La noticia cayó muy pesada desde en el trampolín: World Aquatics canceló la Copa del Mundo de Clavados en Guadalajara. La etapa programada para la primera semana de marzo, en el Centro Acuático Metropolitano, quedó fuera del calendario tras una decisión colegiada que priorizó la seguridad por encima del espectáculo.
No fue un manotazo unilateral, hubo voto de países y los propios atletas. El mensaje fue claro: Sin garantías, no hay competencia.
El circuito no se detiene. Montreal sigue en curso y la gran final está programada en Beijing. En lo deportivo, el golpe es amortiguado: Los clavadistas mantienen ritmo y preparación.

Pero, en lo simbólico, México paga una factura pesada. Guadalajara arrastra el antecedente de una cancelación mundial previa en la misma sede, y ese historial terminó por tensar la confianza.
La tesis era mantener la continuidad en territorio mexicano y aprovechar infraestructura existente. La antítesis, imposible de ignorar,: Riesgo no tolerable y confianza erosionada. La síntesis fue quirúrgica: Cancelar ahora para proteger la credibilidad.