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El pasado 10 de enero, la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reposteó en “X” el supuesto testimonio de un militar venezolano que estuvo presente en la operación para capturar a Nicolás Maduro. El hombre afirmaba que las fuerzas de Estados Unidos habían utilizado alguna clase de poderosa arma sónica que ocasionaba aturdimiento, sangrado de nariz y hasta vómitos.
No es la primera vez que se reporta el uso de tecnología similar, como en el llamado “síndrome de La Habana”, que afectó a diplomáticos estadounidenses en 2016 en Cuba y cuya causa se atribuyó en su momento a una posible arma de sonido. Más allá de los relatos no confirmados, lo cierto es que desde hace décadas existen dispositivos acústicos utilizados tanto en escenarios militares como para dispersar protestas.
Aunque a menudo se clasifican como armamento no letal, estos sistemas han sido cuestionados por organizaciones de la sociedad civil debido a sus efectos en la salud. Pese a ello, un estudio de la Unión Europea señala que el desarrollo de armas acústicas, junto con tecnologías de energía dirigida y la inteligencia artificial, perfilará las guerras del futuro mediante operaciones militares cada vez más precisas.
¿Cómo funcionan las armas sónicas?
Las armas sónicas son dispositivos capaces de emitir ondas sonoras de alta densidad, audibles o inaudibles y dirigidas. El dispositivo más conocido es el Long Range Acoustic Devices (LRAD), desarrollado originalmente en Estados Unidos a principios de la década de 1990.
De acuerdo con los sitios web de fabricantes y con informes de Médicos por los Derechos Humanos (PHR, por sus siglas en inglés), en comparación con los altavoces convencionales, estos aparatos generan un sonido concentrado preciso. Las ondas de sonido se amplifican y anulan los ruidos externos que se encuentran por fuera de su rango de acción, así el sonido puede dirigirse en un haz de 30 grados, lo que facilita apuntar a objetivos.
Uno de sus principales fabricantes, la empresa Geasys, describe estos dispositivos como sistemas de comunicación de largo alcance, capaces de transmitir sonidos con claridad incluso en entornos caóticos, diseñados para operaciones de comunicación en el mar, lo que los ha vuelto populares entre fuerzas navales. Incluso, la Secretaría de Marina mexicana cuenta con algunos de estos dispositivos, según su inventario disponible en la Plataforma Nacional de Transparencia.
No obstante, Ultra HyperSpike, otro fabricante, enfatiza en que estos dispositivos pueden emplearse también en operaciones de seguridad y militares. Dependiendo el modelo, el LRAD puede generar un sonido de hasta 160 decibelios (dB), superando con creces el sonido de un avión en despegue que alcanza aproximadamente 120 dB. “Sonidos arriba de 140 dB están en el límite del umbral del dolor humano y pueden ocasionar consecuencias inmediatas y algunas veces irreversibles”, señala la doctora Martha Georgina Orozco, investigadora de la Universidad de Guadalajara y experta en contaminación auditiva
Los LRAD, también llamados “cañones de sonido”, han sido utilizados en numerosas operaciones militares y policiales al rededor del mundo. En 2004 se firmó un contrato millonario para su despliegue en Irak por parte de tropas estadounidenses, la Marina de ese país también los usa para ahuyentar piratas de barcos o puertos. Sin embargo, su uso se ha extendido, sobre todo, en contra de manifestantes en grandes urbes.
La policía de Pittsburgh empleó el dispositivo para dispersar las protestas en la Cumbre del G20 en 2009; en Nueva York se desplegó en 2014 durante las protestas del movimiento Black Lives Matter y se volvió a utilizar en 2016, causando una ola de demandas judiciales por parte de activistas y periodistas. En 2025, un arma no identificada con características similares al de un LRAD fue reportada por manifestantes serbios en Belgrado.
Desde rotura del tímpano hasta daños irreversibles
La Dra. Orozco advierte que los sonidos que existen los 140 dB, dependiendo de su tiempo de exposición, pueden causar una gran variedad de daños. “Está el trauma acústico agudo, ocasionado por la exposición a sonidos altos”; las consecuencias pueden ir desde tinnitus, “esos zumbidos o pitidos constantes” hasta la rotura de la membrana timpánica y la muerte de células ciliadas, encargadas de transmitir el sonido al cerebro.
“Aunque sean armas no letales, los efectos pueden llegar a ser irreversibles”, subraya la Dra. Orozco Sin embargo, los riesgos de los dispositivos van más allá de la pérdida de audición.
La especialista explica que las consecuencias de la exposición a altos sonidos también pueden derivar en daños al sistema vestibular, ubicado en el oído interno y que se encarga de coordinar el equilibrio y la orientación, por lo que una afectación mayor podría provocar mareos, náuseas y hemorragias nasales. El ruido alto, también puede afectar a otros sistemas como el gastrointestinal, circulatorio y nervioso.
Aunque no todas las afectaciones son causadas por sonidos audibles. En Europa y Estados Unidos se comercializa un dispositivo conocido como “El Mosquito”, que emite sonidos de alta frecuencia (ultrasónicos), usualmente inaudibles para las personas mayores de 30 años, pero dolorosas para adolescentes y adultos jóvenes.
Este efecto se logra debido a la perdida de audición que tiene lugar conforme las personas envejecen. “El Mosquito”, ha sido objeto de controversia en Europa, pues no hay una regulación específica para su uso. La Dra. Orozco señala que los sonidos ultrasónicos también pueden llegar a ocasionar dolores de cabeza, mareos y sensación de presión en los oídos.
Pese a que las armas acústicas están clasificadas como no letales, un informe de PHR y de la Red Internacional de Organizaciones de Libertades Civiles (INCLO) publicado en 2023 advierte que el abuso o el desconocimiento por parte de quienes operan estos dispositivos pueden conducir fácilmente a un uso incorrecto y agravar las lesiones.
En 2014, durante las protestas por el movimiento Black Lives Matter en Nueva York, la policía utilizó dispositivos LRAD disparando más de 15 emisiones con intervalos de 3 minutos y una duración de varios segundos, en algunos casos mayor a 10 segundos. Los periodistas que estuvieron expuestos a estos dispositivos manifestaron presentar síntomas tales como migrañas y zumbido en los oídos durante una semana.
El sonido en el arsenal del futuro
En el horizonte bélico de 2040, el ruido podría ser el preludio de una nueva forma de combate. Según el estudio "Innovative technologies shaping the 2040 battlefield", elaborado por el Panel para el Futuro de la Ciencia y la Tecnología del Parlamento Europeo en 2021, las armas sónicas se perfilan como componentes clave del arsenal tecnológico del futuro.
Estas herramientas se clasifican dentro de un catálogo estratégico de "tecnologías para la entrega de efectos novedosos", diseñadas para transformar los conflictos mediante métodos no convencionales.
La sofisticación de estos sistemas radica en su capacidad para manipular la propagación del sonido en espectros que desafían la percepción humana como el ultrasonido o infrasonido. Esta versatilidad permitiría a las fuerzas armadas del futuro aplicar una precisa, orientada a incapacitar temporalmente a adversarios o proteger instalaciones sensibles.
Sin embargo, según el estudio, las armas acústicas no operan en el vacío; forman parte de un ecosistema de tecnologías emergentes como las armas hipersónicas, capaces de alcanzar velocidades superiores a Mach 5, y a las Armas de Energía Dirigida (DEW, por sus siglas en inglés), como los láseres de alta energía. Estas se complementan con capacidades de guerra electrónica diseñadas para el sabotaje (spoofing) e interferencia (jamming) del espectro electromagnético, creando un entorno donde la tecnología digital, la robótica e inteligencia artificial podrían superar a la balística tradicional.
No obstante, pese a su potencial, el estudio mantiene una postura cautelosa, pues existe incertidumbre sobre la viabilidad operativa de tecnología avanzada debido a los altos costes de desarrollo y fallos técnicos imprevistos que han limitado su adopción masiva hasta ahora.
Ante el avance de la tecnología bélica para armas sónicas, la Dra. Orozco advierte que hay que actuar con cuidado. “Es algo muy complejo, así como las armas biológicas, las armas físicas pueden tener un potencial de daños sin precedentes que hasta el momento no conocemos, no solamente contra humanos, sino a nivel ecológico, considerando a plantas y animales”.
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