Juicio en Noruega muestra los excesos de la derecha populista en el poder

Lo que probablemente empezó como una venganza personal se ha convertido en el juicio para “proteger la democracia” en Noruega, al mostrar los excesos de la derecha populista en la coalición de gobierno de la primera ministra Erna Solberg

Juicio en Noruega muestra los excesos de la derecha populista en el poder
El juicio de Laila Anita Bertheussen ha arrojado luz sobre la conexión encubierta entre políticos de derecha y sitios web de extrema derecha - Foto: Tomada de la cuenta de Instagram de Black Box Teater (@blackboxteater)/Leif Gabrielsen⁣
English 18/09/2020 13:50 Gabriel Moyssen Ciudad de México Actualizada 14:25
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Lo que probablemente empezó como una venganza personal se ha convertido en el juicio para “proteger la democracia” en Noruega, al mostrar los excesos de la derecha populista en la coalición de gobierno de la primera ministra Erna Solberg.

La historia del proceso judicial que inició la semana pasada captando la atención del país nórdico, definida por comentaristas políticos como “absurda” e “increíble”, tuvo su origen a finales de 2018 en un teatro de Oslo.

Laila Anita Bertheussen, pareja del ministro de Justicia y Seguridad Pública Tor Mikkel Wara en los últimos 26 años, asistió sorprendida e indignada a la representación de la obra Formas de verlo. Su propia casa era exhibida en video junto a las de otros políticos derechistas, como Jens Stoltenberg, secretario general de la Alianza Atlántica.

 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La trama de la obra, montada por la pequeña compañía Black Box Teater, hablaba de cómo los migrantes arriban a Noruega creyendo que han escapado de la discriminación y del racismo, sólo para encontrarse otra vez con esos males, impulsados por políticos como Wara y su Partido del Progreso, hasta enero de 2020 integrante de la coalición de Solberg encabezada por los conservadores.

También destacó que Wara reemplazó en el Ministerio Real de Justicia y Seguridad Pública a su correligionaria, la “racista e islamófobaSylvi Listhaug, quien tuvo que dimitir luego de acusar al Partido Laborista de estar más preocupado por los derechos de los terroristas que por la seguridad nacional.

Furiosa, Bertheussen, de 55 años, no reparó en criticar la obra en el diario Verdens Gang. “Ellos lo llaman arte. Yo lo llamo una seria violación de mi vida privada”, enfatizó. En redes sociales, también insistió en que los actores grabaron su casa, lo que pudo propiciar agresiones contra ella y Wara.

Menos de una semana después, una serie de misteriosos ataques empezó contra la pareja, en la que su residencia y el automóvil familiar resultaron vandalizados con suásticas y la palabra “racista” mal escrita en noruego. El último y más serio incidente culminó con el vehículo incendiado, mientras Wara disfrutaba el fin de semana con un partido de fútbol en Inglaterra.

Dos de sus colegas del Partido del Progreso, el legislador Christian Tybring-Gjedde y su esposa Ingvil Smines Tybring-Gjedde, quien más tarde asumió la cartera de Seguridad Pública, también fueron amenazados por correo. Vale la pena mencionar que este mes el primero nominó al presidente estadounidense, Donald Trump, para el Nobel 2020 por mediar en el “acuerdo de paz” entre Israel y Emiratos Árabes Unidos.

Wara y Bertheussen recibieron amplias muestras de solidaridad, incluso por parte de Solberg, quien acusó a la compañía teatral de hacer más difícil la vida de los políticos.

Bertheussen denunció ante la policía a Anne-Cecile Sibue-Birkeland, directora de Black Box Teater y Pia Maria Roll, directora de Formas de verlo, así como a otros dos artistas relacionados con la obra. Al principio, los cargos fueron desestimados por las autoridades, enardeciéndola aún más, pero posteriormente se realizó una acusación formal en su contra, por presunta invasión de la privacidad.

Giro dramático
Sin embargo, las investigaciones dieron un giro dramático cuando la fiscalía acusó a Bertheussen de estar detrás de los ataques, como parte de una treta para hacer aparecer a Wara y los Tybring-Gjeddes como víctimas de amenazas de izquierdistas, islamistas o de los artistas involucrados en la obra. Bajo intensa presión, Wara, quien calificó al caso como “un ataque contra nuestra democracia”, tuvo que renunciar en marzo de 2019.

De acuerdo con la averiguación dirigida por la fiscal del Estado Marit Formo, existen numerosas pruebas técnicas contra Bertheussen, que van de datos en sus computadoras mostrando cómo rastreó información sobre Sibue-Birkeland hasta la forma en que incendió su propio carro.

El diario Aftenposten detalló que una cámara de seguridad operada desde el interior de la residencia de la pareja fue apagada, antes de que el vehículo estallara en llamas.

Los fiscales también presentaron la semana pasada evidencias de comunicación entre Bertheussen e Ingvil Smines Tybring-Gjedde, poco después de la primera agresión a su casa. Le preguntó a Tybring-Gjedde si tenía contactos en los medios noruegos a los que pudiera filtrar fotografías de su auto vandalizado, obteniendo por respuesta que “la NRK [la empresa pública de radio y televisión] se las está llevando. Están soltando todo”.

Entonces se conoció que Tybring-Gjedde fue parte de un grupo en redes sociales que incluyó a Bertheussen, la política del Partido del Progreso Line Miran Sandberg (ex esposa de otro ministro de Justicia salido del partido, Per Sandberg, quien renunció luego de viajar a Irán con su nueva pareja iraní) y Rita Karlsen, del grupo anti inmigrante Human Rights Service.

Asimismo, se reveló en la corte que Bertheussen creó una cuenta falsa en Facebook con el nombre “Anita Berg” para criticar a Black Box Teater. El juicio está programado para terminar el 13 de noviembre; de ser encontrada culpable, enfrentaría hasta 16 años en prisión, mientras que Tybring-Gjedde y Wara serán llamados a testificar.

Por su lado, Sibue-Birkeland ha manifestado que Black Box Teater respalda con su “teatro documental” la idea de que el arte “puede ser confrontador, molesto e incómodo, que puede causar polémica y debate”.

No obstante, subrayó, “no alentamos ni aceptamos una mayor polarización del debate público. Condenamos todas las formas de violencia”. La compañía es financiada anualmente por el Ministerio Real de Cultura y la Ciudad de Oslo con casi un millón de dólares.

Los artistas participantes en Formas de verlo, añadió, han sido objeto de amenazas tan graves que fueron reportadas a la policía. “También nos entristece el hecho de que Bertheussen sufrió estrés emocional, como resultado de que su casa fuera filmada para Formas de verlo”.

Aunque Solberg y Wara se declararon “conmocionados” por el vuelco en las investigaciones, la primera ministra se ha negado a disculparse con Black Box Teater y los artistas involucrados en el caso. Ha sido criticada duramente por funcionarios culturales más convencionales, entre ellos el titular del Teatro Nacional noruego, pero sus preocupaciones parecen estar concentradas en la elección parlamentaria del próximo año.

Solberg incluso ha invitado a Wara a reincorporarse al gabinete; después de que el Partido del Progreso abandonó su coalición, los conservadores tienen menos de 35% de los votos y apenas 53 escaños en el Storting (Parlamento). La oposición de centro izquierda suma 81 escaños y el Partido del Progreso—que ganó 15.2% de los sufragios en los comicios parlamentarios de 2017—tiene 27 por su cuenta.

La representación de Formas de verlo en Oslo “fue un acontecimiento menor, pero llegó a los titulares por la exageración de Bertheussen y sus amigos, incluso del gobierno”, dijo a EL UNIVERSAL in English el analista independiente noruego Halvor Ravn Holøyen. “Y la exageración demostró sus señalamientos”, afirmó.

Holøyen expuso que todavía se desconoce el impacto que tendrá el escándalo en la elección parlamentaria de septiembre de 2021, cuando los 169 asientos de la legislatura serán renovados, considerando que aún está por verse si Bertheussen es declarada culpable y otros son implicados.

El Partido del Progreso, estimó, tiene apoyo de un máximo de 20% de los noruegos. “Son un partido populista, pero tratan de mantener una fachada seria. El partido se halla dividido en esas posiciones y muchos de sus seguidores son ambivalentes hacia ellas”.

El analista político agregó que el terrorismo de extrema derecha aún es un problema en Noruega, donde la fiscalía solicitó en mayo una condena de 21 años para Philip Manshaus, quien aceptó haber disparado en una mezquita de Oslo tras asesinar a su hermanastra china el año pasado.

Manshaus, de 22 años, fue sometido por un hombre de 65 en la mezquita Al Noor y no hubo heridos graves. Sostuvo que sus acciones fueron inspiradas por la “necesidad” de asegurar “la supervivencia de la raza blanca” y los atentados de 2019 en Christchurch, Nueva Zelanda, que dejaron 51 muertos en dos mezquitas.

El terrorista de Christchurch, Brenton Tarrant, a su vez, declaró que se inspiró en Anders Behring Breivik; se trata del “lobo solitario” que mató a 77 personas con un camión bomba cerca de oficinas del gobierno en Oslo y con un tiroteo en un campo juvenil del Partido Laborista en la isla de Utoya en 2011, durante el peor atentado en Noruega desde la Segunda Guerra Mundial.

También en 2019, autoridades noruegas arrestaron a Greg Johnson, un supremacista blanco de Estados Unidos, horas antes de dar un discurso en una conferencia ultraderechista en Oslo. Johnson es el editor del grupo Counter-Currents Publishing y se esperaba que hablara ante el Foro Scandza, una red conocida por sus posturas antisemitas y racistas.

Antes, el servicio de inteligencia noruego PST reportó que el terrorismo derechista está creciendo a escala global, al advertir que es probable que el país sea blanco de sus acciones en el futuro próximo.

“No podemos seguirlos a todos”, indicó Hans Sverre Sjøvold, jefe del PST, tras explicar que el terrorismo de ultraderecha ha desplazado a los extremistas islámicos y a los piratas cibernéticos rusos y chinos como las mayores amenazas en Noruega.

En una reunión con integrantes de la Asociación de Prensa Extranjera de Noruega el año pasado, Sjøvold resaltó que incluso los catalogados como “lobos solitarios” no están solos en Internet. Los extremistas, continuó, “odian a los judíos, a los homosexuales, odian a muchos. No han estado muy bien organizados”, pero ahora se encuentran más activos en la red “y se están comunicando” al compartir el manifiesto de Breivik, “que ahí está todavía”.

Editado por Sofía Danis
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