Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) reflexionaron sobre diferentes aspectos de la Noche Triste, como sus implicaciones, la cantidad de muertos que hubo el 30 de junio de 1520 y el surgimiento del mito del árbol donde habría llorado Hernán Cortés.

Eduardo Matos, Carlos Javier González, Salvador Rueda, Guilhem Olivier, Patricia Ledesma, directora del Museo del Templo Mayor, y Diego Prieto, director del INAH, participaron en el encuentro virtual “A 500 años de la Noche Triste. Crónica de una victoria mexica”.

La Noche Triste que inició el 30 de junio y finalizó durante las primeras horas del 1 de julio de 1520, fue cuando los mexicas ganaron la batalla frente al ejército conformado por españoles y sus aliados tlaxcaltecas.

Los españoles estaban sitiados en el Palacio de Axayácatl, situado donde actualmente se encuentra el edificio del Nacional Monte de Piedad, en el Centro Histórico. Después de que en ausencia de Hernán Cortés, Pedro de Alvarado encabezó la matanza de Tóxcatl.

El arqueólogo Eduardo Matos dijo que el encuentro tuvo importantes implicaciones, porque se pudo ver cómo el ejército español también estaba acompañado de diversos grupos indígenas.

“Esto que fue un triunfo mexica, también va a servir al bando español para lograr la conquista de las dos ciudades de Tenochtitlan y Tlatelolco”, indicó Matos.

Guilhem Olivier, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, profundizó en la conformación del ejército español y destacó la presencia de Blas Botello, un astrólogo o adivino que predijo la victoria de Cortés sobre Narváez, por lo que era una persona de confianza y sobre todo, credibilidad.

“Botello habría dicho que era necesaria la salida de Tenochtitlan o todos iban a perecer”, explicó Olivier quien también dijo que la situación psicológica del ejército español habría incidido para iniciar la huida el 30 de julio.

El factor psicológico, dijo Olivier, fue documentado en la crónica de Jerónimo de Aguilar, quien narró que soldados españoles gritaban por haber visto “apariciones espantosas”, es decir, cabezas o algunas partes de cuerpos humanos.

Salvador Rueda, director del Museo Nacional de Historia, señaló que el además de los españoles, también los tlaxcaltecas estaban espantados: “En estos casos, el peso de la mentalidad es muy fuerte”.

En la Noche Triste, los españoles huyeron hacia Tlacopan; sin embargo, fueron interceptados a la altura de donde hoy está la iglesia de San Hipólito, pero tras pasar la debacle, pudieron llegar a Popotla.

Para ese momento, de acuerdo con Bernal Díaz del Castillo en "Historia verdadera de la conquista de Nueva España", a Cortés se “le saltaron las lágrimas, es decir, no habría llorado solo”, señaló Carlos Javier González.

“Se le llama Noche Triste porque en general todos los crónicas mencionan la tristeza que causó la muerte de tanta gente. Sin embargo, ninguno de los cronistas menciona al árbol (que actualmente está en la Calzada México-Tacuba), mencionan que se sienta en una piedra, en un basamento. Por qué se piensa en el árbol, la mención más firme del árbol es de 1871 cuando lo están cercando, es decir, cuando se le reconocía como el lugar donde había llorado Cortés. Es una leyenda popular, cuándo surge no lo podemos saber”, sostuvo González.

Carlos Javier González investigó el origen de la leyenda del árbol y pudo constatar que en ninguna fuente se hace referencia al árbol, aunque reconoce que Cortés sí habría llorado.

“El 30 de junio no es ninguna noche alegre, mueren 3 mil tlaxcaltecas, no hay nada de alegre en eso. En qué momento surge la leyenda, posiblemente sí sea una leyenda local aunque también hay referencias extrañas de pintores españoles que jamás pusieron un pie en México. Falta hablar con la gente de Popotla, posiblemente sea una leyenda local”, dijo González.

El argumento sobre la ausencia de referencias sobre el árbol donde habría llorado Hernán Cortés fue apoyado por el arqueólogo Eduardo Matos: “Coincido en que es una leyenda y se debe conservar como tal, como una leyenda”.

Con respecto a la cantidad de muertos que hubo la noche del 30 de julio, los investigadores coincidieron en que las fuentes históricas señalan diferentes cantidades.

Guilhem Olivier indicó que la falta de una cifra exacta se debe a la situación de aquel momento: “hay que tomar en cuenta que la estadística de la época no es muy precisa y que son cifras que no podemos tomarlas al pie de la letra”.

fjb

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