La luna y el hielo de Milán fueron testigos de una noche que quedará grabada en la memoria del deporte mexicano.

Donovan Carrillo, en su segunda final olímpica, dejó atrás los temores y se entregó con pasión a cada movimiento.

Su sonrisa constante y el beso a la pista, al concluir reflejaron no solo gratitud, sino también la certeza de haber cumplido un sueño largamente acariciado.

El programa del tapatío estuvo lleno de saltos cuádruples y triples que arrancaron ovaciones inmediatas. Su desempeño superó las expectativas y lo llevó a mejorar la posición obtenida en Beijing 2022, al escalar hasta un digno lugar número 22.

Ese resultado confirmó que Carrillo no solo representa a México, sino que se ha convertido en un referente latinoamericano dentro del patinaje artístico.

El jurado le otorgó una puntuación de 143.50 en su programa libre y un acumulado de 219.06, cifras que reflejaron la calidad de su desempeño y lo consolidaron como uno de los protagonistas de la final en Milán-Cortina 2026.

Más allá de las cifras y las posiciones, la actuación de Donovan transmitió un mensaje de perseverancia y orgullo nacional.

Cada giro y cada salto, fueron acompañados por el aliento de los aficionados mexicanos presentes en el recinto, quienes con banderas y cánticos reforzaron la conexión entre el patinador y su país.

En Milán, Carrillo demostró que los sueños pueden alcanzarse con disciplina y pasión, dejando una huella imborrable en la historia olímpica.

"Es algo mágico, he disfrutado de inicio a fin cada rutina. Tener a mi familia aquí es algo histórico para México. Han sido dos años de entrenamiento en Canadá y todavía hay mucho Donovan para representar al país", expresó con emoción.

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