Estas Chivas parecen ser de verdad. A pesar de las ausencias por Selección y lesión, el equipo mostró personalidad y carácter en la semifinal de ida contra Cruz Azul.

Incluso, para muchos, el Guadalajara merecía salir con ventaja del estadio Banorte tras dominar varios lapsos del encuentro. El 2-2 no reflejó lo que se vio en la cancha.

El trabajo colectivo se convirtió en la principal fortaleza del equipo rojiblanco. Gabriel Milito logró que el equipo compita como un bloque sólido y ordenado.

Como local, Guadalajara construyó una auténtica fortaleza durante el torneo. Entre fase regular y Liguilla acumula siete victorias, dos empates y ninguna derrota.

Los tapatíos encontraron equilibrio en todas las líneas y transformaron el estadio Akron en uno de los escenarios más complicados para cualquier rival.

Las cifras respaldan el gran semestre del Rebaño. Chivas anotó 22 goles en casa y apenas recibió tres tantos, números que lo colocaron como una de las mejores defensivas del campeonato. Ahora el reto será trasladar esa misma intensidad y seguridad al Jalisco, inmueble que volverá a recibir una semifinal rojiblanca tras 16 años.

La nostalgia también jugará su partido en la Calzada Independencia. El Jalisco representa una parte fundamental de la historia del Rebaño y el club busca recuperar esa mística que durante décadas convirtió al inmueble en una cancha de noches inolvidables.

Para Cruz Azul el panorama es más complicado. Cualquier triunfo o el empate de Chivas los clasificará por su posición en la tabla. La Máquina necesita ganar sí o sí en el Jalisco y tiene con qué hacerlo.

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