en el sur de México.

Aunque las catástrofes humanitarias causadas por guerras en Oriente Medio—los refugiados que intentan alcanzar las costas europeas en el Mediterráneo,—y en el sur de Asia—los rohingyas que huyen de la “limpieza étnica” en Myanmar—, han dominado la narrativa en los últimos años, la crisis actual en México nos recuerda las raíces profundas de la inmigración.

En América, un caso reciente es el éxodo venezolano a Colombia y otros países vecinos, debido a una combinación de precios del petróleo a la baja—de USD $125 el barril a principios de esta década a USD $68 en agosto—, mala gestión económica, problemas políticos internos y sanciones de Estados Unidos.

Frente a una tasa inflacionaria que alcanzará 1.37% millones este año, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), hasta 1.9 millones de venezolanos han emigrado desde 2015, afirmó el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Sumados a los que les precedieron, se cree que un total de 2.6 millones de personas han dejado el país.

Más de un millón de venezolanos se han establecido en Colombia, seguida por Perú (456,000), Chile (160,000), Argentina (82,000), México (65,784) y Panamá (65,415).

Casi 280,000 venezolanos han solicitado asilo en el exterior desde 2014, incluyendo 117,000 en lo que va de 2018, reportó el ACNUR.

Perú concentra a 45% de los solicitantes de asilo venezolanos, que suman casi 127 mil personas seguidos por Estados Unidos (68,000) y Brasil, con 33,000.

En los primeros seis meses de este año, 1,420 venezolanos buscaron asilo en México, un número cerca de cuatro veces mayor a los 361 solicitantes registrados en 2016.

Otro ejemplo claro para respaldar este argumento es el caso de India, un país donde el ritmo acelerado de desarrollo económico—el crecimiento per cápita fue de 5.5% al año en la última década, resaltó el Banco Mundial—ha sido insuficiente para abatir la pobreza extrema, que se define como vivir con menos de USD $1.90 al día.

El gigante asiático aún tiene alrededor de 70.6 millones de personas que viven en pobreza extrema, si bien ha sido rebasado por Nigeria en el primer lugar mundial, con 87 millones.

Esto significa que en 2017, India fue el mayor país de origen de migrantes internacionales (17 millones en total), seguido por México (13 millones), Rusia, (11 millones), China (10 millones) y Bangladesh (7 millones), destacó el Reporte internacional sobre la migración 2017 de la ONU.

Más barato y rápido

De acuerdo con la ONU y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la movilidad global es posible gracias en parte a la revolución digital, la tecnología que reduce las distancias y la disminución de los costos de viaje que han hecho más fácil, barato y rápido desplazarse en busca de empleo, oportunidades, educación y calidad de vida.

Sin embargo, la brecha económica es más grande que nunca.

Hasta la crisis financiera de 2007, las naciones ricas observaron tasas más elevadas de crecimiento que las subdesarrolladas; diez países africanos, con una población total de 150 millones, tienen un PIB per cápita menor que entre los años 1950 y 1960, al tiempo que el crecimiento promedio de África entre 1980 y 2000 fue de cero.

Hoy, la diferencia entre los países ricos como Estados Unidos y los menos desarrollados, como Madagascar y Laos, es de 50 a 1.

De vuelta a 1960, era de 10 a 1. Incluso el 1% de la población más pobre en Dinamarca tiene un ingreso mayor que 95% de los habitantes de Mali, Madagascar y Tanzania.

Por supuesto, la migración internacional es una calle de dos sentidos que comparte beneficios para los países de origen y receptores.

No hay duda de que los 800,000 solicitantes de asilo que fueron autorizados en Alemania entre 2014 y septiembre de 2017—la mayoría procedente de Siria, Afganistán e Irak, destruidos por la guerra, pero también de Irán, Eritrea y Albania—sostendrán el crecimiento económico a largo plazo como población de reemplazo, debido a las bajas tasas de natalidad en el país europeo.

En Estados Unidos, los migrantes autorizados pagan cerca de USD $223,000 millones en impuestos federales al año y USD $104,000 millones en impuestos locales y estatales, mientras que los migrantes indocumentados pagan USD $11.7 mil millones en impuestos locales y estatales.

Trabajar en el exterior, aseguró un reporte del Foro Económico Mundial (WEF), incrementa los salarios individuales en USD $21,000 al año en promedio; 45% de las personas que viven fuera de sus países expresó que su trabajo es mejor pagado a escala internacional.

Singapur es considerado el mejor lugar para vivir para un extranjero, seguido por Nueva Zelanda y Alemania. Los extranjeros mejor pagados se encuentran en Suiza, Estados Unidos y Hong Kong.

En 2016, los migrantes de las naciones en desarrollo enviaron a casa cerca de USD $413,000 millones en remesas.

“Las remesas constituyen una fuente significativa de ingreso por hogar que mejora las vidas de las familias y las comunidades mediante inversiones en educación, salud, sanidad, vivienda e infraestructura”, enfatizó la ONU.

Las naciones de destino, agregó, se benefician significativamente de la migración, ya que los migrantes “a menudo cubren brechas laborales críticas, generan empleos como empresarios y pagan impuestos y cuotas de la seguridad social. Algunos se cuentan entre los miembros más dinámicos de la sociedad receptora al contribuir al desarrollo de la ciencia y la tecnología, además de enriquecer a sus comunidades al aportar diversidad cultural”.

Por ello, no es una sorpresa que los más de 7,000 refugiados que escapan en la caravana de la pobreza desesperante, la represión y la violencia rampante en Centroamérica, pese al sol quemante, las amenazas de la administración Trump y el gas lacrimógeno lanzado por la policía mexicana en la frontera guatemalteca, cantaran “los migrantes no son criminales, somos trabajadores internacionales” y “¿Por qué nos matan? ¡Somos la esperanza!”.

Editado por Sofía Danis
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