AMLO entró a Palacio Nacional con ánimo conciliador

Ambos políticos lucen relajados, animados; no hubo un choque de trenes
Sin seguridad, rodeado de simpatizantes y reporteros, Andrés Manuel López Obrador, virtual presidente electo, acudió a la reunión en Palacio Nacional (IVÁN STEPHENS. EL UNIVERSAL)
04/07/2018
02:13
Francisco Reséndiz
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Tras 12 años de lucha que lo llevaron a encabezar episodios de resistencia civil, dormir en la calle durante meses y crear un partido político, antes de las 11 de la mañana Andrés Manuel López Obrador entró a Palacio Nacional como virtual Presidente de la República.

“¡Presidente, Presidente!”, le gritaban simpatizantes agolpados en el Circuito de la Plaza de la Constitución cuando a las 10:50 horas la puerta principal de Palacio Nacional se abrió y en medio de simpatizantes el tabasqueño entró.

El reloj de la Catedral está por marcar las 11 de la mañana, cuando el Jetta blanco que trasladó a López Obrador desde su oficina en Chihuahua 216, colonia Roma, se detiene en el patio central de Palacio Nacional, a unos pasos, frente a la fuente del Pegaso.

Desde la Plaza de la Constitución se oyen gritos: “¡Sí se pudo, sí se pudo!”; “¡Presidente, Presidente!”, y “¡Obrador, Obrador!”.

Viene una cascada de preguntas: ¿Con qué ánimo llega?, le preguntan. Responde ya con los dos pies dentro de Palacio Nacional: “Con ánimo de conciliación y de buscar una transición ordenada para beneficio de todos”.

Los trabajadores lo ven desde los pasillos de los dos pisos que rodean al patio central de Palacio Nacional y le aplauden. López Obrador los mira hacia arriba y saluda, luego les manda un abrazo. El tumulto sigue, dentro y fuera.

La señora Cleotilde Alvarado se coló a Palacio Nacional en medio del tumulto y sin mediar más pidió ayuda a López Obrador. Mientras otras personas le entregaban hojas de papel dobladas que cabían en la palma de la mano, ella solicitó trabajo y le entregó una carta.

La mujer de 53 años y originaria de Hidalgo, madre de dos hijos, que vestía de negro con una bufanda color rosa mexicano al cuello, es preparada, bilingüe y con estudios de Maestría en Comercio Internacional. Se le pregunta y advierte que pese a tener preparación fue despedida y no encuentra empleo.

El general Román Villalvazo Barrios, subjefe de Logística del Estado Mayor Presidencial, recibe a López Obrador y lo guía hasta una esquina del Patio Central. Ahí, el elevador espera y sube los pisos que lo llevarán hasta la entrada a la Galería de los Presidentes.

Suenan las campanas de Catedral. Se abren las puertas del elevador y ahí lo primero que ve es al presidente Enrique Peña Nieto, se dan la mano, cálidos ambos, sin mayor protocolo, lejos de las cámaras y los micrófonos.

Peña Nieto le ofrece trabajar juntos en el despacho presidencial. Caminan juntos, muy cerca, en un momento el Presidente le da una palmada en la espalda a López Obrador y éste, unos pasos adelante, hace lo mismo.

Entran al despacho del Presidente de la República, donde a partir del 1 de diciembre López Obrador trabajará. A la izquierda está el mítico escritorio y detrás la silla presidencial, atrás un gran librero con cristales con volúmenes de historia nacional.

Ahí se capta una foto, cuando se saludan. Peña Nieto ofrece la mano a López Obrador. Es un fuerte apretón, largo, duro, agitado, sonríen como si se conocieran desde hace mucho, pero es la primera vez que se ven desde el último debate presidencial de 2012.

Trabajan en privado una hora con 20 minutos. Sólo ellos dos, cara a cara, sin nadie más.

Peña Nieto y López Obrador salen de la oficina. Se ven de buen ánimo, relajados, cálidos. Es claro que para ese momento no hubo un choque de trenes. El virtual Presidente de la República electo se ve animado.

Caminan de nuevo juntos por esa larga Galería de los Presidentes que rodea el Patio de Honor de Palacio Nacional hasta el elevador. Entran. Descienden hasta el Patio Central.

Se despiden y Andrés Manuel llega hasta el Salón Tesorería, donde más de 200 periodistas esperan.

Es un mensaje que se convierte en una larga conferencia, López Obrador habla de reconciliación, de analizar si acepta la protección del Estado Mayor Presidencial, y repite aquella frase muy suya: “Mi pecho no es bodega”.

Es una conferencia desordenada. Concluye. Personal del Estado Mayor Presidencial lo conduce hasta el auto blanco en el que llegó. Lo espera en el mismo lugar, a unos pasos de la Fuente de Pegaso. Aborda. Afuera sus seguidores se han multiplicado, eran decenas a su llegada, para su salida eran cientos.

Las vallas que han formado con sus cuerpos policías capitalinos son rebasados por los periodistas que siguen de cerca a López Obrador y por los simpatizantes que se desbordan en gritos de apoyo para el próximo Presidente de la República.

“¡Presidente, Presidente!”, “¡no estás solo!”, “eres el primer Presidente democrático”, “este es tu pueblo y jamás te dejará”. Empujones, patadas y golpes entre algunos simpatizantes que quieren acercarse y policías que cubren a López Obrador.

El auto pasa frente a Catedral, decenas corren para tratar de verlo. Las banderas de Morena con el rostro de López Obrador se mezclan con las de México. El auto da toda la vuelva al circuito de Zócalo y toma por Pino Suárez, lo lleva a su oficina… ha iniciado la transición.

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