En el Clausura 2015, Ronaldinho escribió una de las páginas más inolvidables de la Liga MX. Aquella tarde en el Estadio Azteca, el brasileño ingresó de cambio con el Querétaro y, con la magia que lo convirtió en ídolo mundial, firmó un doblete en la histórica goleada (4-0) frente al América.

Más allá de su calidad en la cancha, lo que marcó aquella jornada fue la ovación de pie que recibió de la afición americanista, un gesto poco común en el Coloso de Santa Úrsula hacia un jugador rival.

A más de una década de ese suceso, el ahora Estadio Banorte volvió a vibrar con su presencia. Ronaldinho regresó como parte del equipo de Leyendas de Brasil que enfrentó a México, reviviendo la emoción de verlo desplegar su talento en territorio nacional. Miles de aficionados portaron con orgullo su camiseta, celebrando la oportunidad de reencontrarse con el crack que tantas veces iluminó los estadios del mundo.

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Con su eterna sonrisa y el mítico dorsal 10 en la espalda, Ronaldinho salió como titular, recibiendo una ovación que superó a la de cualquier otro jugador en la presentación. Señalando hacia la grada, agradeció el cariño de un público que lo adoptó como propio. Ya en el juego, el exfutbolista del AC Milan tuvo un par de oportunidades para marcar, aunque el gol se le negó en los primeros cuarenta y cinco minutos.

Al minuto 56, llegó el instante que selló la jornada: Ronaldinho dejó el campo como lo que siempre será, una leyenda del futbol. Se marchó envuelto en una lluvia de aplausos, con la mano en el corazón y una sonrisa serena, cerrando su regreso a México con un gesto que quedará grabado en la memoria: un abrazo fraterno con Cuauhtémoc Blanco, símbolo de respeto entre dos íconos.

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