Reviven en el puerto vieja pugna

El festejo de los panistas quedó pendiente; Boca del Río lució vacío
Reviven en el puerto vieja pugna
Ante la noticia de que su hijo no ganó la elección, el gobernador Miguel Ángel Yunes se tapó los ojos y golpeó su frente mientras estaba solo en su oficina (MIGUEL A. CARMONA. EL UNIVERSAL)
02/07/2018
03:15
Pedro Villa y Caña y Édgar Ávila Enviado y corresponsal
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Xalapa, Ver.— Dos caras muy diferentes hay en el centro de capital de Veracruz. En un restaurante, Cuitláhuac García, candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, esboza una sonrisa y afirma que todas las encuestas de salida lo declaran como el virtual ganador de las elecciones para gobernador.

A unos metros de ahí, no más de 15, en su oficina, el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares está solo, se pega en la frente y no puede creer lo que lee en su celular. Su hijo, Miguel Ángel Yunes Márquez, quien lo relevaría en el cargo, perdió.

La imagen que captó Miguel Carmona, fotógrafo de EL UNIVERSAL es contundente. Muestra a un mandatario incrédulo, quien se tapa los ojos como gesto de defensa ante los primeros sondeos que le indican que su hijo perdió.

“Se daba de palmadas en la frente mientras veía su celular. Estaba solo en su escritorio, solo y mirando sólo su celular”, detalla un testigo presencial.

Una ligera lluvia cae en la capital veracruzana, pero Cuitláhuac, aquel desconocido que hace dos años aspiró a ser gobernador, se perfila a ser el próximo mandatario y dedica su triunfo a Heberto Castillo, aquel ingeniero de izquierda y originario de esta tierra.

Con voz pausada, Cuitláhuac se aferra a no salir a celebrar para esperar a que las autoridades le confirmen su triunfo, afirma que haber ganado lo compromete a demostrar que sí se puede gobernar sin caer en corrupción.

En entrevista con El UNIVERSAL, el candidato izquierdista asegura que no tendrá una política de venganza contra el actual gobernador de la entidad: “No me corresponde; será una relación de respeto”. 

A 100 kilómetros de ahí, al sur en Boca del Río, bastión de Miguel Ángel Yunes Márquez, luce vacío, triste, no hay nada que celebrar esta noche calurosa. Lo mismo ocurre en el colindante puerto de Veracruz, gobernado por su hermano Fernando. No es noche para celebrar.

ChiquiYunes, como gustaba que le dijeran, tendrá que esperar dos días para saber si la bendición que hizo su mamá este domingo al depositar la boleta electoral en la urna tendrá efecto.

Pero mientras, la noche de ayer alguien en Xalapa se decide a celebrar cuando el OPL informa que lleva la delantera.

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