Cigarros, la galleta de jengibre de, la cabeza de Reptar, de la caricatura, y lápices mordidos son elementos que conforman al cuerpo de Enrique López Llamas, quien se retrata en la instalación a gran escala “I am the resurrection and I am the life”. La obra, compuesta por 28 piezas colgantes, recibe a los visitantes de Salón ACME, una de las ferias de arte más destacadas en México.

“No somos una sola cosa, somos instrumentos mutantes que cambia todo el tiempo”, dice López Llamas, sobre la intención de su pieza, cuyo concepto es sobre cómo el cuerpo, la identidad y la vida se construye “como un andamiaje de referentes culturales y sociales”.

El artista explica que la selección de las figuras son referencias a la historia del arte, como los perros que coloca en la parte de las piernas y que son típicos de las pinturas flamencas. También hay referencias a la cultura pop, como la florecita de la campaña “Vive sin drogas”, y guiños a su vida personal, como la cabeza: un autorretrato de él con la cara pintada de payaso.

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Enrique López Llamas, artista contemporáneo mexicano.
Foto: EL UNIVERSAL / Santiago Cadena
Enrique López Llamas, artista contemporáneo mexicano. Foto: EL UNIVERSAL / Santiago Cadena

“Me he aferrado al motivo del payaso por las implicaciones simbólicas que puede tener: es del que se burlan, pero es el único que se puede burlar del rey; es el que mata a los niños en la película, pero también da ternura o es el pobre payaso”, aunque también hace referencia al recuerdo de su primer cumpleaños, cuya fiesta tuvo temática de payasos y su madre lo disfrazó de uno. “Infancia es destino”, añade López Llamas.

El motivo de hacer que este rompecabezas corporal esté colgando en el aire es porque el artista quiere crear ambigüedad sobre si es un cuerpo que se alza o uno que se deshace, así como para mostrar su inestabilidad, porque el cuerpo puede cambiar de un día para otro.

Foto: Santiago Cadena/ EL UNIVERSAL.
Foto: Santiago Cadena/ EL UNIVERSAL.

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El patio de General Prim 30, sede de Salón ACME, no tiene techo, por lo que para la instalación de la obra se creó una estructura que la sostiene. Al final, esto también da la impresión, dice López Llamas, de que es un mecanismo de control de un títere.

“I am the resurrection and I am the life” puede verse hasta el 8 de febrero, en Salón ACME.

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melc

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