Rodrigo Blanco escribe de Venezuela con dolor

El Ganador del III Premio de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa explica el proceso de escritura de su libro "The night"

Rodrigo Blanco escribe de Venezuela con dolor
Rodrigo Blanco Calderón, junto con su esposa, dejó Venezuela en 2015; radicaron tres años en París y ahora se han trasladado a Málaga. FRANCISCO GUASCO.EFE
Cultura 05/06/2019 00:22 Yanet Aguilar Sosa Actualizada 10:15
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Guadalajara. —El asco y hartazgo de la decadencia en la que estaba sumida Venezuela en 2010 llevó a Rodrigo Blanco Calderón a escribir "The night", una novela que está escrita desde el pesimismo, que explora la oscuridad en la que se encuentra el país latinoamericano desde la crisis energética y que le ha valido al escritor, nacido en 1981, ganar el III Premio de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa.

Los motores de esta historia son varios: una serie de cadáveres de mujeres que en 2008 comenzaron a aparecer en las afueras de Caracas, una de ellas asesinada por el psiquiatra y excandidato presidencial Edmundo Chirinos; la crisis de electricidad que marcó el inicio del declive, y la muerte del palindromista Darío Lancini.

“No podía dejar de establecer una relación entre los crímenes de mujeres y esa especie de oscuridad que ya se comenzaba a generar en mi país”, señaló el narrador y asegura que pudo lograrlo porque reconstruyó la vida de Darío Lancini, “él fue el punto luminoso que me permitió atravesar ese túnel del horror que vivía Venezuela”.

Rodrigo Blanco Calderón tenía 29 años cuando comenzó a escribir The night, que Rosa Beltrán ha calificado como una obra “impresionante, ambiciosa, que aspiran a ser una novela total”. Es la primera novela del cuentista que fue uno de los más jóvenes autores seleccionados en 2007 para el mítico grupo Bogotá 39, y que con esa historia se reveló como novelista.

La historia narrada a partir de dos personajes: un escritor frustrado y un psiquiatra que ventila las historias de sus pacientes, fue escrita entre 2010 y 2013, y en 2016 publicada por Alfaguara; con el tiempo esa novela permitió al escritor tensar la cuerda con la nostalgia, el dolor y los fantasmas frente a su Venezuela, de la que salió en 2015 y que lo ha llevado a reflexionar sobre el exilio y el destierro.

“Tensar la cuerda con todo eso, primero es una angustia de sentir que me puedo desligar de mi país y de mi familia, de mi historia; algo imposible; es también una forma de nostalgia, a veces uno está afuera y siente que está pasando un momento interesante y sería bueno compartirlo con los amigos o la familia venezolana, a veces es un distanciamiento que hago con conciencia para cuidarme porque necesito a veces mirar la tragedia como si yo fuese otro”, señala.

El también autor de Los terneros, Una larga fila de hombres y Las rayas asegura que “hablando con otros migrantes que se fueron del país años antes que yo, me han dicho que es un dilema que nunca se resuelve”.

Blanco Calderón reconoce que Juan Carlos Méndez Guédez, un venezolano radicado en España desde 1996, es uno de los escritores que más han tratado el tema de Venezuela.

“Es uno de los que ha narrado mejor esta experiencia nueva de los migrantes; durante todo el periodo democrático fuimos receptores de emigrantes, pero es un país que expulsa a sus ciudadanos; ya hay una literatura que está dando cuenta de eso, habría que ver cómo se va traducir literariamente este proceso no de migración sino de éxodo masivo, todavía es muy temprano”, afirma.

Sin duda, dice, se trata de una conmoción porque los venezolanos han perdido todas las certezas, “tanto para los que nos fuimos como para los que todavía están en Venezuela, porque el país ha cambiado radicalmente”.

Rodrigo Blanco Calderón vivió hasta 2015 en Venezuela; tenía 33 años cuando dejó el país junto con su esposa, radicaron tres años en París y ahora se han trasladado a Málaga, donde tramitan su residencia.

“He descubierto que lo que he hecho en lugar de desligarme de mi país es tensar con la distancia la cuerda que me mantiene atado a él de una manera que la disfruto porque toda mi familia y la de mi esposa siguen viviendo allá; hablamos todos los días y de alguna manera es también una relación desgarradora porque es no estar en ningún lado, no terminar de arraigar donde uno está y saber que ya no puedes regresar por la situación actual y porque el país en el que uno creció ya no existe”, afirma.

Dice que a nivel creativo ha sido un proceso muy orgánico, no es algo que se haya tenido que plantear como decisiones sino simplemente se daban. “Estoy seguro que la experiencia en Málaga se va a drenar en lo que escribo, yo me veo a veces como un productor de cine que ve locaciones y donde yo voy tomo cosas”.

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