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Estudiantes de Ingeniería de séptimo a noveno semestre salen a diario a las calles, acompañando a brigadistas del Colegio de Ingenieros, para verificar las estructuras de edificios de la Ciudad de México, después del sismo del pasado 19 de septiembre.
Los puedes identificar fácilmente. Sus cascos están ligeramente empolvados, sus chalecos son de seguridad y sus botas están llenas de tierra, reflejo de las decenas de visitas que han hecho desde el 21 de septiembre. Jorge Octavio Rodríguez, ingeniero civil, forma parte de una brigada. Su zona es la Narvarte, zona 37 como lo dicen ellos, luego de que la ciudad fuera dividida en 45 regiones para su revisión.
Cada una de las 29 brigadas que se conformaron, está encabezada por un ingeniero estructural. Actualmente, el Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM) participa en mil 100 inspecciones de edificios, de los cuales 15% representan un daño estructural, 35% tiene afectaciones menores, y el otro 50% no tiene daños, de acuerdo a Sergio Alcocer, vicepresidente del CICM.
El día de Jorge comienza a las 9 de la mañana, a esa hora se reúne con sus compareños y salen a los edificios que tienen programados. Poco a poco visitan diferentes departamentos que, en un barrido previo de la zona, detectaron con daños; asimismo, atendiendo las solicitudes en la aplicación Reporte Responsable, donde las personas pueden pedir la presencia de brigadistas voluntarios para una inspección, o de las personas que se acercan a ellos.
Sin embargo, aunque hay gente que solicita la asistencia, hay veces donde no pueden pasar a verificar los departamentos, como el caso de una vivienda ubicada en la avenida Dr. Vértiz. Aún, pese a estar identificados. “Nosotros no somos autoridad legal. Sólo somos un equipo de apoyo, no podemos obligarlos a que nos dejen pasar”, abunda Jorge Octavio.
El proceso se lleva a cabo mediante “una primera revisión rápida que dura entre 45 minutos y 1 hora; si se encuentra alguna peculiaridad, se regresa con un estructurista y un alumno de la brigada para levantar el reporte estructural”, afirma Rubén Reyes, estudiante de Ingeniería en la UNAM.
El reporte estructural consiste en, “inspeccionar cada elemento de la estructura (marcos, trabes, columnas, cimentación, etc). Esta evaluación dura entre dos y tres horas dependiendo de los niveles de la edificación”, dice Adrián Garfías, alumno y brigadista voluntario.
Posteriormente, y “una vez realizados los reportes, se constata con un corresponsable de seguridad estructural, quienes son las cabezas de brigada: ingenieros que tienen basta experiencia en estructuras. Después se canalizan al Colegio de Ingenieros Civiles y a las instancias correspondientes”, explica Rubén.
El reloj marca las 12:47 del mediodía. La brigada hace una parada en Café Real, a unas cuadras del metro Eugenia, necesitan alimentarse pues el día apenas comienza y todavía hay mucho por hacer. Allí, Jorge Rodríguez medita sobre el futuro de algunas construcciones. “Los edificios que tengan riesgo grave se vuelven a revisar, pero ahora por la delegación, y se hacen estudios para determinar si vale la pena dejarlo o demolerlo”.
Las brigadas voluntarias terminaron de laborar este viernes 29 de septiembre, sin embargo, el trabajo sigue, y viene lo desafiante. “Somos ingenieros del CICM, hacemos una valoración técnica, misma que enviamos al Colegio y él a su vez lo enviará al Instituto para la Seguridad de las Construcciones del Distrito Federal. Esto servirá para generar un reporte del estado estructural del inmueble y determinar las acciones a seguir”.
Después de comer, se reanuda el recorrido. Dos personas se acercan al vehículo. Ya conocen a los brigadistas. Piden apoyo para que puedan ir a revisar su inmueble. Aunque primero tienen que visitar otras viviendas, acceden a revisar la casa, a final de cuentas y en momentos así, la sociedad necesita estar unida, nos necesitamos los unos a los otros, y cualquier ayuda es bienvenida.
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